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Editorial

El próximo Niño

“Conviene entonces, si es que no lo han hecho, que las autoridades de Cartagena y Bolívar unan o coordinen sus gestiones para adoptar medidas...”.

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Si los pronósticos de los expertos no resultan exagerados, el próximo fenómeno del Niño no será una simple temporada seca, sino todo un desafío estructural.

Nuestro país depende en un 70% de la hidroelectricidad. Si 2026 es extremadamente seco, los embalses podrían llegar a diciembre en niveles críticos, al punto que el verano de 2027 arribaría con las reservas agotadas, de tal suerte que terminaríamos dependiendo del parque térmico, que tendría que estar a punto para ese momento.

El problema es que las térmicas usan gas o carbón, y en un Niño severo, el costo de oportunidad y la logística de combustibles disparan las tarifas de energía, golpeando el bolsillo de los consumidores.

Y a la región Caribe le puede ir peor que al resto del país, debido a los efectos en los cultivos de pancoger, como yuca o ñame, que difícilmente lo resistirían; o la ganadería, que sin pastos y con jagüeyes secos, la mortandad de semovientes sería un hecho de alta posibilidad.

Para los habitantes el asunto es aún más crítico, pues muchos municipios del Caribe dependen de pozos artesanales o de carrotanques. En un escenario de sequía extrema, las fuentes subterráneas bajan su nivel freático y el costo de llevar agua en camiones se vuelve insostenible para las alcaldías pequeñas. Hay que prepararse para evitar el aumento en enfermedades gastrointestinales por el uso de agua no apta para consumo.

Y para Cartagena representa un reto enorme si recordamos que en años de “Superniño” (como en 2015-2016), el nivel del río Magdalena baja tanto que el flujo hacia el Canal del Dique se reduce drásticamente.

Los riesgos para nosotros se potencializan en la medida que la cuña salina afecte directamente las bocatomas de agua dulce en el Canal, de tal manera que el peligro no es solo que no haya agua, sino que, al bajar el caudal del Dique, el agua de mar empuje hacia adentro su contenido desatando una salinidad en Conejos o Gambote, lo que podría afectar el proceso de potabilización en los acueductos a cargo de Aguas de Cartagena.

Igualmente, con poco flujo, el sedimento se asienta y bloquea los canales de entrada, lo que obligaría a Acuacar a realizar dragados de emergencia mecánica para mantener la succión.

Este editorial no busca ser alarmista; es producto de la información que se ha recabado sobre el tema de diversas fuentes confiables, con lo cual la clave no es paralizarse o esperar a que otros resuelvan sino en activar una gestión de riesgo preventiva.

Por eso, si los modelos de la NOAA y el IDEAM se mantienen, la ventana de preparación es ahora. Las inversiones en dragado previsivo en el Dique y la revisión de la soberanía energética para 2027 deberían ser prioridad 1A en la actual agenda pública.

Conviene entonces, si es que no lo han hecho, que las autoridades de Cartagena y Bolívar unan o coordinen sus gestiones para adoptar medidas, entre otras, como el dragado preventivo acotado.

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