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Farándula

La historia detrás de “Songo sorongo”, el clásico que pone a bailar en noviembre

Detrás de ‘Songo sorongo’, uno de los temas que encienden las Fiestas de Independencia de Cartagena, está el maestro turbaquero Rafael Cabeza.

La historia detrás de “Songo sorongo”, el clásico que pone a bailar en noviembre

Rafael Cabeza prende la fiesta con Songo sorongo. //Foto Cortesía David Lara

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El tema Songo sorongo sigue prendiendo bailes, tómbolas y festejos populares. Con la gloria y reconocimiento del tema, poco se conocía del paradero de su autor. El artífice de ese Songo sorongo es el maestro Rafael Cabeza, quien nació el 15 de octubre de 1941 en Turbaco, Bolívar.

Rafael Cabeza prende la fiesta con Songo sorongo. //Foto            Cortesía David Lara
Rafael Cabeza prende la fiesta con Songo sorongo. //Foto Cortesía David Lara

El mismo maestro asegura que las personas cuando lo conocían, sin veladuras, exclamaban: ¡Carajo Rafa, yo pensé que tú, te habías muerto!

Rafael Cabeza es el hijo mayor de Fernando Cabeza y Blanca Ortiz. Goza de salud y vigor, con una mente clara como el tono firme de su voz. Lo visitamos en el barrio El Líbano de Cartagena rodeado de familiares y vecinos, al lado de su esposa, Drusila Lara, a la que todos prefieren llamar doña Flor.

El tema Songo sorongo sonó por primera vez en la radio de Cartagena en 1965, una producción bajo el sello de discos Fuentes que de inmediato cautivó la atención de los bailadores y comenzó a llenar de goce los bailes y verbenas de carnaval.

Rafael Cabeza, autor de la letra y melodía, cantante y acordeonista asegura que el tema pegó primero en Las Antillas y después fue que entró al país. «La historia es larga —dice, para llamar la atención— ese tema lo cantaba en las casetas de la época y en los bailes de Cartagena, Turbaco, Bayunca, Turbana, Santa Ana, Rocha, Sincerín, Gamero y en otras partes, pero no estaba grabado, la historia de la grabación es todavía más larga, por eso voy a decirle los discos que salieron con el Songo sorongo. Discos Fuentes hizo primero un disquito en 78 revoluciones, no sonó mucho. Después sacaron otro en 45 revoluciones, lo ponían por ahí en los tocadiscos de la gente que tenía plata, pero el que se pegó fuerte fue el de los 14 cañonazos, volumen 6, que ahí aparezco como parte del Conjunto regional costeño».

En ese legendario compilado de Discos Fuentes, Rafael Cabeza comparte créditos con músicos y cantantes como Tony Zúñiga, Eliseo Herrera, Calixto Ochoa, Lisandro Meza, Julio Herazo, entre otros, cuya juventud revelaba la genialidad de un combo de jóvenes que años después serían esencia de la identidad de la música del Caribe.

Desde niño, Rafael Cabeza escuchó los acordes que provenían de la guitarra de su padre, quien tocaba boleros y rancheras: «Mi papá era un guitarriento que le gustaba más el trago que la comida, en medio de su juma cantaba un tema de Pedro Infante que decía: Sembré una flor sin interés. Yo la sembré para ver si era formal. A los tres días, que la dejé de regar. Al volver ya estaba seca, ya no quiso retoñar. Y así se la pasaba… Tenía una carretilla grandota, y ahí cargaba y llevaba cosas. Así se ganaba la vida».

En el lugar donde hoy se encuentra el llamado Plan Parejo, en el municipio de Turbaco, quedaba una finca que el abuelo del maestro Rafael Cabeza cuidaba. Las dificultades económicas de la familia lo obligaron a trabajar en el campo, al lado de sus familiares, así que abandonó el colegió cuando cursaba quinto de primaria, y con eso, como él mismo dice, salió a defenderse. A los siete años, el pequeño Rafael Cabeza tocaba la guacharaca, cantaba con elegancia y era capaz de hacer los coros con una afinación impecable: «Mi tío Juan tenía un acordeoncito de un teclado y yo le tocaba la guacharaca y vocalizaba. Nos íbamos por ahí a Turbaco, a unas parcelas y fincas cercanas. Salíamos un viernes y regresábamos el lunes, parrandeando».

Aquel conjunto lo integraban tres músicos: Juan Torres en el acordeón, Rafael Cabeza en la guacharaca y José Nieto en la caja. Presentaban un repertorio alegre. Temas de Alejo Durán, Luis Enrique Martínez, Julio de la Ossa, Andrés Landero, Aníbal Velázquez y Calixto Ochoa.

Con el acordeón del tío Juan, Rafael Cabeza desarrolló su propia forma de tocar y a comienzos de los años 60, decidió trasladarse a Cartagena, donde los pedidos de música en vivo eran constantes. Un día le propusieron amenizar un matrimonio en el barrio Martínez Martelo, de Cartagena: «Llegamos a tocar y empezó a llover. De pronto apareció una mujer, y resulta que esa mujer había tenido su enredo con el novio. El novio que ya estaba un poco tomado, la invitó a bailar y como que él se propasó, así que la muchacha le pegó una cachetada, el novio salió detrás de ella, con su vestido blanco, zapatos blancos, y una corbata roja. Y cuando él quiso agarrarla ella le metió un sacudón, y el hombre cayó dentro del barro, se empapó todo y cuando se sacaba los pedazos de barro de la boca, decía: Estoy songo sorongo, songo sorongo, carajo… así que eso se me quedó en la mente»

A los pocos días, Rafael Cabeza tenía una melodía y unos versos que evocaba. Hasta que escribió: Soltero voy a morir y me exigen matrimonio. Yo lo que me hago es reír y me pongo songo sorongo. El ritmo movido. Songo sorongo, el ritmo sabroso…

En la grabación de Songo sorongo estuvo en la guacharaca Ladislao Orozco, en la tumbadora su hermano César Orozco; en la caja, Alfredo Ortega, con un acordeón azulada que produjo un tema de goce auténtico, digitada por Rafael Cabeza. El tema sonó fuerte en las Fiestas de la Independencia de 1968, y desde entonces es pieza fundamental en fiestas de barrio.

Según el relato del maestro Rafael Cabeza Sonso sorongo prendía las casetas Matecaña y El refugio de la reina, en lo alto de la muralla. Tabarí en la entrada del barrio La Esperanza, donde había una fábrica de hielo, sobre la avenida Pedro de Heredia. En las fiestas del barrio Getsemaní, en un lugar llamado la Carbonera y en el Parque Centenario.

El maestro Rafael Cabeza continúa su vida serena en su casa al lado de su familia. El próximo mes estará de cumpleaños. Espera de regalo, poder grabar el tema El guandú, dedicado a su esposa Flor, para que suene fuerte en las Fiestas de la Independencia de Cartagena, primero, y luego en el Carnaval de Barranquilla. «Es un tema que le tengo mucha fe, es tan bueno como el Songo sorongo».

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