Las ciudades son conglomerados sociales. Como tales, son dinámicas, y su destino está sujeto a diferentes procesos, no lineales. En ocasiones avanzan a buen paso, en otras detienen su ritmo y se estancan. Todo ello está mediado por el accionar de sus líderes y el interés de las comunidades en la evolución de esas transformaciones.
Cartagena es una ciudad antigua. El 1 de junio de 2033 cumplirá 500 años de haber sido fundada formalmente por el Imperio Español. Las comunidades étnicas que habitaron sus territorios antes de la llegada de los invasores ibéricos fueron aniquiladas. De ellas solo quedan jirones de historias que rara vez se referencian. Su lugar fue ocupado por esclavizados africanos que llegaban a la ciudad a bordo de embarcaciones infernales para ser vendidos en la plaza como simples mercancías. Desde entonces, las desigualdades sociales, la inequidad, el racismo, la exclusión se convirtieron en un manto que cubre a buena parte de la población, mayoritariamente descendiente de aquellos desafortunados seres, arrancados a la fuerza de su terruño. La trata esclavista fue catalogada por las Naciones Unidas como el mayor crimen contra la humanidad
En su largo trasegar, Cartagena ha experimentado transformaciones importantes, aunque durante varios siglos solo fue un pequeño conglomerado encerrado en un cordón de piedra, construido para defenderlo de las ambiciones de enemigos que buscaban apoderarse de las riquezas que se almacenaban en su seno para ser llevadas a los palacios reales, del otro lado del océano.

La ilusión de una seguridad sin estado
Yezid Carrillo De La RosaDespués del Grito de Independencia de 1811, de la reconquista de Pablo Morillo y la salida definitiva de los españoles en 1821, la ciudad cayó en una postración que se mantuvo por poco menos de un siglo. En el siglo XX, de la mano de su actividad portuaria, el comercio, la industria y el turismo, logró avanzar de manera destacada, pero sus contradicciones sociales se incrementaron. Entre 2012 y 2023 la suerte de la ciudad cayó en un vacío profundo. La administración pública se convirtió en una, talanquera para el desarrollo, y su ineptitud llevó mayores calamidades a la población, que pedía a gritos un cambio. Era necesario detener la frustración colectiva.
Con la llegada de Dumek Turbay al gobierno de la ciudad, en 2024, las realidades están cambiando. Los frentes de obras/calles, puentes, colegios, centros médicos, culturales, deportivos, rescate, iluminación y embellecimiento del Centro Histórico, atención a las zonas rurales e insulares etc./ constituyen bienestar colectivo. Todo ello contribuye a combatir desigualdades. Pero se requiere continuidad. Dos o tres gobiernos con esta impronta de compromiso garantizarán futuro para Cartagena.
