Cincuenta y ocho años después del famoso mayo del 68, Francia vuelve a sentir la profunda voz de la protesta estudiantil en sus calles, avenidas y centros de estudios. Las motivaciones son diferentes, pero un sentimiento de frustración y rebeldía aparece apalancando ambos acontecimientos. Aquella lejana queja se incubó en la Universidad de Nanterre, filial de la Sorbona, porque los jóvenes estudiantes pedían, entre otras cosas, que los dormitorios de hombres y mujeres fueran mixtos. Las directivas se opusieron, los reclamos juveniles aumentaron con sus oxitocinas revueltas, y así llegó el cierre de la institución.
Marcharon entonces a la glamurosa París y la Sorbona los recibió como héroes. La gendarmería francesa, tan exquisita ella para apalear al prójimo, arremetió contra la muchachada y convirtió el Barrio Latino en un campo de batalla. En pocos días más de diez millones de estudiantes, profesores, intelectuales, obreros, ciudadanos del común, retaron al gobierno del general Charles de Gaulle, presidente de Francia y héroe de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. La confrontación adquirió resonancia inusitada. Las consignas de los rebeldes: ‘Prohibido prohibir’, ‘Seamos realistas/ pidamos lo imposible’, ‘La imaginación al poder’, se volvieron universales. Junto a ellas se abogaba por el amor libre, la libertad sexual, la educación pública igualitaria, el ecologismo, una moral social diferente, y el rechazo a la guerra de Vietnam, el capitalismo mundial, el racismo, la discriminación. De Gaulle advirtió que el mando se le salía de las manos, y como can apaleado, con el rabo entre las piernas, adelantó las elecciones para salvar el poder y su bien ganada gloria militar.
Del Mayo Francés emergió un aguerrido estudiante de ascendencia alemana, Daniel Cohn Bendit, a quien se conocería desde entonces como Daniel ‘El Rojo’, por su apariencia física y el fuego de su labia. Se convirtió en el líder máximo de aquella jornada memorable, de la que bebieron todos los movimientos estudiantiles de ideas libres alrededor del mundo. Uno de ellos, el Movimiento Estudiantil Colombiano de 1971.
Ahora, en 2026, los estudiantes de liceos franceses, emulando a los de mayo del 68, han tomado las calles de París y otras ciudades para expresar su inconformidad ante una serie de situaciones anómalas que los mantienen inconformes. Las han esbozado en un pliego de diez puntos. Exigen más recursos económicos para sus instituciones, más profesores, menos alumnos por aula, mejoras locativas, más personal en salud, transparencia en el proceso de ingreso a las universidades, entre otras peticiones. Francia, el país de los derechos, está de nuevo incendiada y en entredicho, por pisotearlos.
