Así como si sus ancestros le dictaran notas de un pentagrama, desde otras latitudes, con el eco de los sones fundidos en una conexión milenaria, el ritmo vibró en el cuerpo Chinedu Nwokeafor. En una calle de la Cartagena antigua y colonial, transformada por el tiempo pero que mantiene su esencia, él se dejó poseer de forma espontánea, como si esos ancestros movieran los hilos de su cuerpo a un son que solo ellos saben perpetuar. El corazón de África late con fuerza en Cartagena, tanto como para “contagiar” -o más bien despertar sus raíces- a un turista del que nadie sabía nada, pero cuyo video bailado una canción africana mientras caminaba por el Centro Histórico fue lo suficientemente genuino para volverse viral. Quienes han visto aquel video quizá desconocen que la canción en el argot popular cartagenero se llama Sebastián, pero que su nombre original es Icha, del género soukous, y que es el mismo tema bailado por Shakira en el Super Bowl. (Le puede interesar: El segundo bautizo de la música africana en el Caribe colombiano)
Y quienes vieron ese video quizá no conocen la historia de activismo y lucha por reivindicación de su protagonista, un hombre ‘negro’ albino, que pasaba vacaciones en Cartagena con unos amigos, cuando esa música que tanto le gusta lo sorprendió. “Soy de ascendencia nigeriana, toda mi familia y herencia vienen de Nigeria”, explica Chinedu.

Se crió muy lejos de África, en EE. UU. “Crecí en Washington -añade-, más específicamente en el estado de Maryland, en Bowie. Fue muy interesante crecer con un estilo de vida suburbano, criado por padres nigerianos en una sociedad americana. Hubo un poco de choque cultural pero me ayudó a ser la persona que soy y estoy muy agradecido”.
Detrás de este turista hay una historia familiar que él mismo describe como muy interesante: “Mi padre trabaja en una universidad, es el decano de estudios de posgrado y también profesor. Mi mamá es enfermera, así que vengo de un entorno muy educado donde siempre la cultura y la educación eran muy importantes”, relata.
Y nos cuenta también que es un “ingeniero de oficina”. “Estudié realmente Comunicación en la Universidad de Morgan State, en Baltimore. Obtuve mi diploma de artes en Comunicación de Voz y mi maestría en Ciencias en Supervisión de Proyectos. Actualmente trabajo en una compañía de construcción como ingeniero de oficina”, detalla.
Explorar el mundo
“He tenido la oportunidad de viajar a muchos países”, precisa. Y en esa exploración ha estado en su país de origen, Nigeria, más de seis veces. “He visitado también China, Dubái, Cuba, Islandia, Puerto Rico y, recientemente, Colombia. Lo que he intentado es obtener una visión global de la vida, para aprender más de otras culturas y apropiarme de lo que quiero incorporar a mi propia cultura y compartirla, no solo por pasar vacaciones. Es un mundo muy grande, para qué estar estancado en un solo lugar”, detalla.
Y así, como cuando estás lejos de casa y hallas un tesoro que te hace sentir como si verdaderamente estuvieras en tu hogar, escuchó esa canción en Cartagena. “Una experiencia que sobresale en mis viajes ha sido visitar Colombia, porque desde el momento en que escuché esa música fue muy extraño para mí, porque mis amigos y yo estábamos muy emocionados, buscábamos un mercado y justo allí, cuando pasábamos por un callejón, escuché el sonido. Les dije a mis amigos que nos detuviéramos. Teníamos que seguir ese ritmo, yo lo conocía, sonaba a África sin importar que estuviera a miles de kilómetros”, sostiene.
“El sonido era muy familiar y me hizo sentir en casa. Cuando lo escuché, inmediatamente, sonreí y las personas sonreían. Nos entendíamos sin hablar, bailando juntos. No fue tanto como sentirse como una celebridad, sino como si conociera a mi familia de nuevo, en otro lugar... Fue un momento hermoso. Y cuando regresé a Estados Unidos el video se había hecho viral, nunca esperé que eso sucediera. Fue un momento realmente maravilloso”, añade.

Cartagena, una gran decisión
“Terminé yendo a Cartagena porque mis amigos y yo somos hombres negros que viajamos cada año a un país diferente”, explica. El plan inicial era visitar a Tanzania, pero la pandemia se interpuso y, al ver que Cartagena era la siguiente en la lista, decidieron conocer la ciudad. “Fue una bendición. Sabía que Colombia era un país hermoso. Al llegar fue increíble. Fuimos a Playa Blanca, al Castillo de San Felipe. Compré este anillo que tiene una esmeralda, por lo que aprendí que el 90% de las esmeraldas son de Colombia. Lo conservo para llevar la cultura conmigo. Cartagena es un gran lugar”, sostiene.
Una ciudad en la que ha sentido una conexión única. “Cuando pensé sobre África en Cartagena -continúa-, pude ver algo muy interesante. Descubrí que al conocer personas negras teníamos una conexión inmediata. No teníamos que hablar la misma lengua y estábamos en sintonía, ya fuera con las sonrisas o con la música. Eso me recuerda cómo son las cosas en África.Del mismo modo que cuando viajas a otros lugares y conoces personas afrodescendientes, se siente un ambiente familiar, como si estuviera en Nigeria de nuevo, en la villa de mis tíos y tías”, afirma y complementa: “Honestamente, ver cómo este video se hizo viral hizo que mi mente volara, porque desperté un día y revisé mi WhatsApp y encontré un mensaje de quien nos hospedó en Cartagena, decía: ‘Eres tú’, y me compartió el enlace con más de 2 millones de vistas. Yo pensaba que quien había grabado lo hacía para él, así que ver cómo ese pequeño acto causó un impacto tan grande muestra que la cultura africana se traduce y disfruta en todas partes sin importar lo apartados que estemos. Es una cultura hermosa”. (Lea también: James Guitard, el hombre detrás de los murales en Barrio Chino)
Un sentido social
Chinedu Nwokeafor ha buscado darle un sentido social a sus viajes por lo que en Cartagena, junto a sus amigos, aprovechó para donar útiles escolares. “Logramos ir a una escuela y conocimos a niños de primaria. Les entregamos libros de lectura, para colorear, lápices, marcadores, etc. Estar en Colombia era un honor, no era suficiente gastar dinero como turistas, era muy importante retribuir”, destaca el hombre, que en Estados Unidos es un activista por los derechos afro. “Ser un albino, negro, de una primera generación de africanos ha impactado mi vida de muchas maneras. Fue duro cuando era un niño porque las personas decían: ¡Oh!, tú luces blanco, pero tus padres son negros, seguro tu mamá debió ser infiel. Al principio lo veía como algo negativo y decía: Dios, ¿por qué tenía que ser diferente?, pero más adelante, para que ese reto fuera diferente, di un paso más allá, me convertí en un líder a mi manera. Fue muy difícil por las bromas, pero ni siquiera sabía si era merecedor de lo que significa ser un hombre negro en América. Y pienso que, a través de mi despertar espiritual, y a través de las cosas que me interesaban, como el trabajo voluntario, fui capaz de ver el orgullo que representa ser un hombre negro, que no es una sentencia de muerte ni algo por lo cual apenarse. Yo camino bajo todos los tonos de lo que me hace un individuo”, comenta aquella prueba de que los latidos de la madre África traspasan fronteras.
