comscore
Deportes

¿Puede Aaron Judge batear para .400 como Ted Williams?

Es una hazaña casi imposible en la era moderna del béisbol de Grandes Ligas.

¿Puede Aaron Judge batear para .400 como Ted Williams?

Aaron Judge, de Yankees de Nueva York, está teniendo un inicio de ensueño en la presente temporada de Grandes Ligas.//EFE

Compartir

Aaron Judge ha comenzado la temporada de Grandes Ligas con un ritmo ofensivo que inevitablemente recuerda a uno de los más grandes logros individuales en la historia del béisbol: el promedio de bateo de .406 que consiguió Ted Williams en 1941.

Con un impresionante .423 en sus primeros 34 juegos, el jardinero de los Yankees lidera la MLB con un amplio margen sobre su más cercano perseguidor. Sin embargo, lograr esa mágica cifra de .400 en una temporada completa parece aún estar fuera del alcance, incluso para un bateador del calibre de Judge. Lea: Conozca los cuatro colombianos que estarán en el Giro de Italia

Las comparaciones con Williams surgen no solo por el promedio y el poder ofensivo, sino también porque su OPS (1.287) es idéntico al que tuvo Williams en su histórica campaña.

Además, Judge está conectando jonrones a un ritmo más veloz que Williams: uno cada 11.82 turnos al bate, frente a los 12.32 de Williams en 1941. Pero la gran diferencia, la que probablemente imposibilite la hazaña, está en los ponches.

Mientras que Williams fue ponchado apenas 27 veces durante toda la temporada de 1941, Judge ya suma 31 abanicados en solo poco más de un mes.

Su tasa de ponches es del 20.3%, una cifra incompatible con un promedio de .400. Para ponerlo en perspectiva: en toda la era moderna, solo Manny Ramírez en el año 2000 ha bateado al menos .350 con una tasa de ponches superior al 20%.

Para soñar con un bateador de .400 en esta época, sería necesario seguir una fórmula casi perfecta. Primero, reducir la muestra de juegos: todos los grandes promedios se dieron antes de las temporadas de 162 juegos. Williams jugó 143 partidos en 1941, Brett 117 en 1980, y Gwynn apenas 110 en 1994 antes de la huelga. La clave es tener suficientes apariciones para calificar al título de bateo, pero no tantos turnos que las probabilidades bajen. Las bases por bolas ayudan: Williams recibió 147, lo que redujo su número de turnos oficiales a 456.

Luego está el tema del contacto. Un bateador con una alta tasa de ponches, como Judge, debe batear cerca de .500 en las veces que no se poncha para mantener el promedio. Actualmente, Judge batea 55 de 99 en esas situaciones, un registro admirable pero difícilmente sostenible durante toda la temporada.

Otra variable crítica es el BABIP (promedio de bateo en bolas en juego), un indicador que refleja cuánta suerte —y calidad de contacto— hay en los turnos. Mientras George Sisler tuvo un BABIP de .422 cuando bateó .420 en 1922, hoy el promedio en las grandes ligas es apenas .288. En otras palabras, los defensores son más efectivos que nunca, lo cual dificulta aún más mantener un alto promedio.

Una alternativa moderna para compensar un BABIP más bajo es batear más jonrones, ya que esas pelotas no pueden ser defendidas. Judge lo está haciendo, y otros como Rod Carew en 1977 también lo lograron (bateó .388 con un BABIP de .408 y 14 jonrones). Pero pocos tienen el equilibrio perfecto de poder, disciplina y contacto que se requiere.

La matemática deja poco margen a la esperanza. Incluso si combinamos los mejores números de Barry Bonds en diferentes temporadas y los proyectamos en una misma campaña, apenas llegaría a un promedio de .396. Y eso con tasas récords de boletos (37.6%), ponches bajísimos (6.6%), y más de 50 jonrones.

Wade Boggs, maestro del contacto y la disciplina, tampoco lo logró. En su mejor año de BABIP (.396) no superó el .368 de promedio. Aun combinando su mejor año de poder, el de menor tasa de ponches y el de más bases por bolas, un modelo proyectado apenas supera la barrera con un .401.

Así que, aunque el arranque de temporada de Judge es histórico y merece reconocimiento, el listón de Williams sigue tan alto como siempre. Alcanzar .400 no solo requiere talento; también demanda un cóctel improbable de disciplina, poder, contacto perfecto y, sobre todo, una buena dosis de suerte. ¿El veredicto? El fantasma de Ted Williams sigue siendo inalcanzable. Por ahora.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News