Columna


El modelo Jepirachi en La Guajira: es hora de cambiar de rumbo

JULIÁN GUTIÉRREZ MARTÍNEZ

05 de diciembre de 2023 10:24 AM

JHONATAN MALAGÓN

05 de diciembre de 2023 10:24 AM

El modelo de desarrollo planteado para la transición energética en La Guajira está replicando los errores del pasado en el departamento. En el Pacto por la Transición Energética, firmado entre el Gobierno, las empresas energéticas, la cooperación internacional y un grupo de autoridades y líderes del pueblo Wayúu, plantea como eje central el desarrollo regional, los derechos de las comunidades y, sobre todo, su participación en los proyectos y sus beneficios. No obstante, en la práctica, el gobierno y las empresas parecen ir en el sentido contrario.

En La Guajira la transición avanza a toda marcha. El Plan de Desarrollo Departamental proyecta para 2031 “65 parques con más de 2.500 torres con aerogeneradores”, los cuales, según Indepaz, se construirían en el territorio ancestral de aproximadamente 288 comunidades Wayúu, sin incluir aquellas donde se construirán la línea de transmisión y subestaciones Colectoras —que recogerán y enviarán la energía hacia al Sistema Interconectado Nacional— con las que llegaría a más de 600. Estos proyectos presentan problemas en relación con el modelo de participación de beneficios de las comunidades, generando conflictos y preguntas sobre cómo conseguir, no solo una transición energética justa en el marco de la crisis climática, sino, también, un modelo de desarrollo diferente.

La situación es preocupante cuando recordamos el modelo de Jepirachi, el proyecto piloto de parques eólicos en La Guajira a manos de EPM iniciado en 2002, que puede ser un indicio de lo que le espera al departamento con los nuevos parques. Basados en una idea de extractivismo verde, este proyecto buscó explotar las energías renovables, afectando las condiciones de existencia y el territorio Wayúu sin tener grandes impactos sociales. El modelo de desarrollo allí planteado resultó siendo un éxito económico para EPM, aunque después de 20 años haya tenido que desmontar el parque por no cumplir con estándares regulatorios, mientras para las comunidades fue un proceso poco transparente, con algunas medidas concretas para la garantía de agua potable, trabajo o infraestructura comunitaria, pero sin diálogo permanente con las autoridades Wayúu ni participación económica directa en el proyecto.

Preocupan, además, las reiteradas denuncias de líderes y autoridades, que constatamos en nuestra última visita al resguardo de la Media y Alta Guajira, sobre graves problemas con los procesos de consulta previa en curso: autoridades no reconocidas y comunidades no consultadas, poca o nula asesoría técnica, acuerdos injustos en diálogos desiguales y conflictos entre clanes (e’irüku) creados por las empresas quienes, ignorando el sistema normativo y cultural Wayúu, negocian con aquellos que no tienen derecho a disponer del territorio.

La situación pone sobre la mesa la forma en la que se plantea el desarrollo, especialmente en territorios de comunidades étnicas. El caso de La Guajira es particularmente problemático pues se da continuidad a Jepirachi, un modelo de desarrollo de dudosos resultados. Los conflictos que este modelo ha generado son un indicador de que es hora de replantearnos la forma en que se busca el desarrollo y la justicia social en las zonas más empobrecidas y desiguales del país.

Por: Julián Gutiérrez Martínez, investigador de Dejusticia. @gutjulian

Jhonatan Malagón, pasante de Dejusticia. @JhonatanMalagn1

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