Un ‘ángel’ que guía a venezolanos

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Sí lo habíamos pensado, pero no pensé que realmente lo íbamos a cumplir (...) Dejo a mi mamá, dejo a mi hermana, dejo el sueño que amé, a mi uniforme, y me duele saber que no lo voy a portar con orgullo”, dice una militar venezolana, recién cruza la frontera con Colombia. Habla de su escape de la dictadura de Nicolás Maduro, en un testimonio al diario La Opinión de Cúcuta. El 23 de febrero de 2019, sus superiores venezolanos la acusaron de traicionar a la patria. Todo porque se despidió con un abrazo de otro militar, antes de que él corriera y pasara la ‘raya’ hacia Colombia. “Los jefes directos de nosotras habían dado la orden de presentarnos como traidoras. Por eso decidimos pasar (...) Esperamos ser una inspiración para que las femeninas de la Policía Nacional se revelen y se den cuenta de que Venezuela no está bien”, dice otra compañera, con la que huyó del régimen socialista implantado por Hugo Chávez Frías.

El éxodo militar

Ese 23 de febrero, mientras millones de personas veían a través de sus televisores la tensión en la frontera, en el intento de llevar ayuda humanitaria en camiones hacia una Venezuela en crisis, el padre Sergio estaba ahí, viviendo el desespero en carne propia. De cerca, del lado de Cúcuta, en el puente de Tienditas, el sacerdote prestó lo que llama ‘primeros auxilios sicológicos’ a muchos de aquellos militares venezolanos que ese día comenzaron un éxodo, un escape sin precedentes hacia Colombia para huir de la crisis económica en su tierra y de la opresión.

Ha pasado una semana y el sacerdote, de la Iglesia Católica Apostólica Nacional Colombiana, no baja la guardia. Él sigue firme, ayudándoles en cuanto puede, con cuanto puede, a los militares de la República petrolera. “La verdad, esto ha sido un reto, porque yo ni siquiera estaba preparado ese día para ayudar a pasar a nadie, para nada... Solamente yo iba porque me invitaron diputados de la Asamblea venezolana para servir de garante y de veedor. Yo hice una convocatoria pero no asistieron miembros de la Iglesia Católica Romana ni de las iglesias cristianas, parece que pudo más el miedo”, me explica al otro lado del celular.

“Le presentamos a este oficial de alto mando venezolano para que lo coordine, lo ayude y le diga cómo son los pasos a seguir”, le dijeron cuando llegó a la frontera y un uniformado venezolano acababa de cruzarla. Dice que lo más impactante de todo ha sido ver a los venezolanos llorando ante la quema de las ayudas humanitarias en el puente Simón Bolívar, incineradas cuando intentaban ingresarlas a ese país, “eso les daba a entender a los venezolanos que todavía siguen sumidos en el régimen”.

“Fue una jornada demasiado maratónica y tensionante porque no tenía una casa dispuesta para recibir a nadie. Estuvimos desde las 7 de la mañana del sábado hasta la una de la madrugada del domingo en la frontera. Hice unos videos donde tuve la oportunidad de dialogar con Juan Guaidó, el presidente interino de Venezuela, y la respuesta de la gente fue inmediata, comenzó a llegar mercado, ropa, medicinas. En una hora y media tocó alistar todo, eso fue tiempo récord, a las nueve de la noche lo teníamos todo listo. Cuando llegamos en el bus custodiado con los militares, a la una de la madrugada, los fieles de la comunidad estaban ahí, preparados para recibirlos”, narra. Esa madrugada, albergó al menos a 40 uniformados, aunque ese día ayudó a atender a muchos más.

Más que ayudas

“Damos esos primeros auxilios sicológicos para que ellos también empiecen ese empalme con su nueva realidad. Es un cambio completo de ellos, a proyecto de vida”, me dice el padre Sergio. Ahora habla más sobre cómo han tendido una mano a quienes vienen hacia Colombia, en ese cruce desesperado e incierto. Incluso, espiritualmente, si así lo requieren. “Este fenómeno social lleva dos años, dos años en los que yo, por lo menos, vengo trabajando con un número minoritario de militares que me buscaban, se hacía todo el puente respectivo con Acnur (Agencia de la ONU para los Refugiados) y con Migración, para que pudiesen entrar al país. Era algo mínimo, pero a raíz del sábado pasado esto se nos convirtió en una migración de masas, estamos hablando de que ya están viviendo bloques completos de militares”, señala.

El padre Sergio ha activado en Cúcuta a toda una red de feligreses y voluntarios que donan comida, ropa y utensilios para el grupo que él atiende, uno de los muchos distribuidos en diferentes zonas de la ciudad. “Es una red de cooperantes a nivel de ayuda humanitaria, uno, como líder de una comunidad religiosa, es mucho más fácil tocar la puerta de los fieles benefactores, ellos son los que más se han dedicado a buscarles ropa, buscarle medicinas, buscar alimentación, ropa interior incluso, útiles de aseo, jabón, todo ello lo está dando la comunidad en este momento. En este lugar, hasta el momento, de Naciones Unidas solo han entregado unas colchonetas, pero en los otros lugares sí han dado otras ayudas. La idea es seguir colaborando”, sostiene.

“Les están entregando un salvoconducto para transitar por la ciudad donde se encuentren, pero, lastimosamente, no pueden trabajar formalmente porque esto no es un permiso de trabajo sino de tránsito. En Cúcuta no estamos preparados, por toda la emergencia que estamos viviendo. Hay militares que han pasado, pero por el miedo y la desinformación están en situación de calle, es algo muy delicado, pero ya hemos notificado a las autoridades”, agrega.

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“Quiero libertad para mí y para todos los venezolanos, para todos mis compañeros de guardia... que lo piensen y que decidan por un camino de futuro, de paz, de armonía y de libertad”, decía otro de los militares que escapó de Venezuela.

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