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Cartagena

¿Cómo se construyó el Castillo de San Felipe de Barajas?, aquí unos hallazgos

Una investigación liderada por la Universidad de los Andes permite conocer los materiales utilizados en la construcción de esta fortificación.

¿Cómo se construyó el Castillo de San Felipe de Barajas?, aquí unos hallazgos

La construcción del Castillo de San Felipe de Barajas se ordenó por la Real Cédula el 20 de septiembre de 1647. //Foto: Archivo El Universal.

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Una fila de buses repletos de turistas y un montón de vendedores ambulantes que los observan deseosos es la escena que más se repite en la entrada al Castillo de San Felipe de Barajas, uno de los monumentos más emblemáticos de Cartagena de Indias. Esta fortaleza construida en 1657 durante la época colonial española, para defender a uno de los principales puertos-ciudad del Mar Caribe, es hoy un monumento imponente y lleno de historia. Lea: Más de 6 mil personas dijeron presente a la jornada gratis del Castillo San Felipe

Esta fortificación, situada sobre un cerro llamado San Lázaro, sufrió numerosos ataques por parte de ingleses y franceses, y de acuerdo con lo reseñado por historiadores fue tomada por el comandante fránces Barón de Pointis a mediados de 1697.

Ahora, el Castillo de San Felipe de Barajas fue objeto de estudio de un proyecto de investigación liderado por el Laboratorio de Estudio de Artes y Patrimonio (LEAP) de la Universidad de los Andes, en convenio con la Escuela Taller Cartagena de Indias (Etcar), que permitió caracterizar los materiales utilizados en las diferentes etapas de construcción de esta fortaleza, para comprender por qué después de tantos años y de las condiciones climáticas se conserva en buen estado, en comparación con otras fortificaciones que han sido intervenidas.

La investigación arrancó con una primera fase de análisis de muestras en los laboratorios de la Universidad de los Andes, a través de estudios petrográficos y análisis con técnicas especializadas de microscopía electrónica; mientras que la segunda fase se concentró en la curaduría para la exhibición de la exposición ‘Las fortificaciones de San Lázaro’, inaugurada el pasado 30 de noviembre.

La exposición presentó los resultados obtenidos del estudio de 28 muestras tomadas en la edificación y le permite a la ciudadanía entender cómo se construyó cada etapa y cuáles fueron los materiales usados en los morteros (mezcla entre cal viva, arena, agua, entre otros aditivos) del fuerte de San Lázaro.

La investigación arrancó con una primera fase de análisis de muestras en los laboratorios de la Universidad de los Andes, a través de estudios petrográficos y análisis con técnicas especializadas de microscopía electrónica.

Los hallazgos

El restaurador David Cohen, profesor de la Facultad de Artes y Humanidades de la Universidad de los Andes, es uno de los investigadores del proyecto, y explica que los hallazgos permiten comprender cómo se construyeron y cuáles fueron los materiales y elementos usados en los morteros de este bien cultural.

“Entender los cambios y el registro que nos deja la historia y poderlos contrastar con evidencias materiales es fundamental para entender las transformaciones de este lugar en el tiempo”, expuso Cohen durante la presentación de los resultados.

Y es que para una obra tan grande como el conjunto fortificado del Castillo de San Felipe fue necesario disponer de muchas materias primas como la piedra caliza. De acuerdo con los datos recopilados en esta investigación, la piedra caliza “era quemada en hornos durante varios días para transformarla en cal viva. También se quemaba la cal en conjunto con otros elementos como tierras arcillosas y cenizas para producir cales con propiedades especiales, llamadas hidráulicas, que brindan resistencia a los pañetes del Castillo”. Le puede interesar: Una muralla submarina mantiene a “flote” a Bocagrande

El estudio agrupó a expertos de diferentes disciplinas como la ingeniería, la geología y la química. “Logramos clasificar los morteros en varios tipos, pero hay una tipología que son los pañetes del siglo XVIII, no sabemos si de Juan de Herrera y Sotomayor o de Antonio de Arévalo. En este momento estamos haciendo análisis en otras edificaciones en Cartagena para poder comparar los resultados, pero lo que sí sabemos es que son pañetes que no son de cal sino de cemento hidráulico, una fórmula que ya utilizaban los romanos y es una fórmula además donde la materia prima, que es la cal, se quema con arcilla para darle unas propiedades hidráulicas... ¿Eso qué quiere decir? que funciona mucho más similar a un cemento Portland moderno que a un pañete de cal”.

Y añade: “estos pañetes además se hacen en caliente, es decir, son morteros hechos con cal viva no con cal apagada y esto explica la dureza y las propiedades que tienen”.

En la exploración también se hace claridad que durante el siglo XIX la ciudad entró en una grave crisis económica que produjo un abandono del Castillo, fue entonces que en 1928 la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena (SMPC) arranca el proyecto de recuperación de 35 años de esta fortificación. Lea: La entidad que evitó que las murallas fueran destruidas cumple 100 años

“Carlos Crismatt fue el arquitecto a cargo de la restauración del Castillo entre 1928 y 1963. Utilizó pañetes de cemento a los que adicionó una porción de cal, lo que los hace compactos y duros. Estos morteros se parecen un poco a los que hizo Arévalo en 1762 aunque en el siglo XVIII no existía el Cemento Portland”, revela la investigación.

Relevancia

La caracterización de los morteros del Castillo de San Felipe de Barajas revelan datos fundamentales para entender su formidable conservación a través de los años, razón por la que la tercera fase de esta investigación se centra en la transmisión de conocimientos y saberes a los aprendices de la Escuela Taller, entidad encargada de la restauración y mantenimiento de las fortificaciones en Cartagena.

“Los hallazgos proporcionarán las herramientas necesarias para asegurar la correcta conservación y preservación de este y otros monumentos que hacen parte el patrimonio histórico nacional”, indicó la Universidad de los Andes.

La investigación revela también que durante la construcción del Castillo fueron necesarios conocimientos en el manejo de los materiales que se transmitieron de generación en generación. “Muchas personas trabajaron en la construcción y ampliación del complejo fortificado de San Felipe como artesanos, albañiles y maestros alarifes. En 1793 Antonio de Arévalo envía una relación de gastos a la Corona en la que describe el personal que estaba trabajando para ese momento en Cartagena de Indias”, se expone entre los hallazgos.

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