Cada nuevo Gobierno, sin duda, llega con la buena intención de implementar acciones positivas por la niñez del país y, con ello, mitigar las dificultades que viven diariamente los niños y niñas. Sin embargo, entre buenas intenciones transcurren los años, los mandatos, y a los niños y niñas en Colombia se les siguen vulnerando sus derechos, sin que se vea que son ciudadanos de primera categoría.
El nuevo Gobierno, en cabeza del presidente Gustavo Petro, tiene una oportunidad histórica para generar una transformación real en la niñez colombiana, si se decide por garantizar un sistema que los pueda proteger; pero, ¿cómo podría hacerlo?
En primer lugar, el presidente debe gobernar con el ejemplo. Debe intencionadamente visibilizar a la niñez en sus decisiones e intervenciones públicas, para cumplir con su obligación como mandatario, y demostrarle a otros gobernantes y ciudadanos que la gestión debe ser coherente con las necesidades reales de la ciudadanía. De paso, ayudaría a posicionar una cultura de cuidado a la niñez, que el país está en mora de tener.
En segundo lugar, el presidente y su gabinete deben resolver un problema persistente que ha afectado a la niñez y familias del país desde hace décadas: la falta de un sistema de servicios que articuladamente logre disminuir la violencia contra la niñez, atienda los casos de manera integral y garantice acceso en materia de protección, educación, vivienda, alimentación, recreación y apoyo familiar, especialmente para la población en riesgo.
Resolver este problema se logra definiendo una entidad coordinadora del sistema, determinando cómo los servicios para la niñez se articulan entre sí, poniendo en marcha nuevas atenciones que históricamente han sido insuficientes (como los servicios de salud mental o los de apoyo a familias) y garantizando una presupuestación adecuada para que sean de calidad y coherentes con la cantidad de población que necesita urgentemente este apoyo.
Tercero, hay que reducir las afectaciones de la violencia en la vida de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Ellos son los más afectados por la violencia familiar, la presencia de actividades delincuenciales en sus comunidades, son abordados para que formen parte de grupos armados organizados en comunidades donde falta acceso a educación, recreación, deporte y hay pocas alternativas de productividad.
Muchas otras acciones pueden priorizarse, pero si el nuevo gobierno al menos se enfocara en estas tres, se podrían lograr transformaciones que realmente logren acercarnos a ser el país que los niños y niñas merecen vivir.
*Directora nacional de Aldeas Infantiles SOS Colombia.
