Conscientes del gran esfuerzo que viene realizando nuestro alcalde Dumek Turbay por defender y recuperar el sector amurallado de Cartagena, Patrimonio Histórico de la Humanidad, y por impulsar obras para proteger nuestra ciudad, quisiera plantear respetuosamente una inquietud sobre el enrocado que se está construyendo en la Avenida Santander.
La pregunta es sencilla: ¿es esta la solución más conveniente para proteger la costa sin terminar perdiendo el mar como paisaje? En mi concepto, antes de avanzar, sería importante revisar nuevamente el comportamiento de los espolones en T que durante tantos años ayudaron a defender esta zona ante los embates del mar y contribuyeron a la formación y conservación de nuestras playas.
Son muchos los ingenieros y especialistas que conocen el tema y que han manifestado su preocupación por las advertencias hechas, en diferentes momentos, sobre la posible pérdida de playas, la modificación de las corrientes y, especialmente, sobre la pérdida de esa relación visual que Cartagena siempre ha tenido con el mar y su línea de horizonte.
No podemos olvidar que los espolones existentes no fueron construidos al azar. En su momento estuvieron respaldados por estudios hidráulicos realizados en el Laboratorio Hidráulico de Francia, donde se analizaron las condiciones y corrientes de nuestro litoral. Estos estudios fueron complementados mediante una maqueta a escala habilitada en la Universidad Nacional de Colombia, con la que se estudió el comportamiento de las corrientes submarinas desde Bocas de Ceniza, pasando por Cartagena, hasta Bocachica.
En esos trabajos participó el ingeniero Jan Botagiccio, y existe además el testimonio de José Vicente Mogollón Vélez, quien conoció de cerca aquella experiencia.
Por eso, esta carta no pretende cuestionar la necesidad de proteger la Avenida Santander ni el esfuerzo que está haciendo la Administración Distrital. Todo lo contrario: precisamente porque es una obra importante, considero conveniente estudiar todas las alternativas antes de consolidar una solución que pueda afectar nuestras playas y nuestra relación con el mar.
Tal vez sea el momento de analizar si podemos recuperar, alargar o robustecer los espolones existentes, o combinar diferentes soluciones que permitan proteger la ciudad sin sacrificar las playas ni la visual del mar.
Cartagena necesita protegerse, pero también necesita seguir viendo el mar. No estamos en contra de la obra. Queremos que encontremos la solución más adecuada y que, al proteger a Cartagena, no terminemos quitándole el mar.
