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Columna

Carta de un camarada decepcionado

Escribo estas líneas con el manual de Marx en una mano y el recibo de la realidad en la otra.

Juan Dosa Acevedo

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Saludos, compañero presidente

Estamos ad portas de la recordación de los 102 años de la partida del supremo líder Vladimir Lenin, y a menos de un mes de las elecciones presidenciales de la República Social Bananera, desde cuyas montañas con olor a café y coca escribo esta misiva. Seguramente le habrá llegado tarde, como tarde llegó el movimiento obrero a nuestro suelo.

Escribo estas líneas con el manual de Marx en una mano y el recibo de la realidad en la otra. Esperábamos la toma del Palacio de Invierno y nos entregaron una invitación a un cóctel de embajada.

Observo con mucho optimismo que el camarada presidente tomó el control de los medios de comunicación, pero que por miedo a los burgueses aún no lo ha hecho con los de producción. Siento que la revolución no es tal, se ha vuelto cómoda, con aire acondicionado, con viciosos burgueses, tomando decisiones a nombre del proletariado con caviar y whisky, oliendo a perfume de aristócrata, viajando en máquinas movidas por la explotación de los recursos naturales, mientras que el pueblo pasa hambre retórica y usted se llena con la plusvalía del vivir sabroso.

Siento mucho, compañero, que usted no haya podido llevar la revolución a la realidad. Usted, lector fervoroso de los clásicos macondianos no ha entendido que la justicia social se consigue a sangre y fuego. ¿Qué es eso de estar negociando con los explotadores burgueses la dignidad obrera? ¿Por qué mantiene el sistema opresor de las fuerzas armadas no populares?

¿Dónde quedó el lema de la Revolución o muerte de nuestro eterno camarada Fidel Castro? ¿O es que usted se dejó seducir por los encantos del oligarca López Pumarejo, traidor de la causa sindical?

Ahora pretende imponernos un vástago nacido de cuna plutócrata, acostumbrado al telepropmter, que nunca ha sentido el callo en la mano del trabajador.

¡Mal, camarada! En su movimiento falsamente popular hay figuras mucho más comprometidas con la revolución, que por sus concesiones han sido relegadas a un segundo plano, pues usted prefiere apostatar del movimiento obrero con tal de conservar el poder.

Usted y su vástago viajan en carros hechos con la mano proletaria, en fábricas humeantes, mientras el obrero injustamente engañado sigue creyendo que la revolución se hace en paz. !Ojo!, porque la oligarquía financiera está ganando fuerza.

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