Antes de ser absorbida por la zona portuaria e industrial aledaña y convertirse en extensos predios para parqueo de tractomulas, la urbanización Don Juan se componía de numerosas viviendas y familias cartageneras que tenían allí una buena calidad de vida.
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Pero hoy el panorama es completamente distinto al de hace un par de años, pues el lugar se ha convertido en un enorme botadero de basuras donde se impone el hampa, donde hay constantes inundaciones y donde la oscuridad reina en las noches.
En esas lamentables condiciones viven hoy las dos únicas familias contiguas a la calle Nápoles, en el sector Bajos de San Isidro de El Bosque.
“Para acá se vienen todos los carromuleros a botar escombros y basuras, nos tienen esto 100 por ciento contaminado. Cuando llueve toda la calle se inunda y se vuelve barro, no puede pasar ningún carro, ni moto, ni siquiera un burro. Y aparte la inseguridad es muy alarmante, los indigentes se han robado todos los cables del alumbrado público y nos tienen en completa oscuridad”, sostuvo Mayra Molinares, una de las pocas residentes que quedan en la otrora urbanización San Juan.

Basuras, ramas, escombros y más desechos son llevados a esta zona de El Bosque. //Foto: Julio Castaño
Las pocas personas que habitan el lugar temen ser víctimas de dengue debido a las constantes aguas estancadas, o sufrir alguna otra enfermedad derivada de la insalubridad.
La señora Concepción Donado, vecina de antaño, lamentó que la mayoría de residentes se haya mudado y quienes quedan estén obligados a convivir con tantos perjuicios porque ninguna autoridad les tiende la mano.
“Ese basurero es permanente, la empresa recolectora de aseo de aquí es Veolia pero no se asoma. Ya mi casa está casi tapada por la montaña de basuras. La Policía a veces viene y retira a los consumidores de droga y a los que vienen en carretas a tirar basuras, pero eso no es suficiente. Aquí se requiere una verdadera intervención del Distrito”, señaló Donado.
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Al lado de Nápoles está la calle rebautizada popularmente como Los Locos, llamada así porque en ella se aglomeran los habitantes de la calle quienes han construido varias casuchas en las que viven.
Enrique Urrego, vocero de la comunidad, expresó que el consumo de drogas en la zona es muy elevado y pidió ayuda a la Alcaldía.
“Ya ni los conductores de mulas se atreven a coger por aquí, tienen miedo, hay mucha indigencia e inseguridad. Tenemos ratas, mosquitos y muchos males. De noche las calles son cuevas de malandros, hemos llamado a las entidades pero nadie viene, estamos olvidados”, finalizó Urrego.

