El boxeador Mario Rossito pelea contra la pobreza y el olvido

ENVIAR PÁGINA POR CORREO

A Melba Ramírez le duele hasta el alma. Y cómo no, si aún a sus 63 años debe batallar cada día por ella y por su compañero de hace más de 50 años: el boxeador cartagenero Mario Rossito. De los años de gloria y de veladas boxísticas, que lo llevaron a disputar el título mundial Welter Junior frente al venezolano Carlos ‘Morocho’ Hernández, quedan solo recuerdos. Hoy está postrado en una silla de ruedas y ahora sus rivales son la pobreza y su cuerpo ya deteriorado. Esta vez, su esposa pelea y habla por él. Ella también se ha enfrentado a varias batallas y no precisamente dentro de un ring.

Melba y Mario se conocieron en el año 67 e hicieron una vida juntos. Para esa época –dice– él se estaba retirando del boxeo, la situación estaba un poco dura y ella lo ayudaba con lo que se ganaba lavando ropa, a mano y en batea, en varias casas de familia.

Viven en el sector La Heroica, en el barrio Daniel Lemaitre, en una casa que, por fortuna, compraron con un dinero que le dio el Gobierno a Mario por pelear el campeonato mundial de boxeo. Y allí permanece siempre, casi inmóvil, en una silla de ruedas y con los ojos cerrados. De vez en cuando pasa su mano izquierda por sus ojos o trata de mover sus piernas. Cuando habla, con dificultad, solo le pide a Melba que lo acueste. “Él lleva mucho tiempo así”, asegura la mujer.

Mario nunca se quejaba por nada e, incluso, le ocultó que estaba perdiendo la vista. “Cuando existía la Clínica Vargas, el doctor Luis Eduardo Vargas le daba un almuerzo diario, él iba y lo buscaba, hasta que un día se cayó con el almuerzo y el doctor me llamó para decirme. Lo llevé al médico, le hicieron un examen pero no se podía operar porque tenía los nervios ópticos destrozados por los golpes. Eso le dejó el boxeo. Después de eso le ha dado todo, ha sufrido dos trombosis”.

El hijo de ambos los acompañó en esta tierra hasta hace tres años. Trabajaba como peluquero en su propia casa, pero murió a sus 37 años debido a un derrame cerebral y, desde entonces, a Melba le ha tocado prácticamente sola. “Salgo a planchar. Me llaman y voy al Pie de La Popa. Una vecina me lo cuida (a Mario) y de lo que me gano le doy algo a ella”, narra Melba, y explica que para ganarse 50 mil pesos debe planchar 50 piezas.

“Me dan dolores en la cintura, más que todo por el esfuerzo que tengo que hacer con él para pararlo. Cuando estoy planchando y ya voy por la mitad, la espalda parece que se me quisiera abrir”, continúa y no desaprovecha la oportunidad para manifestar su agradecimiento hacia dos sobrinas de Rossito, una en Bogotá y otra en Estados Unidos, y a la mamá de su nieta, que los han apoyado. “Hay días que no tengo para comprar los pañales desechables, ni de los más baratos, porque la EPS no se los da. También necesita ‘Ensure’ y, a veces, lo que puedo darle es una tiamina”.

Melba ha recibido varios derechazos: el estado del amor de su vida, la muerte de su hijo, la situación económica. Ella llegó desde Manizales, la tierra donde nació, siendo muy joven. Dice que se vino sola por “andariega”, aunque tal vez quería escapar del sufrimiento de haber perdido a sus padres en un accidente. “No he cogido carretera (no ha perdido la razón) porque Dios me ha ayudado. La situación es bien dura. A veces compro una cajita de gaseosas para vender y paso hasta una semana sin vender una sola”.

De acuerdo con Melba, Mario Rossito ha sido olvidado por el Gobierno y sus entidades deportivas. “Él no tiene una pensión ni ninguna ayuda. Hace varios años, Coldeportes le daba un apoyo mensual, pero después dijeron que no era de por vida. Hace unos días estuvieron por aquí y dijeron que iban a tratar de ayudarlo, ojalá y así sea. Nosotros recibimos el subsidio de la tercera edad, cada dos meses, y eso lo uso para pagar los servicios”, señala Ramírez.

A pesar de todo, nada empaña el recuerdo que Melba tiene de esos años en que Mario Rossito gozaba de buena salud. “Su voz era ronca. A mí me gustaba todo de él. Era un hombre muy elegante, vestía muy bien. Mire cómo se ve en esa foto”, sostiene mientras señala con su mano derecha hacia una pared, en la que conserva varios retratos y recortes de periódico.

“Sus boxeos buenos los tuvo en Tokio (Japón), Filipinas, Sao Paulo (Brasil)... cuando eso no nos conocíamos. Su última pelea fue aquí, en Cartagena, con el difunto Rodrigo ‘Rocky’ Valdez, y ganó. Tuvo unas peleas en el Circo Teatro y eso se ponía que no cabía un alma, bajo palos de aguacero. Vi pelear a Mario botando sangre por la nariz, por la boca y siempre estaba parado, como un varón, fue un buen boxeador y toda Cartagena lo sabe. Tenía mucho pundonor. Él nunca se ha quejado, siempre ha sido fuerte, se queja ahora, cuando lo voy a acostar, porque le duelen los huesos, las piernas...”.

Melba recuerda también la costumbre de Mario Rossito al terminar una pelea: “Se iba para la playa y se daba un baño de mar porque decían que el agua salada era buena para los golpes. Él siempre ha sido una buena persona, buen amigo. Nunca peleó con nadie en la calle, sus pelas eran solo en el ring”.

Su carrera como boxeador

Mario Rossito fue uno de los boxeadores colombianos más corajudos, de más pundonor. Así lo describe el periodista deportivo Freddy Jinete, quien recuerda que en la década de los 60, en la que hubo mucha pasión por el boxeo en Cartagena, anunciar el nombre de Rossito aseguraba buena asistencia del público al ser garantía de un buen espectáculo. “Cuando veía sangre en su rival, o la sangre en él, eran más enconadas las peleas. Peleó en casi todas las plazas importantes de Colombia y posteriormente peleó por título mundial, en 1965, con Carlos ‘Morocho’ Hernández, con el que perdió por puntos. Dejó de pelear en 1968 y en total ganó 45 peleas, entre esas 13 por nocaut, perdió 11 y empató 6”.

Jinete indica que la pelea de Mario Rossito con Rodrigo Valdez, en 1967, en el Estadio 11 de Noviembre y que los jueces dieron como empate, ha sido considerada una de las mejores peleas de colombianos en toda la historia.

Ahora te puedes comunicar con El Universal a través de Whatsapp

  • Videos
  • Mensajes
  • Fotos
  • Notas de voz

cuando seas testigo de algún hecho noticioso, envíalo al: 321 - 5255724. No recibimos llamadas.

LEA MÁS SOBRE Facetas

DE INTERÉS