A pesar del esfuerzo de gobiernos anteriores, todavía persisten profundas desigualdades tanto en el acceso como en la calidad del sistema educativo colombiano. El gobierno entrante tendrá una agenda urgente, compleja y marcada por múltiples desafíos sociales y económicos, ligados a este problema que tanto afecta a los jóvenes y que limita el desarrollo del país.
El reto más apremiante quizá sea la financiación sostenible y el acceso equitativo, especialmente en la educación superior. La apuesta debe ir más allá que solo incrementos presupuestales o reformas al sistema de crédito Icetex; requiere también de otras alternativas más estructurales, como la presencia de un modelo mixto y equilibrado donde coexistan y colaboren universidades públicas y privadas con el propósito de asegurar el acceso, la calidad académica y la pertinencia del currículo frente a las demandas reales del mundo laboral (nacional e internacional).
Ese modelo mixto de cofinanciación debe incluir responsabilidades entre Estado, universidades y sector privado; financiamiento público progresivo y mecanismos de cofinanciación por proyectos; y resultados vinculados a metas de calidad, pertinencia y empleabilidad de egresados. Además, es fundamental abrir verdaderas oportunidades para que los jóvenes bachilleres puedan elegir con libertad y confianza la universidad que mejor se adapte a sus intereses y necesidades, y realizar de esta manera un tránsito más afable hacia la educación superior.

¿Qué importancia tenemos los residentes del Centro Histórico?
Zamira EliasIdear e implementar ‘puentes’ que conecten el talento joven con las oportunidades reales del sector productivo, y fomentar la innovación, el emprendimiento y la formación en áreas estratégicas del país son esfuerzos que se suman a una mayor inversión en infraestructura educativa, a la modernización tecnológica y a la formación avanzada de los docentes, como elementos claves -y pendientes de vieja data-, para que Colombia se prepare para los retos del futuro.
La educación universitaria no solo es una ventana para el desarrollo personal y el progreso individual, también un motor que, alimentado por talentos jóvenes, impulsa el desarrollo económico, social y tecnológico de la nación.
Esta es motivación suficiente para la transición a un nuevo gobierno, que sin importar la ideología política, esté acompañada de políticas claras, inclusivas y visionarias que promuevan un cambio profundo y sostenido en la educación superior.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.