Muchos cartageneros tenemos el ombligo sembrado aquí. No importa qué tan lejano sea nuestro peregrinar o cuán largas las ausencias; albergamos la certidumbre de que a esta ciudad regresaremos un día para no partir jamás. Es curioso, pero todas las rutas del retorno están signadas por la nostálgica y deslumbrante visión de La Popa que se levanta airosa sobre el mar para no dejarnos naufragar. Al divisarlo un simple regocijo nos recorre: “Llegué, ya estoy aquí, en mi aquí”.
Tanto cariño que nos despierta ese relieve entrañable, pero tanta desidia y abandono que lo hace muestra dramática de nuestra indolencia.
No se habla de la recuperación del Cerro. No aparece en la agenda pública; sin embargo el pueblo lo rememora anualmente al peregrinar a sus alturas a llevar una plegaria a la patrona, la Virgen de la Candelaria.
En el 2000 la cobertura vegetal del Cerro contaba 184 hectáreas. En 2010 solo se conservaban 87. Me aterroriza actualizar ese dato a 2020. Toda esta tragedia ambiental en un contexto de cambio climático que nos confronta con la posibilidad de la sexta extinción de todas las especies según documentan los científicos, es decir, que esa alerta no es una superstición.
En el documento “Cartagena libre de pobreza extrema en 2033”, Ayala y Meisel realizan una identificación georeferenciada de la pobreza: “En todos los casos, la existencia de patrones espaciales de pobreza está presente. Zonas como el borde de la Ciénega de la Virgen, la loma de Albornoz y las faldas de La Popa, representan el fracaso de la política pública”.
Leí por allí que nuestros hijos y nietos nos preguntarán: ¿Por qué no hicieron más frente al cambio climático mientras pudieron? Y tendrán razón al interrogarnos de esa manera que realmente es una acusación sustentada.
Es preciso comprender a la naturaleza como una infraestructura para la salud y el bienestar. En un documento de The Nature conservansy se lee: “La percepción de desarrollo versus conservación no solo es innecesaria, sino contraproducente para ambos extremos. Lograr un futuro sostenible dependerá de nuestra capacidad para asegurar tanto comunidades humanas prósperas como ecosistemas naturales abundantes y saludables”. Urge la recuperación ambiental y humanística de La Popa. El POT lo caracteriza como un “Área de Protección y conservación de recursos naturales y paisajísticos a partir de la cota 25, prohibiendo allí la localización de cualquier asentamiento humano” que debe ser materia de intervención a través de un macroproyecto, esto es, un conjunto de acciones a gran escala que generan impactos en la estructura urbana y la reorientación del desarrollo.
Mientras el macroproyecto se resuelve, es menester usar algunos instrumentos de financiación (regalías por ejemplo) que están a la mano para emprender lo más urgente en lo ambiental y humano. ¡Si se quiere se puede!
