Cartagena no puede acostumbrarse a que su sistema de transporte público funcione mal.
Buses escasos. Largas esperas. Vehículos averiados. Aires acondicionados que no funcionan en una ciudad donde las temperaturas son altísimas. Buses completamente hacinados, donde viajar se convierte diariamente en una experiencia incómoda, agotadora y, muchas veces, generadora de discusiones y enfrentamientos entre los propios usuarios.
Esto tiene que cambiar. Y tiene que cambiar ya.

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Wilson RuizEl transporte público no es un asunto menor. Es uno de los pilares fundamentales de la calidad de vida de una ciudad.
Una persona que necesita levantarse mucho más temprano porque no sabe cuándo llegará su bus, que espera bajo el sol, que viaja hacinada y acalorada y que tarda demasiado en llegar a su trabajo, comienza su jornada cansada, frustrada y de mal humor.
Y por la tarde vuelve a vivir exactamente lo mismo para regresar a su casa.
No podemos pedir una sociedad más amable, productiva y tranquila si diariamente sometemos a cientos de miles de ciudadanos a semejante desgaste.
El objetivo debería ser muy sencillo:
El transporte público tiene que ser cómodo, seguro, confiable y, siempre que sea posible, más rápido y conveniente que utilizar un vehículo particular.
Cuando eso ocurre, todos ganamos.
Hay menos automóviles y motocicletas en las calles, menos trancones, menos contaminación, menos accidentes y una ciudad mucho más eficiente.
Por eso Transcaribe no puede seguir siendo solamente un problema de Transcaribe.
Tiene que convertirse en una prioridad del Distrito de Cartagena, el departamento de Bolívar y el Gobierno Nacional.
Necesitamos sentarnos urgentemente a revisar qué está fallando: cuántos buses necesita realmente Cartagena, cuántos están operando, cuántos permanecen dañados, cuáles son las frecuencias, por qué fallan los aires acondicionados, cuánto cuesta poner toda la flota en condiciones óptimas y qué inversiones necesitamos para garantizar un servicio digno durante los próximos 10 o 20 años.
Sin politiquería. Sin buscar culpables.
Busquemos soluciones.
Cartagena merece un sistema de transporte público del cual podamos sentirnos orgullosos.
Porque una ciudad que trata con dignidad a quien se moviliza todos los días para estudiar, trabajar y sacar adelante a su familia es una ciudad que construye progreso, convivencia y democracia.
Transcaribe tiene que funcionar.