Facetas


[Video] Pabla Flores, una escuela de bullerengue pa’l mundo

La sobreviviente de una legión de cantadoras de Marialabaja ahora hace rondas infantiles y enseña su folclor a otras latitudes. La fascinante historia de ‘Payi’.

CRISTIAN AGÁMEZ PÁJARO

29 de noviembre de 2020 12:00 AM

Cenelia Pérez Hernández cantaba bullerengue en un pueblo llamado El Florido. Su canto traspasaba las fronteras de ese pequeño caserío, en Bolívar. Aquella mujer del campo era conocida por su voz. Y, aunque haya muerto hace muchos años, sus tonos ciertamente parecen inmortales.

Su nieta, Eulalia González, ‘La Yaya’, nació en el mismo lugar y, cuando tenía 12 años, comenzó a aprender el hábito de cantar. O más bien se despertaron en ella, como un eco inquebrantable, los tonos de su abuela.

La pequeña Eulalia empezó haciendo los coros a su amada Cenelia. Luego, cuando su abuela dejó el mundo de los vivos, ocupó su lugar como cantante y heredera de una dinastía ancestral.

[Video] Pabla Flores, una escuela de bullerengue pa’l mundo

Pabla Flores, en el patio de su casa en Marialabaja.

Cantaba en el campo sembrando yuca, ñame, plátano y arroz; cantaba en la casa mientras cuidaba a sus nueve hijos. Ese bullerengue le salía del alma. Era su abuela que habitaba en ella. Como una maciza cadena, el canto las unía aún más allá de la muerte.

“Cuando voy creciendo, también voy escuchando ese canto porque mi mamá, ‘La Yaya’, se convirtió en cantadora. Mi mamá se trasladó de El Florido a Marialabaja, y ahí ya la visitaban los tamboreros, hacían parrandas de bullerengue”. La palabras son de Pabla Flores González, hija de ‘La Yaya’ y bisnieta de Cenelia.

“En cualquier rato yo la escuchaba cantar. Hoy reconozco que mi mamá estaba buscando esa tonada del bullerengue. Ahí comencé yo, pero después me dediqué a lo que era el campo, sembrando el arroz, la yuca, el maíz, lo económico era algo muy fundamental para nosotros”, narra Pabla.

“Mi mamá quería que yo cantara bullerengue porque ella me escuchaba cantar rancheras y vallenatos para dormir a mi sobrinito en la hamaca y sabía que tenía buena voz. Se estaba dando cuenta de que todas sus compañeras cantadoras se iban muriendo y le entró la preocupación. Decía: ahora que yo me muera, ¿quién va cantar bullerengue?”, relata.

Una herencia viva

La insistencia de su madre tendría frutos. “Yo decía: tengo que aprender a cantar bien el bullerengue, para que mi mamá, cuando ella no pueda, puedo yo. Y así me puse en la tarea, algo me turbaba en la cabeza cuando ella me hablaba de tonada, mi mamá no sabía decirme que tonada era esa melodía de la canción que primero uno busca y ya después le va colocando los versos que uno quiera”, dice y añade: “Ya, después, estaba en el baño y de repente, se me metió como una melodía en la cabeza y empezaba a hacer como una alabanza, empezaba a adorar a Dios, y veía que tenía rima, entonces dije: bueno, yo voy a probar esto con una tonada de bullerengue de la tradición de mi mamá. Eso fue un 31 de diciembre, me fui para donde mi mamá y le dije: bueno, mami, le tengo una sorpresa y canté, me dijo: viste, mija, que tú sí puedes, sí puedes, Payi”.

“Le canté una canción que dice así: Yo quiero ir, mamá// Ya voy, que me estoy peinando// que tengo el cabello duro y me lo estoy desenredando// yo quiero ir, mamá// ay, qué madre tan bonita, ve// es bonita entre las madres, entre las madres ella es hermosa, porque ha sido buena madre y también es buena esposa, ve”.

Para entonces ‘Payi’ tenía 52 años y poco a poco se integró al círculo de bullerengue de Marialabaja, su voz empezó a sonar. Así como Cenelia Pérez le heredó su canto a su nieta Eulalia González, ‘La Yaya’, ella a su vez lo heredaría a su hija Pabla Flores.

“En este tema de cantadoras, como tal, se conservan unas líneas ancestrales tradicionales. Pabla Flores es la única cantadora que nos queda de bullerengue en Marialabaja. Tenemos que reconocer que hay intérpretes y personas que vienen incursionando en poder cantar, pero como Pabla Flores no hay en el municipio. Ella ha permitido poder aprender más del bullerengue”, describe Elquin Retamozo, gestor cultural. Han sido trece años desde que Pabla comenzó a cantar y componer canciones.

“Al principio venía mucha gente a investigar, para ser sincera, esta cultura ha sido saqueada. Las menos beneficiadas somos nosotras, las cantadoras, porque la gente quiere sacarle provecho a las cosas a espaldas de uno. Una argentina vino y vivió aquí en la casa, para extraer lo que yo pudiera enseñarle. Ahora tiene un grupo, dicta talleres, tiene su vida solvente con el bullerengue y nunca ha tenido un detalle de agradecimiento de lo que se llevó de mí”, explica Pabla, a sus 65 años. (Le puede interesar: Marialabaja triunfa en el Festival Nacional de Bullerengue)

El triunfo de un pueblo

En el patio, cercado por cardón verde, los niños corretean pollos en el piso de barro seco, un bonche carmesí florece con esplendor de un lado, del otro brota agua pura de la tierra con una bomba de pistón.

Al lado está la casa de barro de Pabla, en El Silencio, el barrio de Marialabaja donde vive y donde nos recibe esta mañana de lunes.

“Todos mis jóvenes están preparándose en la universidad, algunos ya terminaron el bachillerato y están buscando una carrera. Eso para mí es grande porque yo no tuve esa oportunidad pero me gozo que esos muchachos hoy lo estén haciendo”, exclama.

[Video] Pabla Flores, una escuela de bullerengue pa’l mundo

Pabla Flores es cantadora de bullerengue de Marialabaja.

Habla de su grupo de bullerengue ‘Pal lereo Pabla’, que lidera desde el año 2014, con el apoyo de la Corporación Buen Vivir, y que en 2020, en plena pandemia, se consagró como el vencedor en el Festival Nacional de Bulleregue de Necoclí (Antioquia). El talento les alcanzó para llevarse el premio a Mejor grupo, a Mejor bailadora y a Mejor cantadora: Pabla, ‘La Payi’ Flores. “Hemos representado muy bien a Marialabaja y a todo el departamento”, señala y ríe bajo los destellos de un sol resplandeciente que atraviesa el follaje de aquel bonche y se posan sobre su rostro.

¿Por qué el bullerengue de Marialabaja es diferente?

- Lo hace diferente el lereo. El lereo es el sentir, es un adorno que se le hace al canto de bullerengue. Es algo que sale de adentro, ese sentir hace que se exprese ese sentimiento.

Una escuela para
el mundo

“El bullerengue hoy en día tiene que convertirse en educación. Es lo que estamos haciendo, pensar en algo pedagógico para los niños, que esta ancestralidad continúe”, comenta Pabla. Habla sobre la idea que materializó a principios de 2020: una escuela de bullerengue. Ha sido todo una sorpresa musical. En principio serían solo los niños del municipio sus alumnos, pero con el confinamiento debieron llevar la idea a la virtualidad y esa virtualidad trajo a la vez interesados de otros países que ahora aprenden del folclor de Marialabaja. También se le ocurrió convertir las rondas infantiles en canciones de bullerengue porque “los niños de ahora pasan en el televisor, en el celular y en los computadores. ¡Mira eso!, cuando mi mamá era feliz dándonos un grito en la calle: ¡Payi!, venga acá, vaya a comprarme la sal, ombe. Uno pasaba jugando en la calle, de ahí ese lazo de amistad iba creciendo, nos íbamos formando con el respeto (...) Va a quedar para la historia que Pabla Flores fue la primera cantadora de bullerengue que formó una escuela de bullerengue”.

Y canta de nuevo: “Ay, gracias le doy a Dios, por la familia que me dio// Gracias le doy a Dios// Ay, gracias le doy Jehová// por darme papá y mamá”. “Ese es mi diario vivir, me levanto y me acuesto dándole gracias a Dios porque todo lo que nosotros tenemos es gracias a Él”, señala. (Lea aquí: “Este es un premio para Marialabaja”: Pabla Flores)

Epílogo

Hay quienes heredan inmensas fortunas y quienes heredan la inmensa fortuna de una voz ancestral. Elías Vanegas y Alexis Vanegas son los dos hijos que Pabla tuvo a los 17 y 19 años. Ellos le dieron nietos, como Pabla Catalina Vanegas Delgado, quien ahora tiene 20 años. Quizá sea la nueva heredera de Cenelia, de Eulalia, de Pabla y de todos sus ancestros. Tiene una voz melodiosa para cantar bullerengue.

“Ella canta, lo sabe hacer, pero es muy tímida, me tiene a mí para que le enseñe, yo le digo: tú eres la que va a agarrar ahora el bate, cuando yo me vaya, a ti es a la que te van a venir a entrevistar”.

  NOTICIAS RECOMENDADAS