Columna

Terremotos que llevamos dentro

“Los terremotos de la ‘Madre Tierra’ por lo general duran cuestión de segundos, pero los ideológicos se eternizan, sobre todo los del régimen chavista...”.

HENRY VERGARA SAGBINI

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Los sismos se originan en el choque y posterior desplazamiento de las placas tectónicas que conforman la corteza terrestre, que al desplazarse, chocan o se deslizan entre sí originando fricciones, acumulando tensión y energía, que al liberarse bruscamente, provocan vibraciones y devastaciones, desprendimientos de rocas, hundimiento de islas y continentes que, en la antigüedad, lo asimilaban a ‘Los últimos tiempos, el fin del mundo’.

Venezuela es afectada frecuentemente con enormes saldos de víctimas mortales: desde 1812 a 2026 se registraron 137 eventos sísmicos, y alarmantes cifras de muertos y desaparecidos entre escombros de casas y edificios convertidos en sepulcros. Los terremotos de la ‘Madre Tierra’ por lo general duran cuestión de segundos, pero los ideológicos se eternizan, sobre todo los del régimen chavista, camuflados de héroes cuando realmente desencadenan sismos sociales que devoran las entrañas de los venezolanos, como ocurrió durante la tiranía de Hugo Chavez -2 de febrero de 1999 hasta el 5 de marzo de 2013, fecha de su fallecimiento terrenal-, cediéndole el trono macabro a Nicolás Maduro, que por fortuna fue capturado por el presidente Donald Trump la madrugada del 3 de enero 2026, quien después de pisotear -Maduro- los Derechos Humanos en la patria del ‘Libertador’ Simón Bolivar, por fortuna reposa en mazmorra MDC de Brooklyn (Nueva York), pero el chavismo sigue vivito y desangrando a Venezuela. No hay duda matemática: si comparamos las estadísticas de asesinatos, encarcelamientos y desaparecidos de sus contradictores durante el régimen chavista-madurista, es evidente que estos dos sanguinarios dictadores se ubican en la cima del terror, superando con creces todos los movimientos telúricos de la historia venezolana: 50.000 personas desaparecidas y 500 debidamente identificadas, pero se sabe que el número es infinitamente superior, y sus víctimas predilectas, líderes políticos opositores injustamente detenidos por la tiranía, supera los 1.300; y el enriquecimiento ilícito de los insaciables chavistas produjo más de 8 mil niños severamente desnutridos, muchos de ellos asesinados por el hambre y nula atención médica, pero eso sí, mesas chavistas se revientan de manjares y 9 millones de venezolanos huyen del recurrente e implacable terremoto ‘chavista - madurista’.

Lastimosamente, 8 meses después de capturar a Maduro, gordo y sonriente, María Corina Machado sigue esperando el cumplimiento de su elección presidencial, mientras a Donaald Trump se le hace agua la boca y la billetera con sus ojos puestos en las incalculables riquezas del subsuelo venezolano: petróleo, gas, niobio, talio, coltán, cromo, cuarzo, magnesita, plomo, potasio, talio, uranio, hierro, oro.

A los ingenuos nos cuesta trabajo entender que, tan enormes riquezas de la patria de Bolivar, valgan más que una gota de auténtica democracia. Sin duda alguna, los más devastadores terremotos van por dentro: ideologías cargadas de arrogancia, odio y avaricia carcomen sin clemencia, cuerpo y alma de los pueblos.

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