Del 6 de abril al 8 de junio pasado, 12.900 personas que migraron del vecino país para radicarse en Cartagena fueron incluidas en el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos (RAMV), censo realizado en todas las ciudades del país por orden del Gobierno nacional.
El objetivo de este registro es ampliar la información sobre los migrantes venezolanos, para formular y diseñar una política integral de atención humanitaria que permita ofrecerles los servicios requeridos.
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No obstante, varios, o muchos, se habrían quedado por fuera del censo. Uno de ellos es Luis Manuel Blanco Rivas, un caraqueño de 29 años que ni siquiera se enteró de ese proceso.
“En Colombia voy a cumplir tres años. En Cartagena tengo como dos meses, antes estaba en Barranquilla y Santa Marta. Vine a buscar un mejor futuro y el apoyo de los colombianos porque la situación en Venezuela está súper difícil. He encontrado muy poco apoyo, pero uno es quien tiene que salir adelante.
“Últimamente me he dedicado al rebusque en la calle, vendiendo confites, galletas, cualquier cosa. Y estoy todos los días echándole pichón, como decimos en Venezuela. Es decir, esforzándome, echándole ganas. Con los dulces me gano 12 mil pesos o 15 mil pesos diarios. Eso me alcanza apenas para comer”.
Luis Manuel, quien por no tener para pagar el alquiler de una casa duerme en los pasillos de un edificio en el barrio Los Ángeles, donde ha visto dormir hasta a cinco niños venezolanos con sus madres, aseguró que “antes andaba por las murallas. A veces me siento inseguro porque no es lo mismo dormir en un hogar que en la calle, pero bajo este edificio tengo un techo y no me mojo cuando llueve. Está en arriendo, pero en los días que tengo viviendo aquí no ha aparecido nadie a abrir o a echarnos”.
Recordó quién era antes de ser habitante de las calles de Cartagena. “Era instructor de baloncesto de personas de todas las edades, en especial menores de edad. Jugué semiprofesionales en el extranjero un tiempo, y ahora estoy por acá viviendo esta situación, pero me toca como digo, echarle pichón, seguir adelante”.
El venezolano añadió que su trabajo desmejoró porque “la gente ya no iba a las prácticas, los entrenamientos. Como no hay alimentación nadie quiere practicar sin nada qué comer. Yo tengo un primo que estudiaba periodismo, y dejó la universidad porque decía que en las mañanas se comía un pan y con eso tenía que pasar todo el día en la universidad; no se puede progresar de esa manera”.
Qué sería de ayuda
El antiguo basquetbolista dijo que de poder recibir una ayuda, la más requerida es la alimentación. “Sé que para Cartagena no es fácil ayudar porque hay muchos venezolanos acá, pero una de las formas como podrían ayudarnos es con lugares de alimentación. Para nosotros a veces es una gran problemática. A veces, cuando no me va muy bien con los confites, me como una sola comida. De igual modo cualquier ayuda que nos quieran dar es válida, la recibo con mucho gusto”.
Tampoco se censóJhonatan, quien desde hace más de un año trabaja limpiando vidrios en el semáforo junto al CAI de Ceballos, es otro de los venezolanos que sobrevive en Cartagena y no aparece en el censo.
“No me censé porque estoy trabajando y si uno deja de trabajar un día pierde, tiene que estar trabajando para no pasar necesidades”, afirmó el hombre, oriundo de Maracaibo.
Dijo que limpia vidrios, “mientras tanto, porque aquí es bravo conseguir trabajo formal. Llevo casi dos años viviendo en Cartagena y antes estuve como cinco meses vendiendo medias y zapatos, pero eso no me dio y una vez me atracaron por ahí, quedé sin plata y desde entonces me puse a limpiar vidrios.
“Somos seis o siete limpiavidrios. Tres o cuatro en la mañana y tres o cuatro en la tarde. Todos somos venezolanos, nos reunimos y acordamos turnos para no estar todos al tiempo porque si estamos juntos no hacemos casi plata. En un turno recogemos 25 mil pesos, 18 mil pesos, depende de cómo nos colabore la gente. Con lo que recojo compro comida y reúno para el arriendo”.
Precisó que reside en una casa en el barrio Emmanuel, donde paga 450 mil pesos mensuales para arriendo y servicios.
“Vivimos mi esposa, un sobrino y su esposa, mis dos bebés (tres y un año) y yo. Mi esposa está embarazada, vamos a tener una tercera bebé”.
Jhonatan recordó que en Venezuela era comerciante. Tenía un puesto de venta de ropa, en el Centro. “Toda mi vida trabajé en eso porque mi mamá y papá trabajaron en eso. Decidí venir a Colombia porque allá se puso complicado, se fue todo abajo, se vendió todo eso. No se consiguen medicinas ni comidas, es una locura”.
RAMV y PEP, cerrados
En entrevista con El Universal, Felipe Muñoz, gerente de Frontera con Venezuela de la Presidencia de la República, reiteró que en Cartagena, 12.900 venezolanos se censaron en el RAMV, ubicando a la ciudad como la novena del país con más migrantes. Resaltó cuáles serán los beneficios de estar en el mencionado registro. “En unos 15 días, el Gobierno nacional va a expedir un decreto de regularización temporal migratoria. Los vamos a dejar en la regularidad, donde se va a establecer un tiempo de permanencia en el país, van a tener la posibilidad de tener un trabajo formal, afiliarse al sistema de salud y tener un cupo de educación”.
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Muñoz aseguró que tanto el RAMV como el PEP (Permiso Especial de Permanencia) están cerrados. “Ya no hay plazo ni para permiso especial de permanencia ni para registro. El censo se hizo durante dos meses, con toda la generosidad, pero se venció el plazo. El Gobierno tiene que tomar decisiones, tener un diagnóstico para empezar programas”.
Advirtió que en la ciudad ya hay 5.262 venezolanos regularizados con el PEP, e invitó a la Alcaldía a emprender acciones. “Es importante empezar a hacer tareas: llamado a la Registraduría para que agilice el proceso de identidad de los retornados. A la cooperación internacional, agencias de naciones unidas, iglesias, ONG, que estén en un proceso de ayudar para que focalicen acciones; rutas de acción para niños, niñas y adolescentes; y fortalecer al Grupo Especial Migratorio (GEM), compuesto por Migración Colombia, DIAN, Policía Nacional e ICBF, para organizar el tema en calle”.



