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Columna

Jazz y guitarras

“Desde la Alcaldía se debe convocar al diseño de un proceso amplio, incluyente y abierto, para la construcción de una política pública cultural...”.

RAÚL PANIAGUA BEDOYA

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En un lapso de menos de tres semanas se realizan en la ciudad dos eventos que cualquier ciudad del país estaría orgullosa de tenerlos. Nos referimos al Festival Voces del Jazz y del Caribe y al Festival Internacional de Guitarra. Los dos llegan este año a la edición 13, o sea que van 13 años en que estos quijotes que son Manuel Lozano Pineda y Claudia Fadul Rosa se pasan casi todo el día, de todos los días, de todas las semanas, buscando patrocinios, apoyos, colaboradores, respaldo público y privado para ofrecerle a la ciudad lo mejor de esas dos dimensiones de la música universal a la cual tenemos derecho, pero que pareciera que fuera más un privilegio, y es lo que ellos se proponen mostrar, la posibilidad del acceso de todos los ciudadanos a disfrutar, a deleitarnos con lo mejor que pueden obtener, que de hecho no es poco. Cuando se entra en detalles sobre las formas de lograr la realización de estos eventos, surgen preguntas, que se traducen en angustias acerca de lo complejo, lo difícil y a veces macondiano que significa llevar a cabo estos eventos. No es fácil comprender el alcance del compromiso, las convicciones y el amor de estos gestores, con los esfuerzos para lograr obtener lo mejor de lo que se proponen. Y es más difícil de entender cuando hay un sector turístico, comercial, inmobiliario, de empresas de transporte aéreo y terrestre, entre una amplia gama de actividades, que se benefician directamente de estos eventos. Pero también de una administración que sin lugar a dudas obtiene del turismo múltiples beneficios, vía impuestos, reputación, imagen nacional e internacional y consolidación como destino de un turismo distinto y de calidad.

Estos esfuerzos contrastan de frente con las elevadas sumas de dinero que se pagan a artistas por presentaciones de unas horas en las Fiestas de Noviembre, y no es que no se los merezcan, pero creemos que los impactos de estos eventos, que tal vez no se mide su derrama económica, pueden ser tan altos como aquellos, en especial en un tipo de visitante o consumidor de estos tipos de música.

Estos festivales, la posesión de 4 manifestaciones en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, de los cuales la administración tiene la responsabilidad de apoyar la implementación de los Planes Especiales de Salvaguardia (PES), los festivales gastronómicos, las mismas Fiestas de Noviembre, las Fiestas de la Candelaria y en especial el retorno a una valoración y reconocimiento de nuestras expresiones culturales, de los distintos artesanos y creadores, deben dar lugar a que, convocados desde la Alcaldía, con el apoyo técnico del IPCC, Secretaria de Turismo, Escuela Taller, se diseñe un proceso amplio, incluyente y abierto, para la construcción de una política pública cultural, que permita orientar el rumbo para los próximos años, donde este enorme esfuerzo privado encuentre una clara y sólida respuesta institucional.

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