El editorial publicado por El Universal el jueves 2 de julio recoge las principales solicitudes que el alcalde de Cartagena y el gobernador de Bolívar han elevado al presidente electo, Abelardo De La Espriella. Infraestructura, seguridad, conectividad, competitividad, turismo e inversión son pilares para el desarrollo de Cartagena y Bolívar.
Desde la Fundación Diálogo Social nos unimos a ese llamado. Compartimos la importancia de esas iniciativas, porque nuestra región necesita avanzar; sin embargo, sentimos que en esa agenda falta el tema más urgente, el más humano y el más doloroso: el hambre y la miseria que padecen miles de cartageneros y bolivarenses.
Mientras proyectamos el futuro de la ciudad y hablamos de grandes proyectos, miles de familias siguen preguntándose qué llevarán hoy a su mesa -si es que la tienen-, muchos niños llegan a sus escuelas sin haber probado bocado. No hay obra de infraestructura que pueda llamarse exitosa cuando una parte de la población vive sin la posibilidad de satisfacer la necesidad más básica: comer.
El hambre no reconoce colores políticos, ni distingue gobiernos. Es una tragedia silenciosa que limita el aprendizaje de nuestros niños, deteriora la salud, profundiza la desigualdad y rompe el tejido social. Una ciudad que permite que sus niños crezcan con hambre está comprometiendo su propio desarrollo.
Cartagena no parte de cero. El Acuerdo Distrital 087 constituye una herramienta valiosa para fortalecer la seguridad alimentaria y articular esfuerzos entre el Distrito, sector privado, academia, organizaciones sociales y las comunidades. Más que un documento, representa una oportunidad para convertir la lucha contra el hambre en verdadera política pública, con metas claras, recursos suficientes y seguimiento permanente.
Por ello, hacemos un llamado respetuoso al presidente electo para que, junto con el alcalde de Cartagena y el gobernador de Bolívar, incorpore la seguridad alimentaria como prioridad de la agenda regional. Combatir el hambre no puede ser un programa accesorio; debe convertirse en un propósito nacional.
La Fundación Diálogo Social reitera su disposición para trabajar de manera articulada con las instituciones públicas, el sector empresarial, la cooperación internacional y la sociedad civil. El desarrollo no puede medirse únicamente por las inversiones que llegan o por las obras que se inauguran. Debe medirse, sobre todo, por la capacidad de garantizar dignidad, oportunidades y bienestar a quienes más lo necesitan.
Las ciudades se transforman con cemento, pero las sociedades se construyen alimentando a su gente. Cartagena y Bolívar necesitan carreteras, puertos, vivienda y desarrollo económico; pero necesitan, con la misma urgencia, derrotar el hambre y la miseria, porque ninguna obra será más importante que un niño que pueda comer tres veces al día. Ese es el verdadero indicador del progreso. Ese es el legado que realmente transforma a una región.
Más que entregar alimentos de manera temporal, el verdadero objetivo debe ser garantizar que cada familia tenga acceso a una alimentación digna, suficiente y permanente. Esto implica promover oportunidades de empleo, fortalecer la producción de alimentos, mejorar los ingresos de los hogares y desarrollar políticas públicas que permitan a las personas satisfacer sus necesidades alimentarias de forma autónoma y sostenible, preservando así su dignidad y calidad de vida.
