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Columna

No quiero dar más periodismo

“En periodismo serio, la verificación sigue siendo indispensable. La IA puede asistir, resumir, sugerir. No puede hacer reportería...”.

Julio Gómez Mora

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Ese es el pensamiento que me llega en medio de la indignación. Surge cuando al final de una nota periodística me topo con los descargos de responsabilidad ya usuales del tipo: “Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial”. Pero no, que se me quiten las ganas de impartir más clases de periodismo no obedece al uso de la inteligencia artificial (IA). Lo que en realidad provoca desasosiego es lo que sigue como criterio de verificación: “… basado en información de conocimiento público divulgado a medios de comunicación”.

Claro, hay un matiz; no dice divulgado por medios (lo cual sí sería “apague y vámonos”) sino divulgado a medios. De todas formas, ¿esas prácticas indican que está bien tomar declaraciones generales, pasarlas por alguna IA y publicar sin hacer verificación propia? ¿El descargo de responsabilidad valida el “periodismo de boletines” ahora de la “mano” de la IA?

Los datos obligan a levantar la ceja. Un estudio de la Unión Europea de Radiodifusión (EBU) y la BBC, publicado este mes, mostró que el 45 % de las respuestas de asistentes de IA tenía problemas significativos y que, si se incluyen también las respuestas con algún problema, el dato sube al 81 %. Y concluye: “Los asistentes de IA todavía no son una forma confiable de acceder y consumir noticias”.

Por ello, si un medio publica bajo la etiqueta “asistencia de inteligencia artificial” y luego sustenta su “verificación” en información “divulgada a medios”, la cadena se vuelve débil: ¿quién divulgó originalmente?, ¿cuál fue la fuente primaria? Y, sobre todo, ¿se contrastó en terreno o se reprodujo una síntesis “sintética”? En periodismo serio, la verificación, esa que implica salir del boletín, recoger testimonios, documentos, cifras, indagar, sigue siendo indispensable. La IA puede asistir, resumir, sugerir; no puede, al menos hasta hoy, caminar una calle, observar un rostro, notar lo que no se dice, responder en vivo al imprevisto. No hace reportería.

¿Vale la pena dar clases? Pues al inicio del curso veo apenas un par de ojos interesados. Poco a poco algunos dejan de estar absortos en su celular y se suman a los ojos atentos y con interés por entender el deber ser. Los estudiantes saben, porque no les miento, que en el ejercicio puede pasar que les pidan hacer justo lo que les digo que no se debe. La realidad no los detiene a todos; al contrario, a varios los motiva el aprender lo correcto, aunque sea probable que una vez profesionales los medios ya estarán plegados al rigor del “productivo” ‘clickbait’. Entonces, lo pienso bien y sí vale la pena seguir dando periodismo para que en futuras generaciones haya quienes tengan claro que la responsabilidad editorial no se delega y entiendan por qué la sociedad debe poder confiar en lo publicado por los medios informativos. Visto así, formar en el criterio no es nostalgia; es un acto de resistencia. Y es necesario.

*Profesor Asociado - Escuela de Transformación Digital, Universidad Tecnológica de Bolívar.

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