Todas las fiestas, ya sean de carácter cultural, religioso o de cualquier otro origen, tienen profundos significados para las comunidades, especialmente para las portadoras o para quienes se sienten representados, reconocidos o simplemente se identifican con ellas. Las celebraciones festivas no son resultado de las decisiones de una persona. Son expresiones de poblaciones que, a lo largo del tiempo, se fueron erigiendo como parte de sus expresiones, de su identidad y sentido de la vida, celebraciones que además de responder a elementos de identidad cultural, cohesión comunitaria y sentido de pertenencia, les permite reconocerse y diferenciarse.
Por lo tanto, la fecha de las celebraciones no son indiferentes, no son un azar o un capricho. Muchas celebraciones están ligadas a ciclos agrícolas, astronómicos, al solsticio de verano o invierno, a un evento milagroso, a un momento para recordar y no olvidar, a una epopeya o un momento determinante en la historia de los pueblos. Por eso, cambiar la fecha de una celebración rompe vínculos directos, trastoca sentidos, diluye el carácter o el significado de una celebración. Cambiar la fecha altera la naturaleza que dio origen a una celebración.
Por el contrario mantener una fecha preserva sentidos, fidelidades, relaciones con aquello que lo origino y da fuerza a unas relaciones comunitarias. Muchas celebraciones están asociadas a ritos, a ritmos, a eventos de la vida de las comunidades, a una preparación espiritual o a una sincronización colectiva. El valor de una fecha de celebración esta asociado a la memoria, a la preparación de un tiempo festivo o sagrado. Por ello no se puede entender que, por razones económicas, de presión turística o de simple programación de eventos para llenar escenarios, se cambien las fechas de las celebraciones.

De Chambacú a la Ciénaga de La Virgen
HENRY VERGARA SAGBINIEsto tiene una relación concreta con las acciones orientadas a celebrar Ángeles Somos, que está reconocido por el Ministerio de las Culturas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación y que desde el siglo VIII de nuestra era se celebra el 1 de noviembre de cada año, manifestación de origen religioso traído a Cartagena por los Franciscanos que se asentaron en Getsemaní desde 1556, y que con el aporte de los esclavizados y de nuestros ancestros indígenas nos legaron una hermosa celebración que gira alrededor de la solidaridad, la fraternidad, el valor de la infancia y sus derechos a la cultura, a la ciudad y a la protección.
Las instituciones públicas y privadas, vinculadas con la cultura, tienen entre sus responsabilidades garantizar la perpetuación de los valores inmersos en las celebraciones, en su sentido y en el fortalecimiento de su comprensión, en especial para ese amplio grupo de actores, gestores y promotores culturales. Modificar las fechas de una celebración tiene que estar asociado con la misma, con su fortalecimiento y garantía de preservación. Lo contrario puede ir en su contra.
*Sociólogo.
