Hace 40 años dos países resolvieron moralmente un conflicto político en una cancha de fútbol. El 22 de junio de 1986, Argentina e Inglaterra se enfrentaron en cuartos de final del Mundial de México bajo un aura de morbo que significaba una revancha para los gauchos, tras haber sido arrollados por las fuerzas armadas del Reino Unido hacia junio de 1982, en lo que se denominó la Guerra de las Malvinas. Desde el Descubrimiento de América, este archipiélago ha tenido pretendientes españoles, franceses e ingleses; luego de varios conflictos y tratados suscritos por las potencias del siglo XIX, las Malvinas, también llamadas Falkland, serían ocupadas en forma definitiva por tropas británicas hacia 1833, instalando allí un gobierno propio; desde entonces los argentinos han intentado recuperar lo que geográficamente les pertenece.
En abril de 1982 la junta militar en cabeza de Galtieri decidió rescatar algo de la dignidad que le quedaba a su gobierno, instalando una bandera argentina en las Malvinas; sin embargo, un par de meses después, la Dama de Hierro ordenaba a su ejército recuperar las islas. Aunque eso no fue del todo malo para los argentinos, pues volvieron a la democracia después de años de dictadura, una espinita quedó clavada en el orgullo gaucho. Cuatro años después de aquella rendición vendría la revancha para Argentina, que había logrado conformar un temible ejército encabezado por el general Diego Armando Maradona; esta vez el conflicto se trasladaría al mítico césped del Estadio Azteca, donde ya se había consagrado o Rei Pelé en 1970. Ahora el mundo vería la proclamación de un nuevo monarca, un menudo futbolista que se valdría de cualquier medio para alcanzar su fin: doblegar a los ingleses; y así fue, dos goles de Maradona en ese juego descosieron la historia de los mundiales, no solo por haber eliminado a los ingleses, sino porque demostraron que un poco de malicia indígena, algo de talento y la falta de un VAR (Video Assistant Referee) podían llevarlos a ganar cualquier conflicto. En ese partido el planeta fue testigo de ‘el gol del siglo’, en el que soldados ingleses caían desparramados ante el eslalon demoledor del zurdo argentino y el gol conocido como ‘la mano de Dios’, en el que el Pelusa literalmente asciende para tocar el cielo y la pelota con su mano, y dirigirla al arco; cerca de cien mil almas celebraron el gol en el Azteca, argumento que le sirvió al árbitro para validarlo.
Hoy miércoles 15 de julio se reedita el clásico Argentina vs. Inglaterra, esta vez por semifinales y con la presencia de un nuevo profeta, un ‘Messías’ que descendió para proclamar un nuevo orden mundial, y que comandará al ejército albiceleste ante una armada inglesa que viene por el desquite de hace 40 años.
*Abogado y docente universitario.
