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En las cuatro calles de Leticia

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Leticia hace parte de Cartagena. No estamos hablando de la capital del Amazonas.

Para llegar hasta Leticia uno va hasta la vía de Mamonal y toma la ruta hacia Puerto Badel. No hay transporte público así que se llega en carro propio o en moto hasta una pequeña ensenada al lado del río justo enfrente de la vereda El Recreo. En este punto las personas pueden subir con facilidad hasta las lanchas o el ferry y se le cobran 10 mil pesos o 20 mil si la persona no es local. Hasta Leticia son unos diez minutos más o menos, sorteando agua.

La segunda alternativa es llegar hasta el corregimiento de Pasacaballos. Se llega hasta el puerto de las lanchas y se pagan 5 mil pesos hasta Leticia. Estas lanchas hacen dos viajes en el día. Uno a las cinco y media de la mañana y otro a las dos y media de la tarde más o menos. Así que quienes quieran ir desde Pasacaballos hasta esta vereda a otras horas que no sean estas, deben pagar una lancha particular que les cuesta unos 150 mil pesos.Tomamos la primera alternativa y mientras esperamos del otro lado del Dique, escuchamos clarito las clases en el colegio de El Recreo. “Ahora, le ponen una rayita a la letra G”, dice una potente voz de mujer. Los árboles se menean con el viento y vemos arrebatarse de vez en cuando el agua después que un ferry o una lancha pasen en sentido de la desembocadura del Dique.

Nos vienen a buscar y minutos después llegamos a Leticia, a la orilla del canal, donde un par de hombres desclavan estibas. El sudor en su frente cae al ritmo del movimiento con las herramientas. Ese será el material con el que construirán la casa número 86.

Un recorrido corto y a la vez extensoCaminamos junto a nuestra guía, Daniela Cervantes, miembro del Consejo Comunitario de Leticia. Tiene 25 años y conoce de cabo a rabo las situaciones que aquejan a su pueblo. Ella estudió Gestión Naviera y Portuaria y busca una oportunidad de trabajo.

Debido a los costos de acceso a esta vereda, son difíciles ciertas situaciones que en cualquier otra parte tendrían fácil resolución. ¡Gracias a Dios la gente no se enferma casi!, aunque en cuanto al parto en las mujeres, las costumbres ancestrales aún juegan un papel fundamental.

Daniela me cuenta que una vez a una embarazada la asistieron en una casita junto al muelle que está la orilla del Dique. En el pueblo aún hay parteras porque toca. No hay puesto de salud.Hay en Leticia una iglesia cristiana y otra católica, un colegio, dos tiendas, una nueva miscelánea, un puerto donde están las chalanas pescadoras, un muelle (con el que no están contentos porque les quitó el espacio para lavar y bañarse) y un cementerio con menos de diez bóvedas.

Mientras caminamos las cuatro calles que la componen, el polvo va levantándose. El sol hace que se nos ponga la piel brillante.

Llegamos al lugar donde están las chalanas en las que pescan a mar abierto. Es un “muelle” que ahora es charco, donde hay más lodo que agua en esta época de pocas lluvias. Las pequeñas embarcaciones están varadas en la orilla. Se juntan pálidas y resecas bajo el sol. Dentro, algunos nativos guardan sus trasmallos que parecen telarañas.Detrás de los matorrales sale un hombre de unos 20 años. Viene de bañarse en las aguas del Dique. En el hombro trae su camiseta y en las manos, medio jabón azul. Aún está mojado.

“Me llamo Víctor Alfonso”, me cuenta, “tengo 30 años y pesco desde los 20, o por ahí”. Yo me sorprendo por lo joven que parece. Su actividad económica depende de la pesca de róbalos, sábalos y lisas en su mayoría.

Nació en Cartagena, específicamente en La Boquilla. Luego de la separación de sus padres decidió irse a Leticia con su madre. Tiene una esposa y tres hijos.“¿Qué es lo que te gusta de vivir aquí?”, pregunto. No sabe qué responder primero pero luego dice que es un pueblo ‘tranquilo’ y que hace años que no sale de Leticia. No le hace falta regresar a Cartagena. Si necesita hacer mercado, le da el dinero a su mujer y ella se encarga. Dice que como no hay nada que hacer, los fines de semana bebe licor allí mismo en su vivienda o con amigos. Esa es su diversión. Se despide porque al parecer es hora de almuerzo. 

Pasamos por una casa hecha con estibas. Parece de juguete. Tienen una ventana y una puerta. Es un cuadrado que por dentro tiene imaginarias divisiones donde seguramente estarán el cuarto y la sala. “Tienen luz”, le digo a Daniela. Ella hace una mueca y dice, “mija pero si en Cartagena se va, acá te puedes imaginar”.

El aguaLos habitantes de esta vereda sólo tienen el canal del Dique como fuente de agua y es de allí de donde toman para su subsistencia. Para bañarse, para beber, para criar a sus pequeños cuando no hay dinero para comprar agua potable en las comunidades aledañas. Tienen que purificar esta agua con alumbre, o con cloro. La mayoría de sus 500 habitantes toma esa agua, que no es aprta para el consumo.

“Aquí llegó un proyecto para potabilizar el agua, que tenía dos fases. Pero hubo irregularidades y no se hizo ni la primera parte completa”, asegura Daniela. En esa primera fase tenía que llegar la bomba potabilizadora y el equipo con el que se haría la adecuación de la tubería y demás. No llegó nada. En la vereda ya tenían de antes una bomba para que el agua del Dique llegara a cada casa de la comunidad, pero se dañó y ya ni eso tienen.

                                           (…)Por último llegamos a visitar a Helena. Ella es la mujer más anciana de Leticia con más de 90 años. Tiene una peinilla incrustada en su pelo gris trenzado. “Y qué hace además de ver la TV para divertirse”, le pregunto. “Oficio, mija, siempre hay oficio”, responde sonriente.

LUIS EDUARDO APARICIO
LUIS EDUARDO APARICIO
Las chalanas, la embarcación donde pescan sábalos ... LUIS EDUARDO APARICIO
Las chalanas, la embarcación donde pescan sábalos ... LUIS EDUARDO APARICIO
Uno de los habitantes de Leticia descansa de su trabajo LUIS EDUARDO APARICIO
Uno de los habitantes de Leticia descansa de su trabajo LUIS EDUARDO APARICIO
La señora Helena, querida por todos LUIS EDUARDO APARICIO
La señora Helena, querida por todos LUIS EDUARDO APARICIO
El muelle de la vereda LUIS EDUARDO APARICIO
El muelle de la vereda LUIS EDUARDO APARICIO
La iglesia católica de Leticia LUIS EDUARDO APARICIO
La iglesia católica de Leticia LUIS EDUARDO APARICIO
Víctor, en su chalana LUIS EDUARDO APARICIO
Víctor, en su chalana LUIS EDUARDO APARICIO
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