Facetas


Wade Davis, salvado por la selva

Wade Davis (1953), antropólogo y explorador canadiense nacionalizado en Colombia, es el autor del ‘El río’, el mejor libro sobre la Amazonía colombiana.

GUSTAVO TATIS GUERRA

02 de febrero de 2020 12:00 AM

Wade Davis no fue el mismo después de entrar y salir de la selva en la Amazonía colombiana. Aún abrumado por “la luminosa sabiduría y la pacífica organización social como ejemplo de vida ecológica” de los indígenas asentados cerca al río Vaupés, sintió al partir la incesante brillantez del río que latía como un corazón de agua en la espesura y las sílabas del tiempo en la aldea de Barasana susurraban milagros en su espíritu de explorador británico.

Su pasión por Colombia empezó a sus 14 años, cuando sus padres, Edmund y Gwendolyn, lo trajeron por primera vez en un viaje que sembró para siempre un amor por la vida en estas latitudes.

No solo dejó de ser canadiense, sino que desde ese instante empezó a ser un amazónico errante por el mundo.

Nacido el 14 de diciembre de 1953 en West Vancouver, en la provincia canadiense de Columbia Británica, Wade completó la hazaña iniciada por su maestro Richard Evans Schultes, quien durante trece años, desde 1936, se sumergió a descifrar no solo la selva amazónica sino su vegetación y la cultura de sus habitantes.

El maestro Richard Evans Schultes, director del Museo Botánico de Harvard, no se limitó a estudiar la selva colombiana, sino a las tribus de los cinco países recorridos y liberados por el general Bolívar, incluyendo a Brasil.

Treinta años de esa hazaña, en la década del setenta del siglo XX, el maestro, que era la gran autoridad sobre las plantas amazónicas y las plantas alucinógenas, eligió a dos de sus mejores alumnos para regresar a la selva y estudiar la controvertida y sagrada planta de los Incas, la coca, que ellos llamaban ‘la hoja divina de la inmortalidad’. La tarea era saber por qué ellos creían que era divina y por qué le atribuían el mismo poder que los Occidentales le habían atribuido a la piedra filosofal.

Al profesor R. Evans Schultes no le alcanzaron siete décadas para terminar de descifrar ese universo tan complejo. Escribió diez libros, 496 informes científicos y recogió cerca de 30 mil colecciones botánicas conformadas por cerca se 250 mil especímenes que repartió en herbarios en el mundo, precisa su alumno. Describió el uso medicinal de más de dos mil plantas desconocidas por la ciencia y 120 especies de ellas llevan su nombre, al igual que una montaña, una reserva forestal de 900 mil hectáreas y una especie de cucaracha.

Cuenta Wade que su profesor fue uno de los primeros en criticar a las compañías farmacéuticas por abandonar la investigación de productos naturales, y lo hizo en 1960.

Fue el primero en defender el derecho de las comunidades indígenas de usar sus plantas medicinales, preservar sus creencias sagradas ancestrales y proteger la tierra de las amenazas de ser extinguidos como naturaleza y como cultura. En una palabra, velar por la suerte y destino de miles de kilómetros cuadrados de selva, un área dos veces mayor que Inglaterra, explica Wade.

Los dos estudiantes elegidos por Schultes para regresar a la selva eran Timothy C. Plowman (1944), biólogo y botánico estadounidense, y Wade Davis (1953), canadiense.

Los dos estuvieron quince meses en la selva entre 1974 y 1975. Timothy, al que Wade llama Tim, no alcanzó a ver los frutos de esa exploración porque el 7 de enero de 1989 murió de sida. Dos años después, murió el maestro en Boston, fue el 10 de abril de 2001. Wade quedó solo en la misión de rendir homenaje a su maestro y a su amigo.

Así surgió la escritura de su monumental libro ‘El río. Exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica’, de 640 páginas, cuya primera edición en español fue publicada en 2001 por el Banco de la República y el Áncora Editores, y la segunda y tercera edición en 2004 y 2009 por el Fondo de Cultura Económica y Áncora Editores.

En catorce capítulos que parecen un río que fluye con historias fascinantes sobre el viaje a la selva, Wade revela una capacidad narrativa y poética para llevarnos a la esencia estremecedora de sus propias vivencias. Estos son los nombres de los capítulos: ‘La despedida de Juan’, ‘Las montañas del hermano mayor’, ‘El camino del peyote, 1936’; ‘La carne de los dioses 1939-1939’; ‘El hotel Rojo’, ‘El néctar del jaguar’, ‘El cielo es verde y la selva, azul, 1941-1942’; ‘Las tristes llanuras amazónicas’; ‘Entre los waoranis’; ‘La sangre blanca de la selva, 1943’; ‘El sueño traicionado, 1944-1954’; ‘La orquídea azul, 1947-1948’; ‘La hoja sagrada de la inmortalidad’ y ‘El río’.

En la escritura de este libro se reconstruyen los años de exploración e investigación su profesor a través de diarios, fotos, recuerdos y testimonios. Vino a recorrer los mismos lugares y en muchos de ellos encontró los descendientes de los que su profesor había conocido.

En el prólogo a la tercera edición, la de 2009, Wade compartió el deseo aún irrealizado de que todos los colombianos pudieran sumergirse en las vertientes de la Serranía de la Macarena y en el corazón de la selva sin ningún cerco ni obstáculo social ni político, como lo hizo él con su amigo Tim, y como años atrás lo hiciera su maestro.

La primera vez

El nombre del profesor Richard Evans Schultes lo escuché por primera vez de labios del presidente Belisario Betancur, quien lo condecoró con la Cruz de Boyacá. La vida da sorpresas.

Fue el mismo Belisario quien me habló de Wade Davis y en su apartamento me regaló la primera edición de ‘El río’, del que habló con una euforia que bordeaba el delirio poético.

Desde entonces he leído con devoción en estos últimos años con perplejidad científica y devoción narrativa la historia contada por Wade y he buscado con pasión los libros del profesor Richard Evans Schultes. Con prudencia y en silencio, he asistido a algunas conferencias de Wade Davis, intentando descifrar el mundo iniciado por su maestro. Ahora Wade Davis es uno de los invitados a Hay Festival Cartagena 2020.

Creo que con ‘El río’ he tenido una perplejidad similar a ‘La rama dorada’, del antropólogo escocés James George Frazer (1854–1941). Los dos libros monumentales son de inevitable lectura por los científicos del mundo que desean comprender las culturas ancestrales.

La lección de Wade

Wade ha escrito nueve libros. Es un guardián de la selva y a través de su voz y su investigación de toda la vida, defiende los saberes ancestrales de las comunidades indígenas y sus lenguas amenazadas como ellos mismos por la codicia del territorio sagrado para la explotación de la minería. En 1975 regresó a la selva para su doctorado en la Universidad de Harvard. Como explorador residente de National Geographic realizó en 2009 un documental sobre el Amazonas, su libro y su experiencia han inspirado misiones y películas como el filme ‘Apaporis’, de Antonio Dorado, ‘La serpiente y el arco iris’.

Wade tardó seis años escribiendo el libro, y lo inició con una serie de entrevistas de treinta horas a su profesor revisando sus cuadernos de notas, sus diarios y sus fotografías. Todo lo devolvía al río, la selva, los rituales, el olor de las flores, las danzas antiguas y al alma de los indígenas. Su libro fluye como un río en que Tim y Wade navegan tras los pasos de su maestro, hasta reencontrarse con la luz perdida de los ancestros en los pétalos secretos del bosque y en el alfabeto susurrado de la tribu.