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Columna

Un momento oportuno

“La solidaridad inmediata es indispensable, las soluciones estructurales a largo plazo son la alternativa...”.

Ignacio Antonio Madera Vargas

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El tiempo de cuaresma que se inició el pasado miércoles es una oportunidad para intensificar con claridad una de las dimensiones más difíciles de vivir desde la experiencia humana y cristiana: el cambio, la conversión hacia lo fundamental, para dejar de vivir de lo accesorio; aunque eso accesorio sea la acumulación voraz del capital o la engreída prepotencia y desprecio de los pobres y excluidos por parte de los dueños del poder de las armas asesinas.

El anuncio público de la buena noticia de la llegada del Reino de Dios por parte de Jesús de Nazaret (Mc.1, 14-15) estuvo precedido de la predicación del Bautista como un llamado a la transformación de las intenciones, de los comportamientos y de las actitudes porque el tiempo se había cumplido (Lc 3,7-14). Y cuaresma es esta insistente llamada a que el tiempo de la conversión para los seguidores de Jesús es el momento oportuno para frenar la indiferencia logrando cambios de comportamiento que consoliden la opción por la vida, por la solidaridad, por la relativización de lo caduco y por la superación de ideologías y mentalidades de destrucción de lo humano que llegan a los extremos de preferir animales y cosas a los seres humanos. Conversión, mucha conversión y muchos cambios necesita este mundo y este país.

Un momento oportuno para nuestra región Caribe es este que urge a la solidaridad y el compartir con los hermanos y hermanas de Córdoba, Sucre, el sur de Bolívar y todas las periferias de las ciudades afectadas. Es el momento oportuno para tomar conciencia de un hecho fundamental: si bien la solidaridad inmediata es indispensable, las soluciones estructurales a largo plazo son la alternativa para que estos fenómenos, causados por el cambio climático y las formas de manejo de lo público cambien, se transformen, se abran a la preservación ante todo de la vida de las víctimas de estas calamidades que urgen transparencia en el manejo de las ayudas y las soluciones inmediatas.

El papa León nos ha invitado a escuchar y ayunar en esta cuaresma. Escuchar la palabra unida a la de la realidad; oídos atentos y ojos despiertos al sufrimiento de los hermanos y hermanas más pobres y en nuestra Costa, hoy más que nunca este llamado urge al corazón y la conciencia creyentes. Y nos pide ayuno como acogida a la palabra de Dios que suscita nuevas formas de abstinencia como dejar de lado las palabras hirientes, los juicios torcidos, las calumnias que generan confusión, mentira y odio polarizantes. Grandes propuestas para este momento oportuno de conversión y encuentro con el Señor, que, de tener eco en quienes seguimos a Jesucristo en Iglesia, alimentarían la esperanza en momentos duros de sufrimiento y abandono de tantos hermanos costeños, como tú y yo. Aprovechemos este tiempo de Dios.

*Teólogo salvatoriano.

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