En algunos restaurantes, antes del primer plato, llega a la mesa algo no pedido: es la cortesía de la casa. Aunque parezca regalada, en realidad se paga con lo que uno pide después o con nuevas visitas.
La inteligencia artificial de uso masivo llegó así, pero las cuentas aún no cuadran. OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT, cuenta con más de mil millones de usuarios activos y más de 50 millones de suscriptores: la gran mayoría, entonces, come de la cortesía. La empresa todavía no ha sido rentable y las proyecciones internas que reveló en septiembre el Financial Times prevén que siga gastando más de lo que factura hasta 2030. Para que los ingresos alcancen, lo que por ahora es cortesía debe convertirse en un hábito del consumidor. Eso sí, se buscan opciones. Por ejemplo, OpenAI ya muestra publicidad a usuarios gratuitos en decenas de países como otra manera de hacer que la cortesía pague la cuenta.
En esta cocina gana el que vende los fogones. Según su último informe trimestral, Nvidia, que diseña gran parte de los chips para estos sistemas, duplicó las ventas del mismo periodo de 2025 y de cada dólar vendido le quedan unos 75 centavos después de descontar el costo de los productos vendidos. Y detrás del que vende los fogones hay otro proveedor: la neerlandesa ASML, única fabricante de las máquinas que pueden imprimir los circuitos de los chips más avanzados. Con ellas, la taiwanesa TSMC fabrica los chips que diseña Nvidia.
La geopolítica también interviene y desde China, un Estado que compite tecnológicamente con Estados Unidos, llegan modelos abiertos, como DeepSeek o Qwen, que se descargan y usan sin pagar licencia. Un informe de la Universidad de Stanford, publicado en diciembre de 2025, concluye que el apoyo del Gobierno chino ha desempeñado un papel sustancial en el desarrollo de ese tipo de modelos y advierte que su adopción masiva podría reorganizar quién depende de quién en tecnología.
¿Hasta cuándo alcanza? Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, dijo en agosto de 2025 que la inteligencia artificial es lo más importante que ha pasado en mucho tiempo, pero también que los inversionistas están demasiado entusiasmados. Según él, “alguien va a perder una cantidad fenomenal de dinero” y mucha gente va a ganar mucho dinero. Precio y costo no son lo mismo: que la cortesía no tenga precio no significa que no cueste. Hoy la pagan los inversionistas; mañana puede cobrarse con más publicidad, tarifas o, si estas empresas de IA salen a bolsa, con el dinero de quienes compren sus acciones.
La cortesía en el restaurante es un plato pequeño antes de la comida, pero en el caso de la IA se sirve la comida casi entera antes de que la casa sepa si podrá recuperar los costos y generar ganancias. Entre tanto, el comensal se acostumbra a no cocinar.

