Cartagena recibió esta semana una visita presidencial que merece ser leída más allá de la coyuntura. El presidente Abelardo De La Espriella llegó a la ciudad, se reunió con el alcalde Dumek Turbay y con el gobernador Yamil Arana, y dejó anuncios de peso. Nos guste o no el color político de quien gobierna, los cartageneros tenemos motivos para celebrar.
Empecemos por las obras. El Gobierno Nacional destinará $87.703 millones, vía Fontur, para continuar la construcción del Gran Malecón del Mar. Además, $130.000 millones de la Nación completarán los 4,8 kilómetros pendientes de la Vía Perimetral hasta El Pozón. A eso se suman la instrucción de incluir el Aquabus en el Plan Nacional de Desarrollo y el compromiso de sentar a la ANI, la ANLA y la Aerocivil para destrabar las obras del aeropuerto. Son proyectos que la ciudad lleva años esperando, y ahora cuentan con una Nación dispuesta a financiarlos.
Pero el anuncio que más debe llamarnos la atención es el traslado de la Dimar. Que la autoridad marítima del país tenga su sede en Bogotá, donde no hay mar, es una incoherencia que arrastramos por décadas. Corregirla es un acto de sentido común. Es también un símbolo poderoso: la institución que regula nuestros puertos, nuestras costas y nuestra vocación marítima estará en la ciudad que respira mar, y eso puede atraer talento, inversión y, como consecuencia, progreso. Es, en concreto, descentralización y autonomía territorial, no como consigna de campaña, sino como decisión de gobierno.
Aquí conviene dejar de lado la trinchera. Las ciudades se construyen cuando los distintos niveles de gobierno reman en la misma dirección. Cuántas veces vimos a Cartagena pagar el costo de la desarticulación entre Nación y Distrito. Hoy hay un alcalde que gestiona y un presidente que escucha. Ese alineamiento es una oportunidad histórica.
Por eso, la invitación es a sumar. Que Nación, Departamento y Distrito trabajen de la mano, y que, sobre todo, los cartageneros acompañemos con entusiasmo y sentido de pertenencia cada paso que convierta estos compromisos en realidad. Cuando una ciudad se une alrededor de sus proyectos estratégicos, los resultados llegan más rápido y con mayor fuerza.
Una Cartagena con Malecón ampliado, Perimetral terminada, transporte público acuático y la autoridad marítima del país en casa será una ciudad más integrada, más competitiva y más digna. Esa es una causa que está por encima de cualquier ideología o afinidad política. Cartagena siempre estará primero que todo eso.
