El documental ‘Llamarse Olimpia’ (2025), de la joven cineasta mexicana Indira Cato (Ensenada, Baja California, 1991), obtuvo el Primer Premio en la categoría Afirmando los Derechos de las Mujeres 2026 en la 29ª edición del Festival de Cine de Málaga (España). La misma obra también fue reconocida como Mejor Película Mexicana en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.
El filme retrata la historia de Olimpia Coral Melo, originaria de Huauchinango (Puebla, México), cuya vida fue vulnerada cuando un video íntimo suyo fue difundido en redes sociales sin su consentimiento. El impacto emocional de esa exposición pública se transformó en una lucha por la dignidad, el respeto y la justicia.
La protagonista de este atropello enfrentó con determinación la defensa de sus derechos, batalla que derivó en la aprobación en México de una ley que castiga la violencia sexual digital. Lo que comenzó como un drama personal terminó convirtiéndose en una causa jurídica en defensa de miles de mujeres. La llamada Ley Olimpia, aprobada en 2018, ha tenido impacto en varios países de América Latina y también en Estados Unidos, como lo ha señalado la revista Proceso.
El documental de Cato revela el drama emocional de Olimpia -la culpa, la vergüenza y la depresión-, pero también el valor civil de su protesta y la red de aliados que se sumaron a su causa en diferentes partes del mundo.
Quién es Indira Cato y cuál ha sido su trayectoria
Indira Cato estudió Literatura Dramática y Teatro en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es directora y productora de cine y escribe la columna teatral “Puro drama” en la página web de la revista Proceso. Concibe el cine con el rigor de quien, además de narrar historias comunitarias, busca llegar al corazón de las personas desde una mirada profundamente humanística.
En 2020 participó en el documental “Llévate mis amores” (2014), dirigido por Arturo González Villaseñor y con guion de ambos, producción que obtuvo más de quince premios internacionales. También dirigió el cortometraje “¡Qué grande eres, magazo!” (2019), dedicado al mago Julio Ulises Hijuelos Cerver, y trabaja en el documental “Las hijas del maíz”, sobre un grupo de parteras en Chiapas. Además, fue beneficiaria de la Beca Mickey.
Sobre su más reciente trabajo, la revista Proceso destacó: “Llamarse Olimpia confirma el talento de Indira Cato no solo para dirigir un documental con pulso firme de principio a fin, sino también para revelar la urdimbre que existe entre un movimiento social y el sello personal de quienes lo protagonizan”.
La cineasta Indira estuvo cinco años muy cerca de Olimpia Coral Melo y su familia, para lograr este documental sobre la violencia que sufren las mujeres cuando sus videos íntimos se filtran y alguien los comparte públicamente en las redes.
Indira Cato se ha ido abriendo camino con una rigurosa pasión investigativa y una sensibilidad narrativa que le permite explorar las dimensiones humanas de las historias que cuenta. Es una creadora prudente y discreta, con una humanidad noble y excepcional. Ha forjado su propio camino, evitando estar bajo la sombra y la luz global de su padre, el escritor Gabriel García Márquez.
Un recuerdo de Indira Cato
La vida está llena de paradojas visibles e invisibles. En estos días, el nombre de Indira ha vuelto a resonar en Cartagena, en los labios del periodista Felipe Domínguez Zamorano quien ha recordado recientemente un episodio ocurrido en México hace más de treinta años:
“Fui a México con Rafael Escalona y visitamos a Gabriel García Márquez en su casa, para pedirle que escribiera el prólogo del libro La casa en el aire, novela que yo había editado. Fue un encuentro profundamente emocional. Los compadres se abrazaron. Gabo prometió escribir el prólogo; lo esperamos, pero finalmente no lo hizo.
Salimos luego a caminar por el centro de la ciudad de México. Escalona se fascinó viendo los alebrijes, esas artesanías fantásticas llenas de colores que nacieron del sueño del artesano Pedro Linares. Parecía un niño frente a ellos y nos pidió a Gabo y a mí que le compráramos uno. Gabo sacó dinero del bolsillo y se lo regaló a su compadre. Durante ese viaje, Gabo nos llevó a comer a un apartamento del centro. Allí nos recibió una mujer de rasgos bellos y expresivos: Isabel Cato. En una habitación dormía una bebé en su cuna. Era Indira”.
Contadora de historias
Indira Cato heredó las cejas oscuras de su padre y la mirada profunda de quien parece atravesar las cosas con solo observarlas, me dice Dasso Saldívar. Indira ha expresado su deseo de visitar Cartagena de Indias, ciudad con la que mantiene lazos familiares. Habla con frecuencia con su tía Aída y tiene contacto con parientes que viven en Cartagena, Barranquilla y otras ciudades del Caribe.
Como la estirpe de los García Márquez, Indira Cato parece haber llegado a este mundo con una vocación clara: contar historias.
