El presidente Petro reconoció desde Barcelona, en el programa ‘Los Desayunos’, de RTVE, el fracaso de su propuesta de ‘Paz Total’, anotando que tal fracaso no es “personal”, sino “nacional”.
Se defendió apuntando que la violencia se concentra solo “en algunas zonas y ya no es nacional”, al señalar que el país tiene “la mitad de la tasa de homicidios de Ecuador y la tasa de homicidios más baja desde el 93”, lo que “se debe al proceso de paz con las Farc”, firmado en 2016. Así mismo, que el mayor error de su mandato fue el de “nombrar a un poco de gente que no servía”.
Las declaraciones del presidente son problemáticas, pues muestra varias contradicciones narrativas, desplazamientos de responsabilidad y el uso selectivo de datos estadísticos.
Afirmar que el estancamiento de la Paz Total es un problema nacional y no personal es una falacia desde la ciencia política y el derecho constitucional, en tanto que esa estrategia fue la apuesta central de su Plan Nacional de Desarrollo; así, por tratarse de una política diseñada y ejecutada unilateralmente por el Ejecutivo, la responsabilidad de su implementación, la elección de negociadores y el establecimiento de protocolos de cese al fuego recae directamente en la Presidencia.
En tal sentido, atribuir el fracaso a “gente que no servía” o a sectores de “centro” que lo “traicionaron”, según lo dicho en la mencionada entrevista, desconoce que el gabinete y los altos comisionados son cargos de libre nombramiento y remoción. Criticar la idoneidad de su propio equipo, tres años después, sugiere una falla en el criterio de selección y en la supervisión administrativa, más que una conspiración externa.
De otra parte, aunque es cierto que la tendencia a largo plazo en la tasa de homicidios es hacia la baja en una medición de 30 años (desde 1993), y si también lo fuera que, como el presidente lo afirma, esa baja se debe en gran medida al Acuerdo de Paz de 2016 con las Farc, entonces tal resultado no sería un éxito atribuible exclusivamente a la ‘Paz Total’, la cual ha tenido dificultades para mostrar indicadores de reducción de violencia en zonas críticas. Y aunque el homicidio en general pueda mostrar estabilidad, otros indicadores han empeorado, como el de confinamiento de comunidades, el reclutamiento forzado de menores y especialmente la extorsión, que ha crecido de manera alarmante bajo su mandato.
En suma, las declaraciones del presidente parecen buscar una redención histórica anticipada, centrada en la narrativa de un líder incomprendido u obstaculizado por terceros, evitando una autocrítica técnica sobre la improvisación en los diálogos de paz y la falta de control territorial por parte de la Fuerza Pública.
No se entiende cómo no vio lo que estaba claro desde la primera semana en que lanzó la ‘Paz Total’: que no tenía futuro, pues su diseño solo contribuiría a fortalecer a los violentos.
