A raíz del último retrato que se develó sobre Simón Bolívar cobra vigencia el ensayo que sobre el prócer escribió el cartagenero Jorge Dávila-Pestana Vergara, una semblanza que desentraña la faceta de enamorado y mujeriego que tuvo el Libertador en su época de juventud.
Se trata de “Pasión en París, vida íntima de Simón Bolívar y la condesa Dervieu Du Villars”, está basado esencialmente en la investigación de una etapa de juventud del Libertador vivida en París, donde se muestra a un Bolívar desacralizado, en un retrato poco conocido pero que, sin embargo, no deja de ser él, tan verdadero y real como el otro, el heroico.
La develación del último retrato que se le ha hecho al Libertador se dio el pasado 24 de junio en Caracas, en acto presidido por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, cuyo gobierno costeó los estudios científicos para buscar el rostro de Simón Bolívar realizado tras un análisis de sus restos.
Con Dávila-Pestana hablamos sobre su ensayo sobre ese Bolívar joven y enamoradizo.
El ensayo
¿Cuál es la temática central del ensayo?
Narrar uno de los idilios de Bolívar, protagonizado con una madura y refinada aristócrata francesa, Louise Jeanne Arnalde Denis de Trobriand, condesa Dervieu du Viilars.
Todos sabemos que el Libertador tuvo una larga vida amorosa, de diferentes calibres, pero esta tiene la particularidad de que ocurre cuando aún era un jovenzuelo, derrochador y licencioso.
Y es esta mujer, quien lo lleva a su tertulia y a otras de París, verdaderos cenáculos intelectuales donde se debatían temas de interés nacional.
¿Pudo influir la Condesa en lo que más tarde haría Bolívar en América?
Por supuesto que sí, Fanny como la llamaban sus amigos, mujer inteligente e intelectual, exaltó la imaginación de Bolivar y fortificó sus propósitos, recónditos y febriles pensamientos de emancipación que luego en América serían la única razón de su vigilia.
¿Qué tiene de nuevo este ensayo que ya no se haya dicho sobre el Libertador?
Como lo digo en la Introducción de Pasión en París, aparte de presentar unos retratos desconocidos de la noble francesa, nuevos datos biográficos de ella y una foto del castillo en donde pasó sus primeros años, no hay nada nuevo, ni nada que se desconozca.
La importancia del trabajo, a mi juicio, consiste en haber reunido en un texto toda una información diseminada en extensa bibliografía, y a cuentagotas armarla para producir un relato conciso, que más bien parece el guión de una película.
Debemos recordar que la adolescencia y juventud de Bolívar han sido épocas de mucha pobreza historiográfica, pues nadie podía presagiar lo que más tarde sería.
¿Por qué es importante que la gente lo lea?
Para los que le gusta la historia, porque es un aspecto totalmente desconocida de Simón Bolívar, y te lo digo yo que me tocó leer más de 50 bibliografías, en las que en algunas no encontré absolutamente nada sobre esta estadía en París.
Por otro lado, porque es un ejemplo de vida para la juventud y para cualquier ser humano, pues estar en el abismo y retroceder a tiempo con voluntad e ideales, es algo digno de encomio.
¿En qué se documentó para escribirlo?
Me tocó investigar en más de medio centenar de libros, algunos conseguidos por medio de la tecnología Google en bibliotecas tan remotas como la Nacional de París.
Me llamó la atención uno que leí en una biblioteca virtual universitaria de Estados Unidos, que tenía una dedicatoria hecha a un personaje de Barranquilla. ¿Cómo terminó allá, ¡Averígüelo Vargas!
¿Cuánto tiempo le llevó escribirlo?
Esta es lo que podríamos llamar la historia detrás de la historia de Pasión en París.
Un día recibí una llamada de Gina Bendetti, a la sazón embajadora en Panamá, quien quería que dictara una charla en la Sociedad Bolivariana de Panamá. Le dije que sí. Investigué sobre el segundo viaje de Bolívar a París y la dicté. Luego se me dio por seguir hurgando más y más, y lo que en principio fue una conferencia terminó en un ensayo. Todo este trabajo me llevó más de dos años realizarlo.
¿Cómo ha sido la crítica?
Bueno, hasta ahora he recibido positivo elogios. Hay uno que me llenó de satisfacción, y fue el expresado por Plinio Apuleyo Mendoza cuando leyó el machote del ensayo y que luego dejó plasmado en el prólogo.



