El mundo entero está contemplando el deplorable y preocupante espectáculo de las protestas violentas en las calles de las principales ciudades de varios países como España, Italia, Francia, Inglaterra y también Rusia, en donde es posible apreciar esa reacción airada de los ciudadanos frente al crecimiento de problemas sociales como la falta de vivienda, los precios de la educación, el alza en el costo de vida, amén de otros factores.
No son problemas nuevos, sino represados y recurrentes. España viene padeciendo en los últimos años un déficit de vivienda que ha frustrado los deseos de miles de familias para acceder a un techo digno, y al no haber promovido la construcción de nuevas alternativas, ha hecho a su vez que la oferta disminuya provocando una alza inusitada de precios, que para muchos resultan impagables, o por lo menos enfrentarse a las consecuencias de tener que destinar la mayor parte del ingreso familiar para cubrir el costo de un arriendo, en detrimento del sustento diario.
La cuestión desata una cadena: un problema que hace provocar otro y así sucesivamente hasta que la gente se ahoga en sus necesidades y no le queda otro camino que el grito desesperado en las calles.
En nuestro medio vemos que el gobierno actual ha heredado varias situaciones preocupantes: la crisis de la salud que ha llevado a la represión de procedimientos médicos y falta de medicamentos; la situación de los maestros con un sistema de seguridad social de graves deficiencias; un déficit fiscal sin precedentes; un estado de corrupción verdaderamente alarmante, y también un déficit de vivienda que alcanza el 35% en los últimos cuatro años, como consecuencias de haberse suspendido los programas tradicionales que venían atendiendo a las familias sin techo.
Tarea grande la que tienen los actuales encargados de dirigir la gestión estatal, situación que tiene que ser atendida con mucha responsabilidad, pues ya se anuncian las protestas, precisamente por los provocadores del desastre.
Hoy es muy fácil la medición del desempeño de los distintos frentes de acción del gobierno, pues los modernos métodos de la estadística permiten evaluar permanentemente los indicadores respectivos.
Lo que a veces suele suceder es que las cifras se esconden, o se subestiman o se disfrazan para encausar otro tipo de acciones con miras a la obtención de dividendos políticos, dejando al margen, de manera irresponsable, la realidad de los sectores básicos de la economía y de la atención social.

