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Editorial

Obras de Protección Costera

“La protección del litoral no puede plantearse como un dilema excluyente entre ingeniería y paisaje. La exigencia debe ser la excelencia técnica, el sustento científico de cada intervención y el respeto por las dinámicas naturales de nuestro entorno costero”.

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Ante la discusión que se ha elevado en la ciudad con ocasión de las obras de Protección Costera, es pertinente afirmar que la defensa del litoral ante el embate del mar no admite decisiones basadas en la inercia del diseño o la simplificación técnica.

Estas obras deben ser evaluadas con rigor científico, modelaciones hidráulicas actualizadas y evidencia comprobable en campo. Pretender aplicar soluciones estandarizadas sin considerar las particularidades batimétricas e hidrodinámicas de cada tramo de la costa, compromete la eficacia del proyecto, la inversión pública y el paisaje de la ciudad.

El contraste histórico entre esquemas es ilustrativo. La Avenida Santander contó durante cinco decenios con un sistema de espolones en T que consolidó playas y ofreció una defensa efectiva. Sin embargo, su sustitución por espolones lineales ha mostrado limitaciones. Fenómenos recientes, como el frente frío de febrero, muestran que estas nuevas estructuras no lograron mitigar el impacto del oleaje con la misma eficacia en sectores donde los antiguos espolones, ya deteriorados por falta de mantenimiento, habían sido eficaces. Esta realidad es lo que ha hecho que varios expertos pregunten si los diseñadores emplearon parámetros hidráulicos rigurosos y si contemplaron estudios comparativos que demuestren por qué la solución elegida supera a la experiencia histórica de la ciudad.

Las condiciones de El Cabrero, con profundidades de hasta 5 metros y exposición directa a los vientos alisios difieren radicalmente de las de Bocagrande, protegida por la península de Santo Domingo y con una batimetría más somera. Soluciones diferenciadas para dinámicas de oleaje distintas es lo obvio.

En el plano ambiental y paisajístico, la elevación de las escolleras de piedra ha generado una justificada preocupación ciudadana. No se trata de suprimir la protección, sino de explorar alternativas que disipen la energía de la ola mediante pendientes suavizadas hacia el mar, evitando la construcción de murallas abruptas que alteran el entorno visual. Como lo han hecho ver técnicos reputados, a esto se suma la conveniencia de verificar si la incorporación de nuevos espolones intermedios dentro del proyecto del Malecón del Mar cuenta con el aval ambiental por parte de la ANLA, asegurando que se cumpla el objetivo original de permitir la ampliación de la Avenida Santander, según lo dispuesto desde 2017.

La protección del litoral no puede plantearse como un dilema excluyente entre ingeniería y paisaje. La exigencia debe ser la excelencia técnica, el sustento científico de cada intervención y el respeto por las dinámicas naturales de nuestro entorno costero.

Cartagena necesita proteger su patrimonio y sus comunidades con obras adaptadas a cada sector, garantizando soluciones eficaces y sostenibles en el tiempo. Escuchar a los veteranos, se impone.

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