¡Positivos!

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Tenemos derecho a soñar con mejores días. No podemos dejar que ese virus sinuoso nos quite, además de vidas, salud, empresas, empleos y oficios formales e informales, la alegría de vivir y la esperanza de que, como siempre, a pesar de los grandes costos intangibles y materiales, encontraremos la ruta que nos llevará a la recuperación de la prosperidad colectiva.

Bajo esa mirada confiada, en El Universal acogimos la idea, sin precedentes, de unir a los miembros afiliados a la Asociación Colombiana de Medios de Información (AMI), en asocio con reconocidas marcas y empresas, para sólo difundir noticias positivas en la edición de hoy.

De los medios suele reclamarse que sólo publicamos noticias negativas. Es una afirmación absoluta y, por ende, inexacta. Si hay páginas llamadas a narrar los hechos que pasan, esto es, aquellos que rompen los moldes de la normalidad, en varias de nuestras secciones, por ejemplo, rutinariamente también ponderamos a políticos, funcionarios, empresarios, artistas, deportistas, líderes comunitarios y ciudadanos comunes por las cosas buenas que hacen, así como difundimos proyectos y logros de instituciones y entidades con o sin ánimo de lucro.

Pero, a no dudarlo, las circunstancias extremas e inéditas por las que atravesamos las generaciones a quienes nos ha correspondido habitar en este planeta azul -que es nuestra casa común-, en este paréntesis histórico causado por el coronavirus, podemos asumir tantas opciones de conducta como manifestaciones de la personalidad conforme con las singulares circunstancias de cada uno.

Pero hay sentimientos humanos que están allí disponibles para todos, que nos igualan en lo bueno, en lo noble y en lo bello, fuertes impulsos que siempre podremos encontrar, todos, allá en los recovecos de nuestras almas. Esos sentimientos, que provienen del amor y el respeto a sí mismos y a los demás, tenemos que hacerlos surgir como nunca antes para que, entre todos, dándonos aliento, de esposo a esposa, de madre a hijo, de hermana a hermano, de amigo a amiga, de vecino a vecino, de ciudadanos a gobernantes, nos digamos que sí podemos, que esta dura prueba, si las asumimos con coraje y entendemos el valor liberador del sacrificio, no habrá pasado en vano.

Si, por el contrario, nos quedamos ensimismados, ausentes de los demás y nos apartamos a rumiar desesperos, desconciertos, intolerancias e incomprensiones, sobre todo en el hogar o en el confuso entorno laboral, no sólo nos haremos daño a nosotros mismos y a quienes nos aman, sino que tampoco contribuiremos a modelar el carácter de ciudad o de nación que se requiere ahora para superar las barreras que nos está imponiendo un minúsculo pero agresivo contendor, que tiene la cualidad extraña de escoger, como selectivamente, a quienes dejar seguir y a quienes privarnos de su compañía. Pero, a pesar de su agresividad, ya sabemos que este bicho pasará y que seguiremos nuestra marcha.

La gran diferencia será en la forma como abordemos los retos que, a todos los niveles, estamos sorteando y vamos a enfrentar. Por eso, ánimo y fortaleza.

¡Y fe en lo que, juntos, podemos lograr!

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