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Columna

El pitoniso Villa

“En principio fuimos escépticos sobre sus capacidades de vidente, pero con el tiempo comprendimos que más que un zahorí era un juicioso investigador…”.

Eduardo García Martínez

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Llegó desde la tierra de los comuneros a estudiar lo que quería: Biología Pura. Fue acogido por el sabio profesor japonés que dirigía el programa y lo hizo su monitor desde el primer semestre. Mente brillante, devoraba libros sin descanso. Fogoso, estudiaba hasta el amanecer: ciencias naturales, filosofía, antropología, historia, sociología, le cabía mucha información en la cabeza. De pensamiento libre, se integró desde el primer momento al movimiento estudiantil orientando desde el análisis a los miembros de La Patota, migrantes de diversas regiones del país en búsqueda de conocimiento.

Acariciaba a cada momento su bigote espeso, negro y arqueado, como lo lucía Bienvenido Granda, de quien tenía toda su colección musical. En su honor armó un cuarto especial en su apartamento para escuchar sin descanso la voz del cubano en noches de bohemia. Entonces lucía larga bata de arabescos dorados, que igual usaba cuando leía su bola de cristal para explorar los territorios del averno. Con ella podía saber lo que ocurría más allá del presente. El Jairo, autor de canciones revolucionarias para animar a los estudiantes durante mítines y paros escalonados, lo bautizó como El Pitoniso Villa.

En principio fuimos escépticos sobre sus capacidades de vidente, pero con el tiempo comprendimos que más que un zahorí era un juicioso investigador de las probabilidades, dedicado a escudriñar lo que podría sobrevenir en tiempos futuros.

El Villa predijo el allanamiento a la universidad en una madrugada silente. La muerte de compañeros vestidos de insurgentes en las montañas agrestes. La violencia de los 50 renacida con alevosía por nuevos delincuentes amparados en los polvos blancos y los billetes verdes traídos del país del norte. La conversión de las guerrillas revolucionarias en operadores de narcotráfico. La corrupción carcomiendo la moral de la Nación. “La desvergüenza cubrirá las insignias mayores del país. La política, la economía, el parlamento, la justicia, los cuarteles, las entidades financieras, los gobiernos, casi todo, girará en torno de intereses cincelados a fuego lento por quienes se convertirán en los nuevos dueños del país, los amos del negocio sucio, de las jugadas opacas”, dijo una noche en que invocó a la diosa Devi, fuente de la gran energía cósmica.

-Algunos de ustedes -dijo otra noche- tendrán vida suficiente para ver, más allá del medio siglo, la podredumbre en que se convertirá esta sociedad. No habrá pudor. Delincuentes de bajo fondo y otros de traje fino compartirán tarima. Hablarán el lenguaje del crimen. Accionarán sus armas y dormirán tranquilos. No veo luz al final del túnel. El pitoniso Villa no predijo su propia muerte.

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