Cartagena Insular: Tierrabomba, una isla que se siente invisible

02 de marzo de 2020 12:00 AM

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La connotación de isla del territorio de Tierrabomba, conformado por cuatro corregimientos: Tierrabomba, Punta Arena, Caño del Oro y Bocachica, al parecer le ha sido contraproducente a la gran mayoría de sus habitantes, pues más allá de separarlos geográficamente de la zona urbana de Cartagena, les ha aislado de la atención de los entes gubernamentales, que según ellos, han dejado en el abandono a la zona rural.

Los resultados que arrojó el informe de calidad de vida de Cartagena Cómo Vamos (CCV) sobre esta población parece confirmarlo. Tan sólo el indicador de pobreza y miseria resulta alarmante: 96.7%. En este sentido, casi todos los habitantes de estas comunidades viven con necesidades básicas insatisfechas, es decir, en viviendas inadecuadas, sin los servicios públicos mínimos, en condiciones de hacinamiento, con alta dependencia económica o niños en edad escolar que no asisten al colegio.

En este misma medida, la miseria tampoco da tregua. Pues de la población pobre, el 53.6%, se encuentra en este deplorable estado.

La semana pasada El Universal reveló los datos correspondientes a la península de Barú, donde la situación no es menos preocupante. En esta oportunidad, le presentamos los datos relacionados a la isla de Tierrabomba y a sus cuatro corregimientos.

(Le recomendamos: Cartagena Insular: así es vivir en la península de Barú)

I. ‘El que no tiene plata, se muere’

Acercarse a un puesto de salud en Tierrabomba, Punta Arena, Caño del Oro o Bocachica es un punto común: absolutamente en todas las poblaciones la atención funciona en una casa alquilada, que bien puede ser confundida con una residencia cualquiera.

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Este es el puesto de salud de Bocachica.

En ninguno hay médico permanente. Sólo atienden consulta externa un par de días a la semana. Las urgencias son en Cartagena, pero no hay ambulancia acuática para trasladar a los enfermos. “Aquí el que no tiene plata se muere”, dice un usuario en Bocachica, que agrega que a veces cuando ocurre una emergencia, quieren cobrar hasta 100 mil pesos por llevarlos en lancha a Cartagena.

En estos corregimientos, la negligencia del Distrito y del Estado en general ante estas situaciones ya es algo natural.

En el caso de Bocachica, frente al mismo puesto de salud, tienen la más vívida prueba de la corrupción que se ha carcomido las inversiones en el pueblo.

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La construcción del nuevo puesto de salud está paralizada.

Se trata de la eterna remodelación del centro de salud inicial, el cual según los habitantes lleva más de cuatro años en estado de abandono. “Esto fue lo que nos dejaron”, dicen con desgano.

Por si fuera poco, esta situación se repite en otros corregimientos, donde se han cansado de escuchar promesas que al final siempre quedan a medias.

En Punta Arena también demolieron el puesto de salud para construir otro. Y en Tierrabomba, donde ya llevan tres centros médicos por cuenta de la erosión costera que ha ido desplazando al pueblo, no han hecho las gestiones pertinentes para crear un centro asistencial de mejores características.

En este corregimiento, ha sido el consejo comunitario el que ha emprendido acciones para tratar de llamar la atención del Distrito, pero afirman que sus peticiones no han sido atendidas.

“Tenemos ya el lote donde se tiene pensado hacer una policlínica, pero no ha habido voluntad política del estado distrital, ni mucho menos departamental para gestionar su construcción”, aseguró Gilberto Córdoba, representante de la Asociación de los Usuarios de la Salud de Tierrabomba (Asodeus).

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Este es el lote donde quieren que se construya la policlínica de Tierrabomba.

II. ‘Se vive como pobre, se gasta como rico’

A pesar de la baja calidad de vida, igual que en la península de Barú, el costo de vivir en alguno de estos territorios es excesivamente alto, partiendo de la carencia del servicio de agua.

Si bien se ha hablado en numerosas ocasiones del proyecto del acueducto de Tierrabomba, hoy todos los corregimientos tienen que abastecerse de agua mediante la compra de pimpinas, que a la larga, no les resultan económicamente sostenibles, ya que tan sólo una puede costar entre $600 hasta incluso $2000 pesos, siendo entre cinco y diez las que compran diariamente.

$136.304 millones costaría el acueducto de Tierrabomba según Aguas de Cartagena.
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De la misma forma el desorden en los itinerarios de lanchas y motos que prestan el servicio de movilidad dentro de la isla y hacia Cartagena, hacen que los costos del transporte se eleven.

III. ‘Con las uñas pero se trabaja’

El déficit en la cobertura de servicios públicos como el agua, el alcantarillado y el gas naturalmente han afectado las condiciones de habitabilidad de los residentes. Sin embargo uno de los impactos más negativos de esta deficiencia es la repercusión que tiene en los resultados de calidad educativa de las instituciones de la zona insular, que se encuentran todas en categoría “D”, la de más bajo desempeño.

“El ambiente climático acá en la isla se incrementa más por los efectos del calentamiento global, el calor acá nos agobia más y llega un momento en que los estudiantes por más que quieran estar atentos se les hace difícil por las condiciones”, afirma Deivinson Villa, profesor de matemáticas de la Institución Educativa Domingo Benkos Biohó de Bocachica.

Esto sumado a que frecuentemente se va la luz, lo que hace que las condiciones en los salones, en los que además hay hacinamiento, sean insoportables para los estudiantes.

A su vez, la intermitencia del servicio de energía perjudica la conectividad y los servicios de internet en las instituciones, lo que pone a los chicos en desventaja frente a los de la zona urbana, ya que no tienen el mismo acceso a la información. Además, según el docente, la dotación de libros hacia el colegio, también escasea, por lo que en general a los estudiantes se les dificulta el aprendizaje.

El caso es más crítico en la I.E de Tierrabomba, donde la situación ha llegado a un punto en que los estudiantes deben dar clases en los patios porque no hay luz desde noviembre.

Según Denis Franco, coordinadora de la institución, a pesar de que aún no lleva ni un año en el cargo, han sido incontables las carencias que ha identificado en la isla que perjudican el óptimo aprendizaje de los jóvenes. “Este es un lugar donde los niños no tienen espacio para recrearse, van al descanso en la calle. A veces toca mandarlos a su casa para que vayan al baño porque aquí el agua no da abasto”, afirma.

Sin embargo, y a pesar de la pésima infraestructura que igualmente tienen los cuatro bloques del colegio, asegura que los chicos están motivados. “Logramos trabajar lo necesario, con las uñas pero se trabaja”, dice.

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La infraestructura del colegio de Tierrabomba se ha visto deteriorada por la salinidad.

IV. ‘No hay espacio para recrearse’

Puede resultar paradójico que en un sitio donde prima la llegada masiva de visitantes en busca de esparcimiento a orillas de las playas, sean los nativos quienes no encuentran espacios óptimos para recrearse, si bien aún así hallan la manera de divertirse.

Las canchas no son más que espacios abiertos de tierra y polvo donde jugar en pleno mediodía, resulta, en palabras de los mismos habitantes “infrahumano”.

En Bocachica, por ejemplo practican deportes como softbol, fútbol y béisbol en un potrero. “Escenario deportivo no tenemos. Nosotros recogemos el estiércol para poder practicar en ese pedacito de tierra”, afirma Alejandro Vásquez, organizador de deportes de este corregimiento.

La historia se repite exactamente igual en las demás poblaciones, donde los jóvenes ya parecen haberse acostumbrado a jugar a pie descalzos bajo el inclemente sol y la arena ardiente.

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Esta es la cancha de Punta Arena, según los nativos, el espacio se ha visto amenazado por invasiones de negocios y restaurantes.

V. Epílogo: ‘Aquí ha venido todo el mundo y nada’

Aún cinco meses después de darse las elecciones regionales, al ingresar a Tierrabomba, Punta Arena, Caño del Oro o Bocachica, aún son visibles los afiches de candidatos políticos pegados a las viviendas, que en su mayoría, se encuentran en un avanzado estado de deterioro.

De hecho, siguiendo con los resultados que reveló el informe de CCV, es en Bocachica donde se encuentra el mayor número de viviendas en condiciones inadecuadas (37.9), siendo estas en su gran mayoría de paredes precarias (hechas en material de desecho) y pisos de tierra.

“Aquí ha venido todo el mundo, pero nada que nos solucionan”, dice Gilberto Córdoba de Tierrabomba, que incluso rememoró la visita en diciembre pasado de la exministra del Interior Nancy Patricia Gutiérrez que aquel entonces prometió una serie de proyectos para la isla en los que muchos desde ya muestran pesimismo en que realmente sean ejecutados.

Según Amaury Vásquez, rector de la I.E San José de Caño del Oro, población que entre otras cosas concentra el mayor número de habitantes en condición de pobreza (98.8%), lo que debe hacer el Distrito es voltear la mirada hacia estas comunidades que necesitan urgentemente ser intervenidas.

“Las necesidades básicas insatisfechas aquí son impresionantes. Estas son comunidades abandonadas”, asegura.

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