Columna

La sombra de Afinia

“No podemos seguir atrapados en leguleyadas, trámites eternos y decisiones sin sentido, menos aún a las puertas de una posible crisis...”.

Iván Martínez Ibarra

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A abril de 2026, Atlántico lidera la energía solar en Colombia con cerca de 1005 MW. Le sigue Tolima, con aproximadamente 470 MW. En cambio, Bolívar aparece muy abajo: apenas 77 MW, puesto 11 del país. ¿Cómo se explica esto, si Bolívar está al lado de Atlántico, tiene buen sol, demanda creciente y es casi ocho veces más grande?

¿Acaso el sol calienta menos en Cartagena? ¿Faltan inversionistas? No. El problema parece estar en otra parte. Durante años, varios desarrolladores presentaron en Bolívar, especialmente en Cartagena, proyectos solares menores a 10 MW. Afinia los estudió con detalle y, tras evaluaciones largas y complejas, emitió para varios de ellos conceptos favorables, conceptos aprobatorios y viabilidades técnicas de conexión. En otras palabras: el operador que conoce, administra y opera la red dijo que esos proyectos sí podían conectarse. Esos conceptos nunca fueron revocados. Los promotores quedaron listos para avanzar, pero luego tuvieron que pasar por un filtro adicional ante la UPME. Allí empezó el viacrucis: silencios, tutelas, demandas y, finalmente, una negativa. El absurdo era evidente: Afinia, que conoce la red, decía que sí; una oficina en Bogotá decía que no.

A finales de 2025, la Resolución CREG 101 094 de 2025 parecía corregir ese problema al entregar al operador local la responsabilidad directa sobre los proyectos de generación menores a 10 MW. Es decir, estos proyectos ya no debían depender de una nueva ratificación de la UPME.

Los desarrolladores acudieron entonces a Afinia para que hiciera valer sus propios conceptos técnicos favorables y permitiera iniciar la construcción. Pero Afinia respondió que no: que había que esperar un procedimiento y que los proyectos debían arrancar nuevamente de cero.

Ese es el punto central: los desarrolladores no aceptan que se les obligue a empezar otra vez para pedir un permiso que Afinia ya les había dado técnicamente. No piden privilegios; piden seguridad jurídica, confianza legítima y coherencia técnica. Si Afinia ya estudió los proyectos, ya dijo que eran viables y nunca revocó esos conceptos, ¿por qué desconocerlos ahora?

Mientras tanto, Bolívar sigue rezagada. Atlántico supera los 1.000 MW solares y concentra algunos de los proyectos más grandes del país, mientras Bolívar no llega ni a 80 MW. Esa diferencia es una alarma. Por eso Afinia debe corregir el rumbo y no dejar que la energía solar naufrague en Bolívar. El alcalde de Cartagena, el gobernador de Bolívar y los entes de control deben actuar. No podemos seguir atrapados en leguleyadas, trámites eternos y decisiones sin sentido, menos aún a las puertas de una posible crisis energética.

Bolívar necesita energía abundante, económica y limpia. Actuemos pensando en el bienestar de la comunidad.

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