Cartagena


4 historias que demuestran que la solidaridad cambia vidas

Estas son solo cuatro entre las tantas historias que hemos publicado y a través de las cuales, gracias a nuestros lectores, transformamos vidas.

LAURA ANAYA GARRIDO

01 de mayo de 2021 12:00 AM

Gracias es una palabra inmensa, pero no alcanza para expresar el sentimiento que desborda el corazón de Julia Rosa Velasco hacia Cartagena. Es que ella y su familia han sido testigos de esa solidaridad que abraza, que arropa y que protege, esa que cambian vidas.

Y es que ese cambio comenzó a gestarse el 20 de noviembre de 2020, bajo el titular “Con discapacidades y en riesgo de quedar sin techo en Cartagena”. Con la firma del periodista Néstor Castellar Acosta, la página 5 de El Universal exponía el tremendo drama que protagonizaban Julia, su hija de ocho años (que sufre de parálisis cerebral) y su madre de 81 (padece alzhéimer): las tres vivían en una casa del barrio El Conquistador, a escasos pasos de un barranco de más de 10 metros de altura y a unos cuantos aguaceros de una desgracia.

Julia, que estudió algunos semestres de Derecho, instauró en 2016 una tutela contra la Alcaldía de Cartagena, Corvivienda y la Presidencia de la República para que le garantizaran una vivienda a su hija, pero un juez la declaró improcedente; apeló, pero volvieron a resolver en su contra. Luego puso una demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, aún no ha recibido respuesta, pero un día, luego que un vecino le mostrara a la prensa como una solución, la masajista decidió acudir a El Universal.

Al día siguiente de la publicación, había personal de Corvivienda en su casa y horas después estaban organizando su mudanza. Además, recibió incontables llamadas de personas que le regalaron mercados y dinero con el que compró una estufa, una lavadora y tantas cosas que necesitó para su nueva vida. “Quedé impresionada por tanta solidaridad y estoy muy, muy, agradecida con El Universal y Corvivienda. Te digo que esto ha sido una bendición muy grande. Ahora, en Flor del Campo (donde la reubicaron mientras le entregan su casa), vivimos en un primer piso y a mi hija le ha cambiado la vida: ahora podemos sacar a pasearla, porque acá no hay lomas; tiene amigas que vienen a jugar con ella, he visto que ha avanzado mucho”. Le pedí que cerrara su historia con un mensaje para quienes le tendieron la mano aun en medio de la pandemia... “Estoy inmensamente agradecida por la forma en que sus corazones se movieron para ayudar, cambiaron mi vida del cielo a la tierra”. (Le puede interesar: Julia, su hija y su madre ya fueron reubicadas)

La historia continúa

Ni el cáncer de tiroides que padece le ha quitado a Adriana Johana Aranguren Piñango las ganas de agradecer a todas las personas que le han ayudado. Ella, una venezolana de 32 años que necesita atención urgente, acudió a El Universal a través de una carta escrita a mano y con el dolor de una mamá que no quiere morir antes de regresar a Venezuela a abrazar y terminar de criar a dos niños pequeños.

Publicamos la historia de Adriana el 18 de abril de 2021 con el título “La venezolana que tiene cáncer y vive en un local de Bazurto” y la solidaridad de nuestros lectores no se hizo esperar: ha recibido desde mercados, hasta los complejos exámenes que requería por su delicada condición médica y un especialista se comprometió a operarla, Migración Colombia aceleró un trámite para que por fin el Departamento Administrativo Distrital de Salud (Dadis) la afiliara a una Eps. Adriana, su esposo Luis y su hermano Efrén esperan que asignen pronto la fecha y hora para la operación; mientras tanto, ella ahora vive en una casa en El Prado y no en el local del mercado de Bazurto donde pasaba sus días cuando publicamos la crónica inicial.

“Quiero darles las gracias a todas las personas que nos han ayudado, que Dios les multiplique en vida y salud”, dice Efrén y como sabemos que su solidaridad no tiene límites y los Aranguren aún necesitan ayuda, les contamos que él está buscando trabajo en oficios varios o en lo que pueda, pues últimamente no ha podido vender los almuerzos con los que su familia se sostenía en Bazurto. Él sigue viviendo allí, en condiciones precarias, pero no deja de luchar porque sabe que después de la cirugía, Adriana necesitará de medicinas y otros cuidados que implican dinero.

Si usted quiere ayudar a Efrén con un trabajo o a Adriana con algo más, comuníquese al celular 322 6567969.

4 historias que demuestran que la solidaridad cambia vidas

Un grupo de personas se unió para entregar ayudas a los Blancos.//Foto: Cortesía.

¡Gracias totales!

“Fortaleza. Si hablamos de fortaleza, Julio Blancos Moreno la lleva bien puesta en unas piernas enclenques que tiemblan, pero que no dejan de caminar. En una espalda que duele, pero no para de agacharse a recoger botellas plásticas. En una mente malograda por un aparente alzhéimer incipiente que podría perderlo cualquier día de estos en las maltrechas calles de El Pozón, pero que no se da por vencida, porque todos los días, a sus 78 años, sale a caminar o, más bien, a trabajar”.

Con ese primer párrafo, el 14 de febrero del 2021, el periodista Cristian Agámez Pájaro le contaba a Cartagena la tragedia de los Blancos... “La historia de una familia que apenas sobrevive en El Pozón” y conformada por Julio, su hija Carmen Julia Blancos Piña (una poliomielitis la confinó a una silla de ruedas de por vida) y Denis Montes Rivera, esposa de Julio y madrastra de Carmen, quien sufre una afección pulmonar por la que requiere estar conectada a una máquina de oxígeno la mayor parte del tiempo. El poco dinero que conseguía Julio en sus caminatas no alcanzaba para pagar el arriendo de la casa en la que vivían en el sector Nuevo Horizonte, así que la arrendataria los amenazaba con cortarles las luz -lo que sería fatal para Denis- y los echó en plena pandemia. Ellos tuvieron que mudarse a otra vivienda. Tras conocer su historia, nuestros lectores no desamparan a los Blancos: siguen recibiendo mercados, les han prometido una nevera y organizaron un grupo de WhatsApp para coordinar ayudas. Fueron visitados por Corvivienda para ser incluidos en el programa de Asignación de Vivienda de Interés Social para población discapacitada y esperan que el Estado les provea su casa.

“Realmente estamos muy, muy, agradecidos con todas esas personas que se ha solidarizado con nosotros. Les damos mil y mil gracias”, ha dicho Carmen Julia. “Hemos recibido muchas ayudas, una parte nos ha traído alimentos; otra, dinero, televisor, abanico, una sanduchera, dos sillas (...) Una muchacha me llamó también y se interesó en ayudar a ponerme una venta de minutos. Me puso una venta de minutos y estoy muy agradecida por eso”, ha contado alegre. (Lea aquí: Corazones solidarios con la familia Blancos de El Pozón)

4 historias que demuestran que la solidaridad cambia vidas

¡Final feliz!

“Fue un proceso tremendísimo, una película con un final feliz”. Así define una vocera de la Fundación Sembrando Sonrisas para el Mañana el proceso de Yohander Alvarado Hurtado: es venezolano, tiene 12 años y desde los 2 le diagnosticaron cáncer en el ojo izquierdo. Las cosas parecían haber mejorado tras un implante ocular, pero luego de su migración a Colombia, el niño volvió a padecer: su ojo no paraba de botar secreciones y pronto comenzó a necesitar atención médica, porque debía cambiarse la prótesis: era un problema por los bajos recursos de sus padres, quienes son vendedores ambulantes.

El 11 de agosto de 2020, bajo el título de “Niño venezolano necesita atención médica urgente” y la firma de Wendy Chimá Pájaro, comenzó a gestarse el cambio.

“Estamos muy agradecidos por la ayuda de la Fundación Sembrando Sonrisas para el Mañana, con El Universal por hacer visible esta situación de mi hijo y con la señora Lila Lequerica, quien ha estado al tanto de todo este proceso”, ha dicho Yorfeli Hurtado, la mamá, entre de lágrimas, tras la cirugía que una de nuestros lectores gestionó gratis. (Lea aquí: Menor venezolano ya está recibiendo atención médica)

“Ya no me duele la cabeza ni tengo tantas lagañas como antes, ahora, con esta operación que me hicieron, me siento muy bien”, decía el niño, para quien aún piden ayuda, pues padece de obesidad y requiere de la asesoría de un nutricionista, así como asistir a un gimnasio para bajar de peso.

Si usted quiere ayudar a esta familia con algún trabajo u otra ayuda, comuníquese al 3012339497 de la Fundación Sembrando Sonrisas.

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