Venezuela: ¿Qué vendrá después del apagón?

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Venezuela tiene todas las plagas”, escucho decir a una colega. Pasó una semana caótica, reinó en sus calles el desasosiego, la incertidumbre, la incomunicación; sed, oscuridad y temor ante la adversidad de lo que pueda o no suceder. ¿Qué puede salir peor?, sin energía, sin agua, sin dinero, sin alimentos, sin medicinas, sin transporte. Es como una de esas películas posapocalípticas donde todos los sistemas fallan, pero real.

Camila*, Centro de Caracas: “Con el apagón, antes de las 6 p. m. era que podíamos salir, porque si nos agarraba la noche en la calle, ¡eso era un peligro! Nos amenazan los colectivos (grupos de motorizados armados), echan tiros al aire y si matan a alguien nadie se va a hacer responsable. En mi edificio cerraban todo con candado, como hay doble reja, los vigilantes quedaban adentro cuidando, nadie entraba o salía, estábamos autosecuestrados, porque se nos podían meter los mismos colectivos”.

Camila es caraqueña, relacionista pública. Una entre los millones de venezolanos afectados por el apagón de unas 120 horas que hubo en todo el país. “Vivo en un piso 28. Yo sola en una oscuridad absoluta, ¿te puedes imaginar? Aquí, en este apartamento, se escuchan los tiros que hacen en las calles... No funcionaba el ascensor, durante el apagón tuve que bajar 28 pisos por las escaleras, para tratar de buscar algo de agua, porque se fue el agua, y luego subir esos mismos 28 pisos, poquito a poco”, es su relato.

¿Cómo son los días cuando todo falla? Camila contará que, al bajar a buscar agua y frutas, para colmo de males, no tenía un solo bolívar. “No hay reales (dinero), no hay efectivo en las calles, tampoco podíamos comprar con tarjetas débito, porque sin energía no había líneas, no funciona el datáfono, ni los cajeros electrónicos. El señor del supermercado, colaborando, como me conocía, lo anotó para que le pagara al regresar la luz. Así hacía mucha gente. Las carnicerías daban carnes y quesos a precios regalados para que no se dañaran. Todo lo vendían en dólares porque no hay bolívares”, me dice desde allá.

Bajando esos 28 pisos se reprochaba y se preguntaba hasta cuándo durará el martirio, el panorama difuso posado bajo el cielo de Caracas, y Venezuela entera, hace tantos años ya. Y escuchaba lamentos de sus vecinos, como el de Mónica, bastante cercana. “En el Hospital Infantil J. M. de los Ríos, para el jueves, cuando hubo el apagón, hubo neonatos que fallecieron”, comenta. Bajando o subiendo las escaleras, también se topó con las puertas clausuradas de muchos apartamentos vacíos, porque sus ocupantes se han marchado del país. “Sí, se han ido, pero muchos nos hemos quedado luchando”, asegura. Veía cómo otros tantos vecinos prestaban sus estufas a gas a quienes no les funcionaban las cocinas eléctricas e intercambian alimentos. Mataban el hambre a oscuras.

“Aló, sí, ¿me oyes?”

Arianna Díaz es madre de tres niños, vive en Sabana Grande, Caracas. El 7 de marzo de 2019, cuando una falla eléctrica afectó el servicio de energía en casi toda Venezuela, quiso llamar a su papá en Colombia, para avisarle que todos estaban bien. Con la energía también cayó el Internet, la señal de celular, las líneas de teléfonos fijos y los datos móviles. Todo. “Retrocedimos unos cien años más o menos (...) Nos tocó encerrarnos, a oscuras, con velas, escuchado lo poquito que podíamos en la radio, una de baterías. Aquí el AM no sirve mucho porque el Gobierno lo tiene saboteado, trabajan unas dos emisoras y por ahí era por donde sabíamos qué había pasado, que el daño iba para largo, pero no lográbamos comunicarnos, ni siquiera con dos tíos que viven cerca. La esposa de un primo falleció en el Hospital Domingo Luciani a causa del apagón, el primer día. Ella venía muy complicada ya”.

Cualquiera podría pensar que el mayor miedo en un apagón es estar expuesto a la delincuencia, más en una capital como la de Venezuela. “Más que miedo de salir a la calle está el hecho de que no había cómo. Por ejemplo, yo no tengo carro, no podía llamar a un taxi y no funcionaba el metro, que es el principal medio de transporte en Caracas. Entonces veías a mucha gente caminando. Quienes tenían planta eléctrica te cobraban hasta un dólar por cargar la batería de tu celular”.

Pero hablando de temores: “Mi miedo más grande era la comida que tenía en la nevera, son cosas que aquí cuestan y mucho. Cristian, aquí no todo el mundo come carne, ni huevos, ni pollo, eso aquí es difícil. Si se pudre, si se daña, ¿entonces qué? Aquí ganamos en bolívares pero comemos en dólares. Una bolsa de hielo la vendían hasta en cinco dólares”.

Oscuridad a secas

Antes de que el apagón dejara sin agua a los caraqueños, en municipios como Guarenas ya no tenían el servicio. “El agua se fue hace dos semanas, vino dos veces por unas horas. Hasta hoy no tenemos agua. En Guarenas hubo saqueos, al abasto Día Día y a una licorería, los saquearon, yo lo presencié. Hoy los cuerpos policiales se han llevado a varias personas detenidas, la situación está un poco tensa.... Había un solo sitio donde podíamos comprar hielo y la cola (fila) era infernal, entonces sobrevivimos como podíamos”, me explica Daniel Pérez, conductor de taxi. “Las imágenes esas que viste de gente recogiendo agua del contaminado río Guiare, no son montajes, los mismos policías recogieron agua de ahí”, me contaba Mónica. Y Mare Álvarez, también de Caracas, narraba: “Como no había energía, se fue también el agua en la ciudad. En la Cota Mil, cerca de la montaña, hay una toma de agua que es de manantial y el domingo llegamos al punto de ir allá por agua, había unas filas grandísimas. Otra cosa muy dura fue el bloqueo informativo, es muy desesperante no saber qué era lo que estaba pasando”, refiere.

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“Sí, hermano, cada vez la cosa se pone más dura, pero tú sabes, ahí vamos sobreviviendo, ¿qué más podemos hacer?”, me afirma Daniel. Y es que en un país donde el castaño ha pasado a oscuro, de muchas formas posibles, si algo sobrevive es la esperanza, pese a todo. “En la calle lo que hay es incertidumbre, angustia y miedo, no sabemos en qué momento se va a ir la luz. Es la realidad que estamos viviendo, aunque uno diga para adelante, porque es para adelante que tenemos que ir los venezolanos, este régimen cada día nos reprime más”, sostiene Mónica. “Esto nos ha afectado sociológicamente de muchas formas, ya estamos cansados de tantos muertos, de tantos niños desnutridos”, sostiene Camila. “Ya se ha restablecido la energía, pero todavía hay zonas sin luz y otras en las que viene y va, al igual que el agua, pero lo que desconsuela es que lo de Venezuela no se cura con que se restablezcan los servicios, aquí se vive una crisis mucho más profunda, pero ahí vamos, tratando de salir adelante”, concluye Mare.

Todos se preguntan: ¿Qué más tiene que pasar en Venezuela?

*Nombre cambiado.

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