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Cultural

Daniel Mordzinski y su mirada sobre los gigantes de la literatura

Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960) ha creado una vasta cartografía literaria en cuatro décadas. Habló con Facetas de El Universal.

Daniel Mordzinski y su mirada sobre los gigantes de la literatura

Daniel Mordzinski, el cartógrafo de los rostros literarios. //Fotos: Julio Castaño- EU.

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Daniel Mordzinski (Buenos Aires, 1960) no ha cesado de crear hazañas artísticas con su lente, desde que fotografió a sus dieciocho años a Jorge Luis Borges. Aquello fue como entrar a un laberinto del que aún descubre nuevos pasadizos y senderos inagotables. A lo largo de más de cuatro décadas, ha sido el artista detrás de cada fotografía que hace de incontables escritores en todo los lugares del mundo. Cada foto suya no es solo el retrato de un escritor, sino la radiografía intimista de las obsesiones y el espejo secreto del alma de los escritores.

Daniel mira el universo como si lo viera por primera vez, y encuentra siempre lo inesperado. Es vertiginoso, certero, creativo, innovador, capaz de adelantarse en un instante a las esquivas y enigmáticas epifanías que han de venir. Lo he visto en los últimos veinte años como el fotógrafo elegido de Hay Festival Cartagena de indias. He llegado a creer que tiene el don de la ubicuidad porque capta momentos simultáneos de las sesiones literarias. En enero le propuso esta conversación de la que compartimos apartes.

Una de mis preguntas a Daniel fue: Con más de cuatro décadas retratando escritores, ¿cuál es el lado revelador y más difícil de captar en un rostro? Y Daniel me respondió: “Buena pregunta. ¿Hablamos de luz o de confianza, de anatomía o de psicología ? Sinceramente no creo que la búsqueda del mejor retrato pase por temas de simetría o belleza. Tampoco que ayude provocar a una persona para resaltar su lado más vulnerable; ese no es el objetivo del verdadero artista. Una foto puede tener la luz de un Velázquez y la perfección técnica de una imagen de Richard Avedon, pero si no existe confianza mutua, si no hay un auténtico interés del fotógrafo por el retratado, difícilmente habrá chispa creativa. Yo reivindico la importancia del antes y el después del click: esos momentos de invisibilidad que no salen en la foto pero que permiten crear un halo de empatía, de respeto y del deseo de conocer al otro. Le pido disculpas a mi admirado Henri Cartier-Bresson, pero para mí el “instante decisivo” siempre precede al acto fotográfico”.

Daniel Mordzinski: el fotógrafo que dibuja la literatura. //Fotos: Julio Castaño- EU.
Daniel Mordzinski: el fotógrafo que dibuja la literatura. //Fotos: Julio Castaño- EU.

Daniel Mordzinski, entre retratos y mapas de la literatura

Daniel fotografió en 2010, en Cartagena de Indias, a Gabriel García Márquez y le pidió que se sentara al borde de su cama, en su casa de San Diego. Luego retrató, en la habitación del hotel Santa Clara, a Mario Vargas Llosa, escribiendo sobre su cama.

Le pregunto qué sensaciones complejas percibió al retratar a estos dos monstruos de la literatura, cada uno en la orilla abismal de la soledad de sus habitaciones, distanciados para siempre.

Daniel me dijo: “Sentí alegría, vértigo. Respeto. Es una casualidad (o no) que a cada uno lo haya retratado en una cama. No fue un hecho planeado, pero cuando miro esas fotos, muy distintas entre sí, por cierto, pienso que fue un intento de adentrarme en la intimidad del autor para transmitir emociones. A Mario Vargas Llosa y a Gabriel García Márquez los une la idea de la novela como vocación total, la defensa de que el escritor debe asumir su oficio con disciplina y rigor. Ambos navegaron el mismo río que nace en la cordillera y desemboca en el mar de las mejores palabras, y aunque en algún punto sus aguas se separaron, el océano al que llegaron fue el mismo: la lengua española convertida en territorio infinito. Es curioso y, sinceramente, no me esperaba que dos hechos importantes de mi vida estuvieran relacionados con esos dos grandes titanes de la literatura universal. Dos escritores que, como sabes, retraté muchas veces: los leo y los admiro”.

El artista de los escritores: Daniel Mordzinski, en Cartagena. //julio castaño-el universal
El artista de los escritores: Daniel Mordzinski, en Cartagena. //julio castaño-el universal

Hay dos noticias excepcionales que me comparte Daniel. Una, el haber logrado en 2024 obtener la residencia de escritura en la Casa Estudio Cien, en Ciudad de México donde García Márquez escribió Cien años de soledad. Un honor para Daniel. Y luego, en febrero de 2025, recibió el Premio de la Cátedra Mario Vargas Llosa, un galardón dedicado a la trayectoria de vida de un autor. “Una distinción que me llena de emoción porque llega en un momento especial de mi vida y por lo que representa para mí Mario Vargas Llosa”. En 2025, Daniel publicó “Vargas Llosa. El escribidor y la vida”, que sintetiza imágenes de tres décadas con el escritor. Y más tarde, publicó “Silvio Rodríguez, diario de un trovador”, publicado por Planeta, 143 imágenes logradas en 10 años, “un recorrido visual, emocional y necesariamente sentimental por la vida de uno de los cantautores más importantes de la lengua española”. Aquí están sus giras internacionales y sus recitales en Cuba, sus encuentros con otros creadores: Aute, Vicente Feliú, Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina…su vida en familia junto a Niurka y Malva, jugando con sus mascotas en su casa y en los paisajes esenciales que han marcado su portentosa obra, desde su nacimiento en San Antonio de los Baños, donde lo retraté en septiembre último”.

Daniel está sumergido ahora en múltiples iniciativas, pero una en especial, tiene que ver con la experiencia en Casa Estudio Cien. “La beca me permitió encontrar tiempo, serenidad y el marco necesario para emprender un proyecto que espero publicar el año entrante”, cuenta.

Epifanías de Mordzinski

Daniel Mordizinski le pidió a Irene Vallejo, vestida de rojo, que se subiera a las murallas de Cartagena, llevando en sus manos un paño negro. En un instante ocurrió el milagro cuando la escritora alzó sus brazos y el paño negro empezó a elevarse con el viento del mar. La foto capta la muralla, el cielo, y en una de las arcadas se ve la línea del mar.

A Javier Cerca lo llevó a una antigua caballeriza del Cerro de San Lázaro. El escritor aparece meditando entre los caballos que pastan.

Al premio Nobel africano Abdulrazak Gurnah lo acompañó a a ver el mar recostado en una de las viejas garitas de la muralla.

A la novelista africana Chimamanda Ngozi Adichie la invitó a bailar champeta en el barrio Nelson Mandela.

A Salman Rushdie lo metió en una tina del hotel Santa Teresa y lo puso a comer uvas.

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