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Cultural

Niurka Rignack, la cubana que custodia el arte en Cartagena de Indias

El trabajo de un curador o comisario es esencial para que la obra del creador sea contemplada por el público. Aquí una mirada a esta profesión.

Niurka Rignack, la cubana que custodia el arte en Cartagena de Indias
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En una ciudad donde el arte reviste su historia y te da la oportunidad de estar ante obras capaces de robarte el aliento, nos tomamos el trabajo de contestar una pregunta que revolotea en la mente de muchos: ¿Qué es un curador de arte?

Respondemos esta inquietud a través de la historia de Niurka Natividad Rignack Asencio, una cubana de la Isla de la Juventud, que creció sumergida en el mundo de las artes, tan noble, hipnotizante y extraordinario que sí o sí terminaría trabajando para él, porque como ella misma asegura: “Estando en la isla, el arte lo es todo”. Lea aquí: Artistas premiados para el Muelle de La Bodeguita

Ser bailarina fue un sueño que se transformó. De la música vive su hermana, no había espacio para dos. A la literatura está ligada, pero el ser escritora lo descartó. Se probó en todas las ramas del arte, pero le costaba tener que definirse.

“No soy capaz de materializar una idea para convertirla en arte”, se dijo y emprendió un nuevo camino. Niurka sabía que su propósito no se podía categorizar, sino que comprendió el arte como una galaxia que necesita de personas que se encarguen de crear a través de la organización, la presentación, el diálogo, los negocios y las exhibiciones. El ser una mediadora entre la creación (arte), el creador (artista) y el público. Ser curadora es hacer arte con diversas herramientas, entre ellas el poder de la palabra.

Estudió Historia del arte en la Universidad de La Habana, donde aprendió cómo dialogan las obras y el impacto que genera en las sociedades, pues estas son un reflejo de la humanidad, los procesos en los que migran las ideas que se transforman y se materializan. Descubrió una labor digna: ser curadora, o como dicen los españoles, comisaría de arte. Lea aquí: Adolfo Pacheco: música viviente, a un año de su muerte

El saber lo perfeccionó estudiando Escenografía en la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de Los Baños (Cuba), donde entendió la observación como una vía para involucrarse con varias disciplinas y hacer conexiones de saberes.

El curador o comisario ayuda a gestionar, hacer realidad las ideas expositivas del artista y su obra desde la concepción del proyecto. Custodia, acompaña al creador con su creación y convence a los museos, galerías u otros espacios para que el arte sea expuesta. El curador es un maestro de orquesta que entiende la necesidad del artista en comunicar su visión, así que organizar un espacio en que las obras hablan sin palabras desde el montaje, presentación, embalaje y atrae al público, con diversas estrategias, para que desde la admiración comprenda las diferentes percepciones y genere debate sobre las realidades plasmadas. “Un curador va más allá del día de la inauguración de la exposición”, concluye Rignack.

Muchos se sorprenden cuando descubren que el curador no cura, ni restaura ni preservar obras, aunque algunos lo hagan. Son muchos los que dedican su vida a las artes, un trabajo que el público desconoce porque las obras se encargan de silenciar las mentes bulliciosas, calmar las abatidas almas y transportar al ser humano a otra dimensión. Lea aquí: Catalina Gómez Ángel: con esperanza narra el Oriente Medio

Su amor por este mundo comenzó de pequeña cuando se escondía en las bibliotecas, o se quedaba en absoluto silencio para escuchar conversaciones y tertulias de artistas, escritores y músicos, un aprendizaje desde la experiencia de los maestros. Una curiosidad que le abrió las puertas de la Galería Orígenes del Gran Teatro de la Habana, donde trabajó por primera vez como curadora, y qué tiempo después, la trajo a Cartagena de Indias, hace 30 años, en 1994, con la exposición: ‘Doce cuentos peregrinos, doce pintores cubanos’, un viaje literario a través del arte.

Una exposición inspirada en los cuentos de Gabriel García Márquez, dado que no concibe la pintura sin la literatura, así que junto a los artistas cubanos, todos de distintas generaciones y estilos, se sumergieron desde el asombro al ingenio de la escritura del Nobel de Literatura. Lea aquí: Pablo Muñoz, el español que habla de racismo en el baloncesto

Desde su llegada al Corralito de Piedra, ha trabajado como curadora independiente, dándole voz y visibilidad a artistas emergentes, en especial, a los cartageneros y cubanos. Trata de descubrir y entender cómo se dan los procesos que nacen de la inspiración y que migran a las ideas y luego se convierten en obras de artes.

“He sido una mujer afortunada de haber compartido espacios y conversaciones con artistas de diferentes rincones del mundo, y permanentemente estudiar la historia del arte, de las culturas y sus relaciones interdisciplinarias”.

Su gran pasión es trabajar proyectos curatoriales que incluyen diálogos encontrados, entre la literatura y las artes. Las palabras y las imágenes, y vive con intensidad cada puesta en escena, por lo que trabaja en la creación de espacios disruptivos, movilizándolos a la periferia, más cercanos al público. Educar es interesarse. Lea aquí: Gabo y Rubén Blades engañaron al mundo por mero aburrimiento

“Sueño con hacer exposiciones en fábricas, al interior de las empresas, crear escenarios que propicien la interacción y que involucren a todos, que sientan que se le habla desde sus propias vivencias. Exponer su cotidianidad desde la experiencia artística”, dice y establece que se deben involucrar lenguajes comunes para el entendimiento y comprensión de todos.

Niurka Rignack entre las obras de los artistas cubanos, Rene Portocarrero y Cundo Bermúdez.  // Foto: Niurka Rignack.
Niurka Rignack entre las obras de los artistas cubanos, Rene Portocarrero y Cundo Bermúdez. // Foto: Niurka Rignack.

Su amigo Leonardo Padura en el libro ‘Agua por todas partes’ establece que: “no soy otra cosa que un escritor cubano y necesito a Cuba para escribir. Así de sencillo”. Ella cambia algunas palabras y concluye que no es otra cosa que una cartagenera/cubana que necesita de Cartagena y a Cuba para vivir el arte y compartirlo con los demás.

Las añoranzas son, para todo el que ha salido de su hogar, un sentimiento de nostalgia con el que se aprende a vivir. Así que cuando siente la necesidad de reencontrarse con sus raíces, con su vieja Habana, se sienta entre los cuadros de Cundo Bermúdez y René Portocarrero que yacen en el Museo de Arte Moderno. Lea aquí: Catherine cumplió el sueño de trabajar con su artista

A veces no siente la diferencia, porque el arte de los cubanos y los cartageneros se funde en los colores del Caribe, en su musicalidad, la esperanza y en la forma de ver la vida.

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