El gobernador Turbay ha mantenido con disciplina el criterio de gobernar desde los territorios; eso es menester considerando la extensión de nuestra geografía y sus históricas necesidades.
Bajo el lema, “Estamos donde nos necesitan”, el gobierno inició una nueva expedición al sur el 27 hasta el 31 de mayo, para recorrer los municipios de Morales, Simití, San Pablo, Santa Rosa Sur y Cantagallo; un esfuerzo complejo, que inició con la presencia del gobierno en el Consejo de Justicia Transicional, en Morales. El consejo permitió a las autoridades de la región, conocer las alertas tempranas por amenazas a líderes campesinos de los corregimientos de Corcovado y Micoahumado. No hay duda que los actores de la violencia pretenden recrudecer su accionar allí.
Es estremecedor el clamor de los habitantes que reclaman tranquilidad para dedicarse a sus labores rurales. Juan Bautista es un líder curtido en la función de levantar los reclamos de sus coterráneos y en el esfuerzo de conducir a su comunidad de Micoahumado por los laberintos oscuros de una guerra que rechazan. Su rostro está esculpido en el material del estoicismo y su humanidad está coronada con las canas que demuestran que es un sobreviviente pertinaz. Se queja de la estigmatización de que han sido víctimas por cuenta del histórico asentamiento de reductos del Eln en la zona. Dice que esa satanización pone a la población civil entre fuegos enemigos y reclama tranquilidad para cosechar.
El compromiso del gobernador es visitar Micoahumado en las próximas semanas. Culminada la reunión, los equipos del gabinete se despliegan por el río o vía terrestre; el destino, las poblaciones del sur profundo.
Agricultura toma la ruta fluvial de Morales a la hermosa Ciénega de Simití, con la misión de concertar con Umatas los insumos para el Plan Departamental de Extensión Agropecuaria, un instrumento que deberá presentarse a la Asamblea, a efectos de permitir el acceso de la población rural a herramientas de desarrollo tecnológico, formación y asistencia técnica como soporte para mejorar productividad y sostenibilidad del sector.
Desde el sur, Cartagena se ve distante. El conflicto no conmueve a la metrópoli. La exuberancia natural de agua, minerales, agriculturas y culturas en un encuentro de caminos, parece también, causa de padecimientos en el sur.
Al final, llegamos a Cerro Burgos, un mitológico y desvencijado puerto, umbral del sur profundo. La violencia lo ha devastado. Allí encontré un mural que es un testimonio de esperanza de aquel pueblo: “En el pasado sufrimos tristeza y dolor, en el presente y futuro trabajamos por un Cerro Mejor” se lee en la pared.
Bueno sería Cerro Burgos convertido en muelle multimodal, como concepción logística que conecte el sur con la bahía de Cartagena. Pero primero la paz, no la pacificación. Lo primero es un proceso. Lo segundo una imposición sin cambios.
