Toya Montoya le da una mano a la Sierra Nevada de Santa Marta

14 de marzo de 2019 05:33 PM

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Con una carrera exitosa en las pasarelas y siendo el rostro de innumerables campañas publicitarias, María Victoria ‘La Toya’ Montoya decidió dejar todo de lado y volver a sus raíces, a su tierra, para retomar ese curso natural de la vida que hoy le imprime total felicidad.

Creció en su natal Santa Marta, al pie del mar, disfrutando de todo aquello que no tenía un valor tangible, pero que al partir, el precio que se debía pagar era muy alto. La modelo decidió ahora emprender un nuevo rumbo y allí está haciendo más por ella y por quiénes necesitan de su vocería.

La decisión está tomada. Estuvo cerca de 18 años trabajando como modelo y a su modo de ver, es un claro indicativo de que existen ciclos que se deben cerrar de la mejor manera, por eso aprovechó Colombiamoda 2018 para despedirse y ante todo dar las gracias.

Estaba justamente en el pico de su carrera, que pudo ser mucho más extensa si seguía, pero cree que esa parte de su vida ya no le llenaba lo suficiente y como es del pensar que lo que no se hace con pasión es mejor dejarlo de lado, optó por el buen retiro.

En ese proceso se dio el retorno a Santa Marta y allí está esa labor que indiscutiblemente le apasiona. Su Fundación “Sonrisas con futuro” la requería con urgencia, allí trabaja con sus amigos samarios Lina Gómez, Elvis Reyes y Marlon Gutiérrez, apoyando niños de escasos recursos, sin embargo, hace cinco años también se preocupan por el bienestar de las comunidades indígenas de la Sierra Nevada.

La Toya no se entra con rodeos, va directo y muestra su preocupación por la situación de abandono que se evidencia en este territorio, es así como desde su Fundación han centrado el trabajo en una comunidad arhuaca asentada en las faldas de la Sierra que se llama Katanzama, adelantando el proyecto de construcción de un colegio y mejoramiento de la estructura del existente.

Una misión urgente

Lo anterior es trabajo diario, no desfallecen en la búsqueda de una mejor calidad de vida para este pueblo y todas las comunidades que en ese lugar han permanecido por siglos. La Toya Montoya es incansable en esta labor y así también se ha unido a su gran amiga Giselle Lacouture, ex reina del Carnaval de Barranquilla, para crear una alianza con la aplicación Rappi S.A.S. y la Organización Gonawindua Tayrona, encargada de agrupar a las cuatro etnias de la Sierra, para el recaudo de donaciones.

Lo anterior cuenta La Toya, obedece al desastre ambiental que recientemente golpeó a esta zona y que fue muy poco divulgado, pero que a ella y a sus amigos conmovió, pues es de tener en cuenta que lo que sucede en la Sierra Nevada de Santa Marta, indirectamente afecta a todos.

El incendio que consumió más de mil hectáreas del ecosistema montañoso y arrasó dos pueblos indígenas, no fue de total conocimiento fuera de ese territorio, por lo que las ayudas han tardado en llegar y la tragedia se dimensionó ante la pérdida irreparable que sufrieron las comunidades.

La iniciativa que tiene como misión recolectar ayuda, facilita la suma de muchas personas a la campaña que busca la reconstrucción de los pueblos, centros ceremoniales, cultivos, centros de salud, lo cual se ha consolidado no sólo como una pérdida material, sino espiritual.

La Toya Montoya advierte que se debe entender un poco más la cosmovisión de estas etnias y la manera como se relacionan con la naturaleza, además de razonar sobre lo que ocurre allá porque nos va a afectar igualmente a todos; y ellos, que son los guardianes espirituales y materiales del lugar, están muy males.

De otra parte, agrega con absoluta certeza que si las comunidades indígenas Kogi, Wiwa, Arhuaco y Kankuamos, no existieran en la Sierra Nevada, ese lugar tampoco existiría, pues son los guardianes naturales, pero de la misma manera requieren de la ayuda externa, por eso el llamado y la mejor manera de aportar por medio de una aplicación que se ha tomado la cotidianidad de muchos.

“Estas comunidades indígenas consideran que la Sierra Nevada es el corazón del mundo, por lo que si este espacio está afectado, la situación no es alentadora y en menor o mayor medida afectará a todos”, agrega la ex modelo.

Una grata conexión

A la Sierra Nevada se le mira siempre como un lugar para hacer turismo de aventura, para La Toya Montoya significa una conexión permanente con sus recuerdos, su infancia y hasta la familia, también un profundo respeto por la naturaleza y el deseo inmenso por ayudar.

Siempre ha admirado la labor de las comunidades indígenas allí asentadas, entonces piensa que la mejor manera de retribuir a la Madre Tierra todo lo que le ha dado es en ayuda a esta gente, porque con estos espacios se hace más viable la vida y lo que se le va a dejar a las futuras generaciones.

Regresar a Santa Marta le ha significado el reencuentro con muchas cosas maravillosas y otras no tanto, como lo que está ocurriendo con el abandono de la Sierra Nevada; aún así siente que su ciudad está creciendo y abriéndose al turismo, aunque con un poco de descontrol, entonces su llamado es simplemente a ser coherentes con lo que se siente, se piensa y lo que se dice, entendiendo que la naturaleza merece respeto.

En medio de este clamor también invita a cambiar un poco los consumos y la relación con eso que se consume, apoyar a las comunidades que están relegadas en la montaña, pues allí quedaron pueblos arrasados y por tanto es deber de todos darle una mano a la Sierra.

La Toya tiene una relación muy estrecha con la comunidad Arhuaca, ubicada en la salida al mar, entre los ríos Don Diego y Palomino y actualmente trabaja con la organización Gonawindua Tayrona que está muy ligada con la comunidad Kogi. De otra parte ha tenido la oportunidad de visitar distintos asentamientos ubicados en el lado del Cesar, Guajira y Magdalena.

El compromiso de La Toya Montoya va de la mano con los líderes, por eso cada vez más está metida en el territorio, conectada con las personas que hacen cosas por y para la Sierra y en ese sentido estar en Santa Marta la mantiene más cerca de su misión.

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