Bryan Lara, el cartagenero que cumplió el sueño de llegar a la NASA

10 de marzo de 2019 12:00 AM

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El celular de Ingrid Tovar sonó un día cualquiera de 2017, en Cartagena. En el extremo opuesto del mundo sonaba la voz de su hijo, Bryan. La conversación, más o menos, fue así:

- Mamá, ¿recuerdas que te conté que metí una hoja de vida a la empresa de mis sueños?

- Sí, hijo.

- Bueno, me llamaron.

- ¿Y dónde es, cuál es la empresa?

- La NASA.

Bryan narra que, al escuchar la buena nueva, a su mamá la embargó la alegría, el orgullo, pero también la nostalgia, porque sabía que no se verían por un buen tiempo más. Lo felicitó y le deseó mucha suerte.

***

No cualquiera cumple el sueño de trabajar en la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, NASA. Muchos de nosotros a lo mejor tuvimos ese deseo de ser astronautas. El de Bryan Lara Tovar no era exactamente ese, dice que: “siempre, desde pequeño, quería ir a Estados Unidos. Siempre me gustó la NASA y siempre quise ir a un museo de la NASA”.

Bryan es cartagenero. Se crió entre los barrios Alameda La Victoria y El Socorro, donde conserva a sus amigos. Estudió bachillerato en el Colegio Mixto de La Popa, cuando llegó el momento tuvo que elegir entre la música y los números.

En casa, su papá, Vicente, amante del rock, decidió llamarlo Bryan, en honor al músico Bryan Adams. Y también llamó a sus hermanos Elton y Erik, en honor a Elton John y Erik Clapton. De ahí, un poco el gusto por la música en la familia Lara Tovar. “Eso fue todo un proceso porque yo quería estudiar música, siguiendo los caminos de mi hermano mayor. Él sí estudió música, pero mi mamá me dijo: ‘no, mijo, búscate algo más serio’”.

Con su hermano, desde pequeño, también compartía el gusto por armar y desarmar aparatos electrónicos, así que eligió estudiar ingeniería electrónica en la Universidad Tecnológica de Bolívar.

-¿Eras bueno en matemáticas?, le pregunto.

- ¡Nunca!, casi pierdo un año en el colegio, porque me tocó nivelar matemáticas e inglés. Pero yo digo que no hay nada difícil, hay que ser perseverante. El primer semestre de la universidad me dio durísimo, casi pierdo cálculo.

Entre más difícil se tornaba la carrera, más persistente era Bryan. “Yo, como dicen por ahí, me daba puñal fuerte (estudiaba mucho), pasaba en la biblioteca, le preguntaba a los profesores. Hablando con las muchachas de la Universidad Tecnológica, sobre cómo llegué a donde estoy ahora, les decía que era perseverante. Ellas me respondieron que yo era más bien ‘intenso’, cual de las dos sea la palabra más adecuada”.

Italia, el primer destino

“Cuando comencé la ingeniería electrónica pensé que mi vida estaba tomando otro rumbo y no iba a llegar allá”, a la NASA, refiere. En su universidad, preguntó en la Oficina de Internacionalización por convenios en Estados Unidos. En su carrera le ofrecieron una doble titulación, complementando con ingeniería eléctrica... “También me ofrecieron un intercambio. Era una maestría en ingeniería eléctrica, en el Politécnico de Torino (Italia). Salía con mi maestría antes de terminar el pregrado acá, yo dije: bueno, suena chévere. Partí en 2014 con unas expectativas, mi vida cambió allá. Es una decisión que menos mal tomé”, narra.

Alterna a la maestría, tenía otra pasión. “En Cartagena tomaba fotos de eventos, en Italia en principio era un hobby pero unos amigos vieron mis fotos y me recomendaron con un DJ que hace fiestas y eventos en Torino, entonces yo trabajaba como fotógrafo”.

-¿Cómo pasaste de Italia a la NASA?

- El último examen de la maestría lo hice en enero de 2017 y estaba listo para la tesis. Quería algo fuerte, un trabajo de tesis bacano. Decidí empezar a buscar tesis en empresas, mandé hojas de vida y cartas de motivación a la Agencia Espacial Europea, Intel, Google. No me aceptaban. Yo tenía en mi computador unas calcomanías de la NASA y una amiga italiana, Giada Ferrero, las vio y me dijo: ‘Y tú, que eres tan apasionado por la NASA, ¿por qué no mandas tu curriculum para la NASA?, nada pierdes’. Mandé al laboratorio Jet Propulsión Laboratorio (JPL), en California”.

Pasaron los meses sin respuestas. Cuando había decidido hacer su tesis en Torino, sucedió algo. “Después de seis meses, recibí un correo. Era de la NASA, mi perfil se adecuaba a lo que estaba buscando un investigador de allá. Solo seleccionaron a cinco de un montón. Todos eran italianos y yo el único colombiano. Llamé a mi mamá y le conté. En noviembre llegué a California, el 27 de noviembre fue mi primer día, estaba lloviendo. Al llegar y ver el logo grande de la NASA dije: ¡Ahora sí me fui lejos de verdad! No me salían las palabras, fueron como tres días que no creía que estaba allá”, dice.

Volver a casa

Bryan me cuenta que no todo es color de rosa y no todo es felicidad. En esta historia también hay sacrificios, muchos. Para llegar a la NASA, debía costear su manutención, consiguió una beca del mismo Politécnico de Torino y de otra organización italiana. “El dinero me alcanzó para los primeros seis meses, que era lo que duraban las prácticas. Después fue que vino la necesidad, me propusieron quedarme otros seis meses y yo acepté, pero no pensé en eso”, refiere.

“Nunca regresé a Colombia, desde que me fui a Italia, porque no tenía para pagar los pasajes, eran muy caros. Entonces volé de Italia directo a Estados Unidos, en los diciembre estuve siempre solo. Alguien me preguntaba cómo hacía para ver a mi familia, yo le respondí que no, que no los veía”, narra. Hasta que un conocido, de corazón inmenso, le ayudó a conseguir unos pasajes a Cartagena. “Ahí fue que pude ver a papá, a mi mamá y mis hermanos, después de casi cuatro años por fuera, fue precisamente para un Día de la Madre”.

Bryan volvió a Cartagena recientemente, para visitar a su familia y voló de nuevo a California, para seguir trabajando en la empresa de sus sueños. “El contrato que tengo es el mismo, como practicante, pero en realidad ya no estoy haciendo prácticas, sino que soy investigador, sigo siendo un empleado afiliado a la NASA”, dice.

¿Qué te gustaría hacer en un futuro?

-Como te digo, tengo muchas cosas en mente, muchos hobbies, pasiones, quisiera tener mi propia empresa. Pero otra cosa que quiero es continuar en la NASA, no me veo en otro lado. También quiero tratar de ayudar a quienes quieren vivir su experiencia como yo. Nací en un barrio de estrato un poco bajo, imagínate, si yo pude (...) Me demoré cinco años para llegar a Estados Unidos pero llegué, por eso digo que uno tiene que ser perseverante.

Un premio en Roma
“Cuando envié mi hoja de vida, no era mi primer contacto con la NASA, porque en el 2015, buscando proyectos de la NASA, había encontrado un concurso a nivel mundial de creadores e investigadores. En 2016 me inscribí, participé en Roma, y ocupamos el tercer puesto a nivel Europa, nos dieron como 500 euros repartidos entre todos, éramos como ocho en el grupo. Pero ese era un programa completamente diferente”, explica Bryan.
Espera grado
Tras cursar su maestría en Torino, que también le valía como tesis para su carrera de pregrado en la Universidad Tecnológica de Bolívar, Bryan no pudo viajar a Colombia a recibir su título de ingeniero electrónico. Su mamá, Ingrid, asistió de forma honoraria a la ceremonia para tomar el diploma en nombre de su hijo. Bryan espera regresar a Colombia para recibir su otro título, el de ingeniero eléctrico, que también cursó y aprobó en la Tecnológica de Bolívar.

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