A causa de los software de generación de imágenes, dibujantes, pintores, diseñadores, entre otros profesionales, temen enfrentarse a la mecanización de su trabajo. El más reciente Festival Internacional de Cine de Cartagena puso el debate sobre la mesa en ese sentido, puesto que los afiches promocionales del evento fueron creados a través del programa de inteligencia artificial Craiyon.
El comité del festival se defendió de las críticas en un comunicado donde explicaba que su decisión iba de la mano con la temática central de este año, pero los comentarios de muchos artistas en la web expresaron su temor ante lo que veían como la antesala de un futuro posible.
¿Cómo funcionan estos programas?
En su versión más común, el modelo de software utilizado es el de redes neurales, lo cual significa que es un algoritmo capaz de aprender tanto de la información que le den como de sus propios errores. En el caso de los generadores de imágenes (o de texto), se alimenta al programa con un banco de imágenes ya realizadas al cual se le ha asignado una serie de valores expresados a través de códigos y texto, como “óleo”, “pinceladas suaves”, “nieve” o “gato”, entre otros.
La máquina se “entrena” transformando la información en ruido (colores y formas ‘sin ton ni son’) y reconstruyendo después la imagen original. El proceso se repite millones de veces hasta que el programa es capaz de “crear” imágenes nuevas a partir de ruido (el equivalente a la hoja en blanco) según se le pidan a través de comandos textuales. Le puede interesar: Polémica ronda al Ficci por su afiche hecho con inteligencia artificial.
Comienzos
Los intentos por hacer arte automatizado a partir de computadoras se remontan al filósofo, físico y matemático alemán Max Bense, quien a finales de los años 50 planteó una teoría computacional y matemática de la estética que buscaba crear un arte “despolitizado” y “objetivo” y que, según él, no pudiera ser apropiado por movimientos como el Partido Nazi. Más tarde, hacia mediados de los 60, dos de los investigadores de su laboratorio, Frieder Nake y George Nees, se encargaron de crear el primer algoritmo que respondiera a dicha filosofía.
El resultado fueron piezas simples compuestas por figuras geométricas en varias distribuciones. Más tarde, Harold Cohen desarrolló AARON, una máquina que ya producía obras de colores variados y figuras humanas muy abstraídas.
Preocupaciones
El panorama siguió evolucionando hasta lo que tenemos hoy día. ¿Qué tan poderosos son estos algoritmos? Una anécdota ilustra la velocidad con la que avanzan: hasta hace pocas semanas, era muy fácil reconocer un dibujo generado por computadora gracias a que la mayoría producían manos deformes o imposibles; a la fecha, ese detalle ya no sirve, porque ya “saben dibujar” manos. Es en esta capacidad de aprendizaje, en los derechos de autor y en la posibilidad de suplantación que reside el miedo y la desconfianza de muchos artistas frente a esta tecnología.
En primer lugar, muchos de estos servicios no son transparentes a la hora de revelar sus bancos de datos de imágenes. En segundo, ninguno de ellos consulta con los creadores de las imágenes utilizadas para entrenar a la máquina. Como consecuencia, ninguno de los artistas originales recibe crédito ni compensación económica de ningún tipo. Es por esto que varios de ellos ven a estos programas, y a las compañías que los crean, como ladrones que se aprovechan de su trabajo.
Por último están casos como lo ocurrido en el Ficci: muchos temen que todos, desde las compañías hasta los clientes potenciales, estandaricen el uso de estos programas en lugar de contratar artistas, quienes ya sienten que el mercado es precario y falto de oportunidades. Puede leer: Prohíben Inteligencia Artificial ChatGPT en Italia: estas fueron las razones.
