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Columna

Del teatro El Coliseo a la Cinemateca Distrital

“Cartagena anhela una cinemateca, y tal parece, será una pronta realidad. El público de teatro se vuelve público de cine y en ese trasegar van 251 años de pensamiento cultural cartagenero”.

Ricardo Chica Geliz

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Con la aparición en 1775 del primer teatro de comedias, El Coliseo, en la calle del mismo nombre, se formó la discusión sobre qué significaba el arte dramático en Cartagena. ‘Pagar para ver’ nos convirtió en público, un hecho sin precedentes, que consiste en regodearnos con el espectáculo y satisfacer nuestra expectativa; sin embargo, los cabildantes de la época, rehusaron pagar entrada al considerar mancillada su jerarquía. El pleito judicial dado entre 1776 y 1781, lo ganaron los curas dueños del teatro y los cabildantes salieron regañados por el abogado de los primeros: “(…) no se entendía cómo el cabildo, que portaba el excelso título de ‘Padre de la República’, en vez de ayudar al incremento de las rentas del Coliseo, destinadas en cuanto era posible a cortar el contagio de la lepra de San Lázaro, se dedicaba a defender privilegios que disminuían los ingresos de tan pía y benemérita causa” (Provisión de la Real Audiencia de Santa Fe, 31 de enero de 1781).

Aquí pensamos el cine desde antes de su aparición en 1897. Y una cinemateca sirve para eso, pues el cine es una actividad intelectual. En nuestra prensa decimonónica existen crónicas, opiniones y noticias sobre El Coliseo y su cartelera. Se valoraban obras teatrales, musicales, el trabajo actoral, el acierto o no de los directores, la calidad de la puesta en escena y la censura política; también, se regañaba al público, pues para las autoridades de la nueva república, el teatro era pedagogía para formar ciudadanos.

En 1875 el viejo teatro se convierte en el Teatro Mainero. Se presentaron magos y prestidigitadores; violinistas virtuosos y juguetes ópticos; obras teatrales escritas por los docentes de la Universidad de Cartagena y se proyectaron las primeras películas; fueron espectáculos analizados en prensa hasta el día de hoy. Siendo el cine el arte popular por excelencia del siglo XX, se constituyó en objeto de análisis que desembocó en la aparición de uno de los primeros cineclubes de Colombia en 1952, en el Teatro Miramar, y en parte dio pie al Festival Internacional de Cine en 1960.

Desde entonces aparecen jóvenes realizadores locales y sus películas, cátedras de cine, crítica y prensa cinematográfica, expansión de cineclubes y llegan equipos de producción nacionales y extranjeros para filmar en la ciudad.

Cartagena anhela una cinemateca, y tal parece, será una pronta realidad. El público de teatro se vuelve público de cine y en ese trasegar van 251 años de pensamiento cultural cartagenero. La cinemateca es objeto y proceso, al mismo tiempo. Lo primero, una institución con capacidad operativa y de atención ciudadana. Lo segundo, facilitar la apropiación social de la cultura cinematográfica con rigor intelectual. Entre objeto y proceso, la Cinemateca Distrital de Cartagena es una escuela necesaria y urgente.

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