Hay una prohibición que conecta a todos los transistores del placer humano. Una advertencia a darle rienda suelta al goce de los bajos instintos, ya sea por salud o por convención social. Pasa con la Coca-Cola, con la droga o el alcohol, y con desaforarse entre cobijas. “Todo en exceso es malo”, es lo que se dice.
En el predio de la salud mental, hay una máxima, tal vez un cliché, que relaciona a la creatividad sin límites con depresión y crisis existenciales que muchas veces han terminado con un balazo en el cráneo de un afamado artista. Lea: Leonardo Padura, el béisbol lo hizo el escritor que es hoy
Para el psiquiatra francés Michel Reynaud, citado por El País de España, “Los artistas son personas a menudo más sensibles, que sienten emociones fuertes. De cara al público, se trata de escritores, poetas, músicos o actores de gran prestigio pero, tras el éxito, se ocultan personas ansiosas, deprimidas o bipolares que viven la presión asociada a su fama en una especie de exaltación narcisista”.
La psiquiatría ha identificado que el cerebro es un generador eléctrico sadomasoquista, complejo, caprichoso, debido a que las redes cerebrales de donde proviene la creatividad son las mismas que son fuente de enfermedades mentales. Un disparo al pie de una naturaleza que abruma al que intenta entenderla.
El patíbulo
La lista de escritores que en medio de la fama, los reconocimientos y los lamesuelas, se han matado es larga. Quizás el más recordado en este triste registro es el Premio Nobel, Ernest Hemingway, autor de Adiós a las armas, París era una fiesta, El viejo y el mar, entre otras obras. Su vida trasegó entre la depresión, la irritabilidad y el narcisismo, lo que se desbocó en una psicosis, tratada meramente con alcohol, en el otoño de su vida. Se disparó con una escopeta el 2 de julio de 1961. Tenía 61 años.

Ernest Hemingway.
Edgar Allan Poe está considerado un referente de los cuentos de terror. Así como es oscura su excelsa obra también lo fue su vida marcada por la inestabilidad mental y los vicios. No está claro cuál era su padecimiento, si trastorno bipolar o epilepsia, pero fue encontrado inconsciente en un callejón vestido con ropa ajena y luego lo ingresaron en un sanatorio donde murió días después. Por sus venas recorría mucho alcohol y drogas. Murió en 1849 con 40 años.
En el mismo fondo también estuvo la afamada escritora Virginia Woolf. La pionera de la defensa de la mujer en el arte fue víctima de abusos familiares y de diversos problemas mentales como trastornos bipolares, debido a la tristeza que provocó el haber perdido sus padres siendo muy joven. Se tiró a un río con un abrigo lleno de piedras en sus bolsillos.

Virginia Woolf.
Por su parte, el italiano Cesare Pavese, poeta y novelista, nunca pudo escapar de la soledad. Se suicidó en la habitación de un hotel de Turín luego de recibir un centenar de aplausos tras recibir un premio por El bello verano. Con la misma nacionalidad, Primo Levi, sobreviviente de los horrores nazis en Auschwitz, se lanzó por el hueco de un ascensor en la misma Turín. Se supone que no logró noquear a la ansiedad y la tristeza que traumatizaron a un alma que vivió tales vejámenes.
Origen e invitación
Para Jeffrey Borenstein, presidente del Instituto de Investigación del Cerebro y el Comportamiento de Nueva York, algunos tipos de personalidad son más propensos que otros a estos trastornos. Los escritores tienen una sensibilidad artística tan colosal que sienten con mayor intensidad las emociones y observan su alrededor con mayor detalle, encontrándose con un mundo defectuoso, injusto y selvático que les afecta en mayor manera por los sucesos y por sus propios pensamientos.
Sin embargo, aunque son presas de la introspección y analizan el mundo como otras personas no lo hacen, dicha cualidad es una ventaja a la hora de plasmar las fisuras sociales y existenciales en la hoja en blanco.

Para muchos, David Foster Wallace, quien se suicidó con una soga al cuello, era un genio que iba camino a ser un escritor de culto.
Para el escritor y psiquiatra, José Antonio Pérez Rojo, autor de Los escritores suicidas, “el suicidio sigue siendo un tema tabú. No se invierte en prevención”. Para el español se requiere mayor hincapié gubernamental e institucional en la prevención. “Hay poca información y poca inversión”, disparó.
Con respecto a la prevención del yugo que provoca el lirismo en la mente en ciertas artes, hay que entender que la salud mental no es una cuestión que se apague con un suiche, como evoca la propaganda de Pharmaton; sino que hay que entender que ninguna herida sana sin cicatriz, como cantó Canserbero, rapero venezolano que se lanzó de un décimo piso.
Comprendido esto, no puede ser una asignatura pendiente para los gobiernos y las instituciones de salud, la necesidad de implementar programas de intervención para la prevención del suicidio y otros padecimientos mentales. Múltiples campañas y canales, bajo esta lógica, en países latinoamericanos lograron una disminución en los síntomas depresivos, la desesperanza y la ideación suicida después de su implementación.
