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Columna

Cartagena frente al espejo: el POT no puede ser otro documento para archivar

“Si hablamos de lo positivo, reconozcamos avances, la Secretaría de Planeación ha realizado cerca de 40 mesas de participación desde febrero de 2026 con comunidades...”.

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Cartagena lleva décadas creciendo sin mirarse frente a los cuerpos de agua, hemos urbanizado manglares, rellenado humedales, expandido barrios sin servicios y dejado que la informalidad ocupe el vacío que la planificación nunca llenó. Mientras, miles de hectáreas destinadas a la expansión urbana siguen sin desarrollar, y el POT vigente -adoptado en 2001- rige una ciudad que ya no existe.

Hoy, con la discusión del nuevo POT con horizonte al 2040, tenemos una responsabilidad y conviene decirlo: el POT además de ser un instrumento técnico, es la decisión política más importante que una ciudad toma en una generación. Ahí se define quién accede a la ciudad, qué se protege, qué se densifica y qué se sacrifica.

Si hablamos de lo positivo, reconozcamos avances, la Secretaría de Planeación ha realizado cerca de 40 mesas de participación desde febrero de 2026 con comunidades, gremios y academia.

Según el DANE, en 2024 el 41,1% de los cartageneros vivía en pobreza monetaria y el 13,2% en pobreza extrema -unas 390 mil y 125 mil personas, respectivamente-. Pese a una leve mejora frente a 2023, Cartagena sigue siendo la capital más pobre entre las principales del país: Medellín registra 22,1%, Bogotá, 19,6%; Barranquilla, 29,7%. La brecha no es coyuntural; es estructural y territorial.

¿Para quién se planifica?

Henri Lefebvre formuló en 1968 el derecho a la ciudad, hoy incorporado en la Nueva Agenda Urbana de ONU - Hábitat (Quito, 2016): el derecho de todos los habitantes a habitar, transformar y gobernar la ciudad como bien común. Cartagena debe preguntarse, sin eufemismos, si su modelo territorial garantiza ese derecho o lo niega.

Sugiero cinco apuestas que el POT debería asumir, como mínimo: Uno, blindar ecosistemas estratégicos -ciénagas, manglares, caños-. Dos, adoptar un modelo que detenga la expansión sobre suelos de riesgo y aproveche el suelo vacante, utilizando el instrumento de las plusvalías. Tres, integrar la Cartagena insular y rural. Cuatro, crear un sistema de información territorial público. Cinco, construir legitimidad ciudadana con pedagogía pública.

El cronograma prevé radicar el proyecto ante el Concejo en octubre. Después, los márgenes de incidencia ciudadana se estrechan. Es en estos meses donde se juega todo. Las ciudades que se transforman no son las que más construyen, sino las que mejor planifican. Cartagena no puede seguir mirando hacia otro lado.

El espejo está puesto. La pregunta es si tendremos el valor de sostenerle la mirada.

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